martes, 15 de noviembre de 2011

MARX ANARQUISTA por Maximilien Rubel & Louis Janover - clic aquí

El título del presente libro no es ninguna provocación. La concepción marxiana del poder y del Estado a
extinguir como objetivo final del proceso emancipador del proletariado, obliga a considerar a Marx como
teórico del anarquismo. Sólo una polémica vacía de contenido sobre el Marx partidario del comunismo de
Estado, y, sobre todo, el gran equívoco que es el marxismo, ideología dominante del siglo XX, han podido
convertir al crítico del Estado –“el Estado y la esclavitud son inseparables” escribía Marx en 1844- en aval del
mayor Estado, la Rusia llamada soviética, y al crítico del totalitarismo en cualquiera de sus formas
(bonapartismo, prusianismo, y zarismo), en ideólogo de los regimenes y partidos más totalitarios.
El libro que ahora reeditamos, escrito en 1977 por Maximilien Rubel y Louis Janover, rastrea desde los
primeros escritos de Marx de los años 1840 y 1850, hasta los de su actividad durante los ocho años de la AIT
(de su fundación en 1864 a su disolución en el Congreso de la Haya en 1872), para ver dónde arraiga en Marx
su posicionamiento anarquista, y para arrojar luz sobre una polémica alimentada por una ambigüedad original,
la que se deriva de la posición de Marx respecto a la lucha a llevar a cabo por los trabajadores en vistas a su
emancipación. Se trata del conflicto entre los fines y los medios de la lucha emancipadora del proletariado. Si
es diáfana su crítica del poder político y del Estado, es también clara su posición en pro de la acción política
como medio de conseguir la abolición del Estado. Antes de la abolición del poder político Marx contempla la
etapa de la conquista de este mismo poder: la constitución del proletariado en clase dominante. De todas
formas, esta ambigüedad originaria (la abolición del poder político y la conquista de este poder) no empaña lo
diáfano del objetivo a conseguir.
En 1864, vista la derrota de la clase obrera en las revoluciones de 1848, la conquista del poder político
aparece para Marx y para todos los fundadores de la Internacional como el principal deber de la clase obrera,
y así queda reflejado en los estatutos de la AIT. En 1868, Bakunin funda la Alianza de la democracia socialista
que se adhiere a la Internacional como secciones de la AIT, ya que su adhesión como tal Alianza, con programa
y estatutos, había sido rechazada por el Consejo General (Marx era su portavoz oficioso). Empieza una
polémica que no acabará hasta la destrucción de la Internacional. Marx y Bakunin coinciden sobre las
cuestiones de principio: el objetivo de la lucha de la clase obrera es la destrucción del capital y del Estado; la
emancipación económica de la clase obrera es el objetivo al que debe subordinarse todo el movimiento político
como simple medio. Se oponen sobre el método a seguir. Para los partidarios del Consejo General, llamados los
políticos, es preciso conquistar la democracia política como medio de abolir la política. Para los Aliancistas,
llamados anti-políticos, son las asociaciones obreras, desde abajo, el medio para liquidar el poder político. La
polémica no abordada y las cuestiones personales acabarán con la Internacional.
Siglo y medio después ¿tiene interés reeditar este texto? Cuando se editó por primera vez, en los años 1970,
estas cuestiones sobre los fines y los medios del movimiento social hacia su emancipación, corrían, formuladas
de otra forma a tenor de las luchas en curso, por entre el movimiento asambleario en barrios, fábricas,
universidades, prisiones. Años en los que bullían ideas en las cabezas aún redondas (tenemos las ideas
redondas para que las ideas circulen, decía Picabia). Con la cuadratura del círculo (¿podría designarse así el
mundo al revés que soportamos, donde cada palabra significa su contrario, donde el lugar de la verdad lo
ocupa la mentira generalizada, donde se confía erradicar la pobreza a los que la generan, donde se confunde el
progreso con el progreso de la destrucción…?) ¿queda hoy espacio para plantear estas cuestiones en su forma
pertinente vistos los cambios operados en este siglo y medio? ¿Pensar el fin del capitalismo y del Estado? Viejas
cuestiones quizás más nuevas que las que llenan las páginas del último periódico.

(Las citas de los libros a que se refieren los autores las dejamos tal y como ellos las citan según los respectivos
originales.)

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