Escándalo en Calcuta, de Partha Chaterjee. Traducción de Morena Goñi



Partha Chatterjee; The Black Hole of Empire. History of a Global Practice of Power; Princeton University Press, 2012.

 
CAPITULO UNO
Escándalo en Calcuta
Traducción de Morena Goñi - UNR
Junio de 2017
LA MITICA HISTORIA del Imperio Británico en Oriente comienza en un agujero negro. En la historia evolutiva de las estrellas, el agujero negro es una constructo teórico. Los científicos cuentan que la mayoría de las propiedades de los agujeros negros no pueden observarse directamente. Cuando el núcleo de una estrella se enfría, contrae y colapsa en un agujero negro, el espacio-tiempo a su alrededor se curva tan fuertemente que no hay fugas de luz aunque sean eyectadas y todos los vestigios de la implosión desaparecen. Un observador externo no podría asociar los sucesos internos a una noción de tiempo familiar, y por lo tanto, en ausencia de una equivalencia cronológica, es imposible que se produzca alguna comunicación con un observador interno, en caso de que hubiera uno. Los científicos, por supuesto, infieren la existencia de agujeros negros por la observación de los discos de polvo o gas caliente cercanos a los núcleos de las estrellas, pero de hecho, ningún agujero negro ha sido observado hasta el momento.
El Agujero Negro de Calcuta tiene un estatus similar en la historia de los imperios modernos. ¿Dónde estaba localizado exactamente, y que paso en él? ¿Cómo hacemos para conocer el lugar o sus acontecimientos? Para contestar estos interrogantes, deberemos excavar varias capas de narrativa y creencias que yacen enterradas debajo del edificio postimperial de la comunidad mundial de las naciones que actualmente está en boga.

LOS VIAJES DE UN MONUMENTO   
El predio Dalhousie es el corazón del distrito administrativo de Calcuta, una ciudad cuyo nombre fue anunciado actualmente de manera oficial, de acuerdo con el dialecto Bengalí, Kolkata. Como tantos otros mojones coloniales en la ciudad, el predio Dalhousie también fue rebautizado en la década de 1960. El nuevo nombre es mayormente usado como un acrónimo en autobuses y señales de tránsito: Bi-ba-di Bag. En Bengalí, pareciera que el lugar fue denominado así luego de una disputa legal. Pero en su forma amplia, su nombre es Binay-Badal-Dinesh Bag, que rememora a tres jóvenes osados que en un día de invierno de 1930, caminaron hacia los Writers’ Buildings y mataron al Teniente Coronel Norman Skinner Simpson, inspector general de prisiones, mientras estaba sentado en el escritorio de su oficina. La gran estructura de ladrillos rojos de los Writers’ Buildings ocupa y domina la zona norte del predio, proyectando un vasto reflejo carmesí sobre la reluciente superficie de la laguna del centro. Los principales ministerios de la gobernación provincial aún están emplazados en los Writers’ Buildings, tal como sucedía en los tiempos en que los británicos gobernaban la India. En la zona oeste del predio se erige uno de los edificios más distintivos de la Calcuta colonial –La Oficina General de Correo- construido en estilo clásico con columnas corintias y una cúpula renacentista. En un día laboral, el bullicio alrededor del lugar es abrumador, con cientos de personas precipitándose sobre el tramo semicircular de escaleras de mármol blanco que conducen a un elegante hall abovedado, rodeado por docenas de mostradores. En la calle, a lo largo de la reja de hierro del correo, hay una innumerable cantidad de vendedores ofreciendo la más disparatada gama de productos que uno pueda imaginar, desde comida hasta sobres, y de lapiceras a billetes de lotería. Cientos de autobuses y minibuses transitan el correo, dentro y fuera del Bi-ba-di Bag, tocando bocina frenéticamente y despidiendo gases nocivos. Aquí nadie tiene la más mínima sospecha de que la ciudad no siempre fue así. ¿Cómo puede alguien imaginar una Calcuta sin el predio Dalhousie y el Correo?
Un visitante atento, sin embargo, tal vez note una pequeña placa en lo alto del muro oeste del Correo. Ésta proclama, de manera algo críptica: “Las líneas de metal sobre los escalones adyacentes y en la calle, marcan la posición y extensión de parte del bastión sudeste del antiguo Fuerte William, ubicado a 95 pies de esta pared”. Las líneas de metal son difíciles de hallar, pero a lo largo de uno de los escalones más bajos hay una tira que parece ser una senda de hierro forjado que se extiende algunas yardas en dirección sur y luego se corta abruptamente. No hay ningún indicio adicional acerca del misterio de la pared del fuerte.
Justo al norte del correo hay otro edificio público de ladrillos rojos conocido como la Recaudadora de Calcuta, y más al norte, llegando a la esquina del Fairlie, hay una gran estructura decimonónica, la sede del Ferrocarril Este. Algo incongruente, un edificio de la década del 60 se erige en el medio, albergando las oficinas de Calcuta del Banco de Reservas de la India. Toda la sección norte y oeste del predio Dalhousie tiene una inconfundible impronta victoriana, una riqueza estética que está groseramente estropeada, según los puristas, por la monumental banalidad del Banco de Reservas. Alguna vez hubo un edificio del SXIX no tan grandilocuente en aquel lugar, pero fue demolido en los años 60. Solía ser la Aduana.
La calle que parte desde el predio del Correo hacia el oeste, conduce al río Hugli. Esto es el Koila Ghat, literalmente “Muelle de carbón”. Se dice que el nombre es la degeneración de Killa Ghat, que asociaría al lugar con el fuerte. Hacia el sur del predio Dalhousie se encuentra la calle Council House, que pasa por el jardín de la Iglesia St. John, construida en 1787 y utilizada hasta 1847 como la catedral anglicana de la ciudad. Antes de su reciente renovación, estuvo durante muchos años en mal estado de conservación. El campo santo contiene alguna de las más antiguas arquitecturas funerarias de la Calcuta británica, incluyendo el mausoleo



Figura 1. Monumento Holwell en la Iglesia del Santo John. Foto: Abhijit Bhattacharya



de Job Charnock, quien fundó el primer asentamiento Sutanuti, y la tumba del Vice Almirante Charles Watson, que junto a Robert Clive (1725-74), encabezó la reconquista británica del Fuerte William en 1757. Ambas estructuras se distinguen por su estilo islámico, señal de que en aquella época los artesanos locales no estaban entrenados para construir acorde al diseño europeo. Aunque más interesante para el presente propósito, es un monumento erigido cerca de la pared oeste del cementerio, rodeado de arbustos crecidos y pilas de basura.
Es un obelisco de mármol blanco de base octogonal, con placas inscritas en seis de sus lados y frisos florales en sus otros dos. La leyenda principal dice lo siguiente:

Este monumento
Fue erigido por
Lord Curzon, Virrey y Gobernador General de La India,
En el año 1902,
Sobre el sitio
Y como reproducción del diseño
Del monumento original
A la memoria de 123 personas
Que perecieron en la prisión Agujero Negro
Del Antiguo Fuerte William
En la noche del 20 de junio de 1756
El monumento original fue levantado por
Su compañero sobreviviente
J.Z. Holwell, Gobernador del Fuerte William,
En el lugar en que los cuerpos de los muertos
Habían sido arrojados dentro de la zanja del revellín
Fue removido en 1821

La siguiente placa muestra los nombre de veinte siete personas a quienes John Zephania Holwell (1711-98) originalmente registró como fallecidos en el Agujero Negro. Otras dos placas enumeran a cincuenta y cuatro víctimas adicionales cuyos nombres fueron “recuperados del olvido gracias a documentos contemporáneos”
   Actualmente el monumento está emplazado en el lugar equivocado, porque éste no es ni el sitio de la prisión Agujero Negro ni el lugar en que los cuerpos de las víctimas eran arrojados. En la base del monumento hay otra inscripción:

Este monumento fue erigido en 1902
Por
Lord Cruzon en el sitio original del Agujero Negro
(Esquina noroeste del predio Dalhousie)
Y trasladado de allí al Cementerio
De la Iglesia de St. John, Calcuta en 1940

Por lo tanto,  estamos lidiando con dos monumentos. El original, según dicen, estaba en cerca de la esquina noroeste de lo que en aquel entonces se llamaba plaza Tank, mucho antes de que James Andrew Ramsay, Lord Dalhousie (1812-60) fuese recordado como un héroe imperial. Sabemos por los archivos que los restos del antiguo fuerte, incluido el sitio de la prisión Agujero Negro, fueron demolidos cuando la vieja Aduana fue construida. El monumento Holwell estaba por fuera del viejo fuerte, emplazado en algún lugar frente al actual edificio de la Recaudadora.
También sabemos que el monumento original fue diseñado y construido probablemente en 1760 por Holwell, un sobreviviente del incidente del Agujero Negro, a quien le debemos la única narración detallada del evento. En aquel entonces, la inscripción en el frente del monumento tenía cuarenta y ocho nombres de aquellos

Que junto a tantos otros habitantes,
Militares y milicias, por el número de 123 personas,
Se encontraban bajo la violencia tiránica de Surajud Dowla,
Suba de Bengala, sofocados en la prisión del Agujero Negro
del Fuerte William en la noche del 20 de
Junio, 1576, y lanzados promiscuamente la siguiente mañana
Dentro de la zanja del revellín de este lugar,


 Figura 2. Los planos de Holwell para su monumento e inscripciones. Fuente: Holwell   1774, frontispiece.


Este
Monumento es erigido,
por
su compañero sobreviviente,
J.Z.Holwell

Del lado de atrás del monumento, la inscripción dice:

Este acto horrible de violencia,
Fue tan amplio
Como merecidamente vengado
En Surajud Dowla,
Por las armas de su Majestad,
Bajo la conducción del
Vice Admirante Watson y Coll. Clive
Anno, 1757



 
En 1756, no existía el predio Dalhousie, ni el Correo, ni siquiera la Aduana. Toda el área, desde el Fairlie en el norte hacia la calle Koila en el sur, y desde Binay-Badal-Dinesh Bag en el este hasta el Río Hugli en el oeste, que en aquel entonces circulaba en el interior, envolviendo la carretera Road, era el emplazamiento del Fuerte William, el pueblo fortificado que sirvió como el principal asentamiento de la Compañía Británica de la India Oriental en Bengala. Esto no lo sabemos por los restos materiales sino por las fuentes preservadas en los archivos y bibliotecas. Sin embargo, para rastrear el movimiento del monumento del Agujero Negro hay que desentrañar la historia mítica del imperio.
EL ANTIGUO FUERTE WILLIAM
En 1756 el centro de Calcuta consistía en un pequeño fuerte con bastiones de tierra y balastro, y muros de ladrillo. Contenía una sala comercial o fábrica, depósitos, la residencia del gobernador, una armería y almacenes, cuartel y alojamiento para los oficiales de la Compañía de la India Oriental. Los bastiones en cada una de las cuatro esquinas del fuerte tenían diez cañones, y la entrada principal Este tenía cinco. Las paredes de ladrillo tenían alrededor de cinco pies de ancho y dieciocho de alto. Fuera del fuerte, se encontraban los asentamientos de residencias privadas británicas, una iglesia, una corte del alcalde, un hospital y una casa de juegos. Aparentemente, la pequeña población británica vivía de forma ostentosa en espaciosas casas citadinas construidas en estilo europeo, frecuentemente rodeadas de grandes jardines. La parte india del pueblo era mucho más grande y se encontraba en el norte, en lo que antes era la Villa Sutanuti, separada del  “Pueblo Blanco” por indoportugueses y cuarteles armenios, sumado a otro asentamiento hacia el sur en la Villa de Gobindapur.
Calcuta creció fenomenalmente en la primer mitad del siglo diecinueve, y en 1756 su población total pudo haber sido alrededor de cien mil. Probablemente el número de la población británica no superaba los cuatrocientos, en su mayoría hombres- una gran parte de los cuales eran soldados. La población india que residía en el “Pueblo Negro” constaba de comerciantes, artesanos y jornarleros que trabajaban o hacían negocios en el próspero centro comercial llamado Bara Bazar, o en el gran mercado, justo al norte del fuerte. Alguno de los mercaderes indios del pueblo, como Gophian Seth, Ramkrishna Seth, Sobharam Basak o el difamado Amirchand (conocido como Omichund en las fuentes británicas), eran los principales abastecedores de algodón, productos de seda, salitre y otras mercancías exportadas por la Compañía de la India Oriental y sus oficiales. Los Seths y los Basaks así como los Amirchand tenían propiedades en el Pueblo Blanco, que arrendaban a los europeos. Cerca de 1745, hubo un intento de separar definitivamente el Pueblo Blanco y el Pueblo Negro. Luego de que fuera denunciado que “varias personas Negras estuvieran entremezcladas en las casas inglesas, y ello






Figura 3. Fuerte William en el Reino de Bengala perteneciente a la Compañía Británica de la India Oriental, grabado por Jan Van Ryne. Fuente: Curzon 1925

suponía una molestia y diferentes problemas a los moradores ingleses,” la orden concluía que “las personas Negras que viven en el Pueblo” deben dejar de hacerlo. Esto fue seguido de instrucciones enviadas desde Londres que “las casas pertenecientes a nuestros servidores o cualquier inglés no deben ser vendidas a los moros o a ningún mercader Negro en absoluto.”
La Compañía tenía ocupadas las tres villas de Sutanuti, Kalkatta y Gobindapur como zamindar, con el derecho de asentar personas y recaudar ingresos, desde 1698. Como en el asentamiento del Fuerte St. Georges en Madras, la compañía inglesa era partidaria de fomentar a la población local a establecerse bajo su protección, participar del comercio y la agricultura, y contribuir con las recaudaciones. En 1717, la Compañía permitió a un farman del Emperador Farrukhsiyar de Delhi comerciar sin pagar impuestos de aduana, arrendar treinta y ocho villas adyacentes a Calcuta y acuñar moneda por fuera de sus lingotes importados. Si estos pronunciamientos imperiales fueron consultados, o si el Nawab de Bengala fue obligado a implementarlas, suponen un asunto de disputa. El Nawab Murshid Quli Khan permitó que los bienes de la Compañía circularan sin impuestos, pero no aquellos bienes que pertenecían a los oficiales de la Compañía. Los servidores de la compañía, sin embargo, trataron diariamente de llevar a cabo sus negocios privados bajo el sello de la Compañía con el propósito evadir las cargas aduaneras. Murshid Quli Khan también se negó a permitir que la Compañía comprase villas adicionales, pero durante los primeros años del siglo dieciocho, varias villas fueron adquiridas como propiedad nominal de empleados indios de la Compañía. En cuanto a la acuñación moneda, el Nawab rechazó la autorización categóricamente.
El asentamiento de la Compañía en Calcuta fue fortificado constantemente durante la primera mitad del siglo dieciocho, a veces con el permiso del gobernador del Nawab, pero frecuentemente sin él. Los directores







Figura 4. Sección del mapa del Antiguo Fuerte William y el pueblo de Calcuta, 1756-57. Fuente: Busteed 1888

de la Compañía en Londres siempre estuvieron preocupados por la necesidad de defender el asentamiento en Bengala para proteger su negocio. Tan temprano como en 1700, ellos recordaban a sus oficiales en Bengala que “con cada envío les hemos instigado a construir fortificaciones lo suficientemente fuerte para desalentar o enfrentar cualquier tentativa de los Moros, pero de una manera tan confidencial como sea posible.” Las instrucciones fueron repetidas en 1709:

[Desde] que la mayor parte de nuestras exportaciones anuales son destinadas al Bay, nuestra fortaleza no puede ser suficientemente fuerte y se ha vuelto indefendible ante cualquier intento de los Moros, aún cuando no haya ningún europeo dirigiendo sus asaltos, y por lo tanto les decimos que tomen todas las oportunidades para ello pero sin hacer ruido y tan confidencialmente como puedan y asegúrense de enmascarar sus verdaderas intenciones, alegando que tal construcción es para evitar inundaciones o para almacenes adicionales para preservar bienes de incendios o para reforzar las paredes ante los derrumbes o cualquier otra razón que pueda ser ciertas en parte, aunque no toda la verdad.


El comercio privado de los oficiales de la Compañía era cuestión de numerosas disputas. Hay pocas dudas respecto de aquellos que eligieron navegar a La India para prestar servicio a la Compañía, el señuelo de adquirir una fortuna en pocos años con el comercio privado era la atracción más poderosa, pues el salario real pagado por la Compañía era miserable. A los redactores les pagaban £5 al año, a los agentes les pagaban £15, y los mercaderes superiores, luego de una década de servicio en La India, obtenían £40. El salario medio y los beneficios oficiales para todos los servidores de la Compañía, incluidos los gobernadores, en el período previo a la batalla de Palashi (conocida en las fuentes inglesas como Passey) era por debajo de los £150 anuales. La mayoría de los que provenían de Gran Bretaña odiaban las condiciones en Bengala: “A ellos les disgustaba el clima, les disgustaban las enfermedades que reaparecían frecuentemente, les disgustaban los Negros”. Pero todos esperaban ansiosos volver a casa después de diez o cincuenta años con suficiente fortuna para vivir “libres e independientes como hidalgos.” Esto podría significar algo así como £25.000 en ahorros, que permitiría a cualquiera vivir la vida de un pequeño propietario. Ni siquiera los miembros del clero eran inmunes. “Estoy extremadamente ansioso”, escribió un hombre joven, “de ir como capellán en la flota de la India Oriental. El sueldo es escaso, sólo £40, pero hay muchas ventajas. La última flota trajo a casa £3.000.”
Una de las variedades del comercio privado, llamada el “country trade”, consistía en transportar productos en buques británicos privados desde los puertos indios hasta Golfo Pérsico y Mar Rojo, o hasta China y el sudeste asiático. Hacia 1720, gran parte del comercio marítimo indio estaba en manos privadas, y Calcuta había superado a Madras como principal puerto. Para aquel entonces, cada temporada unas cuarenta flotas británicas privadas zarpaban cargadas desde Calcuta. Al parecer, los exportadores locales escogían los buques británicos, principalmente por la velocidad y destreza con la que operaban, y el valor con el que eran defendidos. Consecuentemente, los comerciantes asiáticos se disponían a pagar costos de transporte superiores para asegurarse un paso rápido y seguro. Todos los rangos de oficiales de la Compañía, con la aprobación de su superiores, participaban regularmente del “country trade” para producir ganancias personales. A veces, los directores en Londres escribían a sus oficiales indios para que se tomaran cartas en el asunto y frenaran las prácticas. Pero el consejo del Fuerte William respondía, “Si la Compañía prohíbe el comercio privado, sus servidores morirán de hambre.”
La otra forma de comercio privado era la participación de oficiales de la Compañía en el “inland” o comercio interno en Bengala. Como tenían poco capital propio, los sirvientes de la Compañía tomaban préstamos de los mercaderes indios y usaban sus posiciones de autoridad en la Compañía para promover sus propios negocios. Esto podía hacerse con los empleados de la Compañía ubicados en factorías del interior o vía los gumashtas que recorrían el país. En 1723, se reportó que el comercio privado de los servidores de la Compañía en Patna era más grande que los negocios de la propia Compañía. Una práctica común era usar el permiso de la Compañía o dastak para liberar a los bienes privados de los impuestos de peaje. Los oficiales tomaban represalias cada tanto, embargando los bienes de la Compañía. Luego de protestas y regateos, los bienes eran liberados previo pago de una multa. A veces, se realizaba un face-off, una prueba de voluntades. En 1702, cuando el faujdar (jefe de policía) de Hugli cumplió una orden del gobernador nawab en Calcuta, los oficiales ingleses reportaron a Londres:

Descubrimos que el plan era obtener dinero de nosotros, pero preferimos irnos sin nada, eligiendo gastar su honorable dinero en pólvora y Shott antes que dárselo a cada pequeño Rascall, que pensó que podía hacernos daño,… le dijimos que no estaríamos en Cowreys Charge, pero nos armamos defensivamente, montando varias armas alrededor de Garrison, hospedamos a ocho o diez europeos en la tripulación Gunners, creamos la Compañía de los soldados, ciento veinte hombres, y resolvimos armar una resistencia sólida, cuando el gobierno escuchó nuestros preparativos no realizó ninguna tentativa en el lugar, aunque nosotros estuvimos diariamente en alarma con varios reportes de fuerzas que se acercaban a combatirnos.

Alrededor de 1750, la posición británica en Bengala devino problemática por la ampliación de las rivalidades políticas de los europeos en Asia. Las políticas agresivas del gobernador francés Joseph Francois Dupleix de Pondicherry habían conducido a importantes triunfos militares y diplomáticos en el Sur de la India, y ahora él apuntaba a Bengala. En 1751, escribió a su general, Charles Joseph Burry: “Nada puede ser más sencillo que humillar el orgullo de aquel hombre [Nawab Ali Vardi Khan] cuyas tropas son tan inservibles como aquellas que ya conoces. Mandar a Bengala, Balasore y Masulipatam entre cuatrocientos y quinientos hombres… algo de artillería ligera… eso es todo lo que necesitas en Bengala, en un lugar donde no hay un solo fuerte y donde todo el terreno se encuentra abierto al primer vistazo.” Agregó que: “los ingleses y los holandeses no están en posición de brindarle [Ali Vardi] ninguna ayuda… Yo les desafío a que provean más de trescientos soldados.”
Los británicos, sin embargo, no eran lentos para entender la señal. El espíritu ferozmente competitivo y la rivalidad mercantilista entre las naciones europeas habían viajado hasta Asia. En adición, nubes de guerra se avecinaban a Europa. Los oficiales mayores de la Compañía de La India Oriental estaban profundamente preocupados por proteger el futuro de su lucrativo comercio bengalí y negaban cualquier ventaja a los franceses. De hecho, hay un argumento familiar entre los historiadores de que a pesar de que los franceses fueron incapaces de sostener sus triunfos iniciales, fue Dupleix el primero en demostrar que era posible para una compañía comercial europea encontrar poder político en La India para promover sus intereses comerciales; los británicos sólo aprendieron esta lección de los franceses. Los directores le escribieron a los oficiales del Fuerte William en 1748:

La experiencia ha demostrado que los franceses no prestan consideración a la neutralidad en los dominios Mogoles, y que aunque el Gobierno de la nación esté dispuesto a protegernos, no podrán hacerlo frente a los franceses, quienes teniendo poco que perder, siempre son propensos a violar las leyes de las naciones con la finalidad de enriquecerse a través del saqueo… Tienes la orden de hacer Calcuta tan segura como puedas frente a los franceses o cualquier otro enemigo europeo… Su majestad apoyará a la Compañía en lo que crea necesario hacer para su seguridad futura; aunque ahora la paz con Francia sigue en pie, nadie sabe cuánto pueda durar, cuando la guerra se desata, es tarde para hacer las fortificaciones lo suficientemente fuertes como para defenderse de un enemigo audaz, como al parecer sucedió en Madrass.

 Robert Orme, quien más tarde se ganaría la distinción de historiador oficial de la conquista de Bengala, tan temprano como en 1752, advirtió a Clive que considerara derrocar a Ali Vardi. “El Nabab dirigiéndose a Hughley con la artillería de Su Excelencia e intentando sobornar a todos los asentamientos por una gran suma de dinero; Clive, no sería una buena idea evadir al perro viejo. No estoy hablando sin conocimiento de causa cuando digo que la Compañía debe pensar seriamente en ello, o no valdrá la pena su comercio en Bengala.”
En diciembre de 1752, la Compañía envió al Coronel C.F. Scott como ingeniero general a examinar y fortalecer las fortificaciones de Calcuta, con especiales instrucciones de que “mantener nuestros planes en secreto será la mejor manera de prevenir cualquier problema y bochorno que puedan surgir del gobierno nacional durante su ejecución.” En 1754, los directores de la Compañía en Londres enviaron cincuenta y nueve cañones a Calcuta y sugirieron que se fortaleciera el Fuerte con el permiso de Ali Vardi, de ser obtenido, y si no, sobornando a sus oficiales. Calcula comenzó a ser fortificada en 1755 sin el permiso del Nabab.
Otra cuestión había corroído las relaciones entre el gobierno provincial de Murshidabad y los asentamientos de la Compañía en Calcuta. No es necesario aclarar que el nawab reclamó sus derechos soberanos sobre el territorio del Subah de Bengala, incluidos los asentamientos comerciales de la compañía francesa, británica, holandesa y danesa. No obstante, hubo fugitivos que se refugiaban en Calcuta, y más paradójicamente, residentes indios en asentamientos británicos o agentes indios de la Compañía sobre cuyas propiedades el gobierno provincial realizó un reclamo acorde con la ley estatal vigente. La Compañía de La India Oriental se negó en múltiples ocasiones a entregar a estas personas, aludiendo que no podrían “pensar en someter nuestra bandera y protección al desprecio tal de abandonar a nuestros arrendatarios y habitantes, y permitir que sus bienes y sus propiedades sean embargados y saqueados.”
Al parecer, Ali Vardi, era bien consciente de las oportunidades económicas que se originaron en Bengala gracias al comercio europeo. “Él solía comparar a los europeos”, escribió Luke Scrafton, un oficial de la Compañía, “con una colmena de abejas, de cuya miel se recogen beneficios, pero si molestas a su colmena te van a picar hasta la muerte.” Ali Vardi estaba dispuesto a prevenir que los ingleses y los franceses se juntaran en contra de él, por eso trató de enfrentarlos entre sí. También resistió sólidamente a autorizar las fortificaciones militares de cualquier asentamiento europeo en sus dominios. Según su admirado historiador, Ghulam Husain Tabatabai, Ali Vardi temía que luego de su muerte, “los hombres de sombrero se apoderasen de todas las costas de India.”

UN NUEVO NAWAB

En marzo de 1756, Ali Vardi, de cuarenta y ocho años, se enfermó fatalmente. Una poderosa contienda se aproximaba en su corte en Murshidabad. Su nieto, Siraj-ud-daulah, era conocido por ser el favorito de Ali Vardi, pero su pretensión era vigorosamente resistida por la hija mayor de Ali Vardi, Mihr-un-nisa, mejor conocida como Gahsiti Begam. Para ese entonces, Krishnadas, el hijo de Rajballabh Sen, el administrador de ingresos de Dhaka, acusado de malversación por el gobierno del Nawab, buscó refugio en Calcuta. Rajballabh era un confidente cercano de Gahsiti. Siraj tomó esto como señal de que los británicos apoyaban la facción de Gahsiti en la batalla de sucesión. Cuando Ali Vardi murió en abril y Siraj se convirtió en el Nawab, inmediatamente exigió la extradición de Krishnadas y un freno a cualquier fortificación de Calcuta. Narrayan Singh, el portador de la carta del Nawab, fue despedido ceremoniosamente por Roger Drake, el gobernador del Fuerte William, quien luego le escribió a Siraj:

Algunos enemigos han advertido a Su Excelencia faltando a la verdad, que nosotros estábamos erigiendo nuevas fortificaciones… debe haber sido informado de la gran pérdida que supuso a nuestra Compañía la toma de Madras por parte de los franceses, que había una aparente guerra entre nuestras naciones, que, en consecuencia, estábamos reparando los  muros que corrían peligro de ser arrastrados por el río, y que no estábamos, por lo demás, erigiendo nuevas obras.

Narayan Singh, humillado, retornó a Murshidabad y se quejó: “¿Qué honor nos queda, cuando un puñado de comerciantes, que todavía no han aprendido a lavarse el trasero, responden a la orden del soberano expulsando a su enviado?” Siraj, según dicen, estaba enfurecido. Un grupo de su corte le  aconsejó precaución, recordándole que los ingleses eran como “llamas de fuego” y que confrontarlos podría sumergir a todo el país en una guerra general. Pero otro grupo abogó una firme diplomacia respaldada por una demostración de fuerza. Los recientes conflictos entre los británicos y los franceses en el sur de La India, y la subyugación de las reglas de Hyderabab y Arcot, eran conocidas en Murshidabad, y era razonable para Siraj pensar que no debía permitir a ningún europeo construir enclaves fortificados en Bengala. De hecho, él estuvo dispuesto a anular los privilegios de los que gozaban los británicos en Bengala en relación con las otras compañías europeas y tratar a todas ellas en pie de igualdad.
Khwaja Wajid, un mercader armenio de Hugli que comerciaba con la Compañía inglesa, fue nombrado como intermediario. Siraj le explicó que estaba en contra de las fortificaciones en Calcuta, del mal uso del Dastak de la Compañía que devino en enormes pérdidas de ingresos, y de la protección que los británicos habían dado a empleados corruptos del gobierno del Nawab. Respecto del Dastak, no planteó la cuestión de su mal uso por parte de los sirvientes de la Compañía sino las ventas ilegales a los mercaderes indios, una práctica que aparentemente era usual. También le escribió a George Pigot, el gobernador del Fuerte St. George en Madras, declarando:

No era mi intención suprimir el negocio mercantil de la Compañía que le pertenece por fuera del subah de Bengala, pero Roger Drake, tu gomasta, era muy malvado y revoltoso, y comenzó a dar protecciones a personas que tenían cuentas con el Patcha [Emperador] en su koatey [factoría]. A pesar de todas mis admoniciones, no renunció a sus acciones vergonzosas.”

A pesar de todo, la misión de Khwaja Wajid’s terminó en la nada. Drake no quiso escucharlo y virtualmente lo rechazó.
Siraj tomó represalias inmediatamente. A fines de mayo de 1756, sus tropas asediaron la factoría inglesa en Kasimbazar, no muy lejos de Murshidabad, y forzaron al agente William Watts a firmar una garantía de que la Compañía se comprometía a acatar las condiciones del Nawab. Ninguno de los servidores de la Compañía que se rindiera sería sometido a violencia, ni los bienes de la Compañía serían confiscados. Watts escribió más tarde que “una prueba de que el intento del Nabob era conciliar el asunto, fue que él no tocaría ninguno de los efectos de la Compañía, salvo las tiendas bélicas.”
En Calcuta, sin embargo, Drake decidió que el nabab sólo estaba creando pretextos para embargar los bienes de la Compañía y expulsar a los ingleses de Bengala. Él ignoró las repetidas sugerencias de Watts de buscar algún tipo de conciliación con Siraj. En su lugar, el concejo del Fuerte William escribió al Fuerte St. George pidiendo que se envíen refuerzos inmediatamente:

Pedimos nuevamente, de manera fervorosa, que se atienda a los intereses de nuestros empleados profundamente preocupados por este asentamiento, que se consideren las vidas y las propiedades de los habitantes, y que se valore el honor de nuestra Nación, que ahora se encuentra en la hoguera, que no tiene ningún motivo para negarse a suministrarnos el número de hombres que hemos demandado… Usted debería, luego de todo lo que hemos dicho e instado, por estar a cargo, rechazar o retrasar el refuerzo que exigimos, esperamos que Su Honorable &c. nos disculpe si nos exculpamos de protestar en su contra en nombre de nuestros honorables empleados, por todos los daños y consecuencias de tal rebeldía.



LA CAIDA DE CALCUTA

El 16 de Junio, el nawab, encabezando personalmente una fuerza de treinta mil soldados con artillería pesada, arribó a  las inmediaciones de Calcuta. En el Fuerte William, el número de hombres armados disponibles para defenderlo era alrededor de quinientos, de los cuales menos de la mitad eran europeos, incluyendo a los soldados, miembros de la milicia y voluntarios, el resto eran armenios, indo-portugueses e indios.
Un consejo de guerra se reunió en el Fuerte William. Se sugirió que solo el Fuerte debía ser defendido y que todas las casas británicas que rodeaban el Fuerte debían ser dinamitadas para permitir fuego irrestricto sobre las tropas del nawab. Pero la idea fue rechazada. El punto de vista hegemónico era que el Siraj no continuara con sus amenazas frente a la oposición resuelta de los británicos. En cambio, para disuadir el avance del nawab, prendieron fuego los sombreros de paja y bambú de los indios de Gobindapur, y luego saquearon Bara Bazar. El gobernador notó más tarde que, excepto los Mitra Gobindaram,  indios destacados al servicio de la Compañía, nadie del sector nativo del pueblo ofreció ayuda: “Son una raza de personas tan tacaña que no recibimos ni asistencia ni fuerzas para el lugar en el que sus bisabuelos disfrutaron de la protección de nuestra bandera, gracias a la cual acumularon todo aquello que ahora poseen.” A todas las mujeres europeas, así como las familias de los soldados armenios y portugueses se les dio refugio en el Fuerte.
Las fuerzas del nawab comenzaron un ataque en todos los frentes el 16 de Junio. Luego de tres días de batalla, una mayoría del consejo del Fuerte William argumentaba a favor de abandonar el fuerte y retirarse hacia las flotas ancladas en el río. Las tropas del nawab saquearon el pueblo “de tal manera que la muchedumbre le dio comida y agua a sus ganado en porcelana china… por tres o cuatro días,” escribió Yusuf Ali Khan “los servidores atacaron la caballería e infantería del nawab, y al gentío del mercado, contando cerca de sesenta a setenta mil hombres, que no escatimaban en demoler, quemar y saquear propiedades por el valor de millones de rupias.” La moral estaba desesperadamente baja dentro del fuerte, y en cuanto a Drake, gobernador del fuerte, él mismo dijo: “Cada Negro que pudo escapar” lo hizo. Así, aunque había provisiones en el fuerte, no había cocineros, y Drake, describiendo cuan angustiosa era la situación, notó que “incluso el gobernador no tenía sirviente pero sí un esclavo” Un oficial comentó más tarde que “la animosidad entre las personas que estaban a cargo del comando y la guarnición no contribuían ni un poco con nuestra desgracia.” Había un comportamiento profusamente revoltoso y embriaguez entre los soldados: “La mitad de nuestros hombres estaban alcoholizados con licor, no se suministraban provisiones ni agua a aquellos que se habían quedado sin casa, los golpes del tambor llamaban a las armas tres veces, alarmando que los enemigos se acercaban a la muralla, pero difícilmente los hombres conseguían llegar a ella para defenderla.”
En la noche del 18 de junio, se había decidido que las mujeres europeas del fuerte debían ser escoltadas hasta los barcos que aguardaban en el río. Pero las multitudes de mujeres y niños indo-portugueses a quienes se les había dado refugio en el fuerte también presionaban para subir a bordo: “Era difícil negarles la protección, dado que sus maridos portaron armas en defensa del lugar.” Pronto, la casa del gobernador y la guarnición habían sido abandonados. Cuando se descubrió que en los almacenes no quedaban municiones para más de dos días, hubo una demanda de retirada general del fuerte. Holwell, en particular, sostuvo que retirándose hacia los botes antes del amanecer, tanto los europeos como el tesoro de la Compañía podrían ser trasladados de manera segura. Sin embargo, no se arribó a ninguna decisión fehaciente. A Amirchand, que había sido prisionero en el fuerte por Drake bajo el cargo de conspirar secretamente con el facción del nawab, se le pidió que escriba al nawab para solicitar términos de negociación, pero Amirchand no tenía humor para complacer a sus captores. En cualquier caso, incluso los escribas persas empleados por la Compañía habían desertado.
Cuando el ejército del nabab reanudó su ataque en la mañana, y el bote Dodaly llegó hasta el río debajo del fuerte, hubo una deserción generalizada. Todos los que pudieron hallar un lugar en el bote zarparon. Hacia el mediodía, incluso el gobernador Drake se había ido, navegando río abajo. Pronto, no quedaron botes disponibles, aun cuando muchos, incluyendo ocho miembros del consejo de guerra, aguardaban en el fuerte listos para partir. Se esperaba que el barco de la Compañía, Prince George, que aguardaba río arriba, arribase rápidamente para recoger a los restantes europeos. Incluso en este momento crítico, la mala suerte se hizo presente, el barco quedó encallado y no podía moverse. Los defensores estaban varados en el fuerte sitiado.
Siendo que el gobernador desertó ignominiosamente, los restantes miembros del consejo eligieron a Holwell como gobernador del Fuerte William. Él prometió repartir tres cofres del tesoro de la Compañía entre los soldados si lograban retener el Fuerte. Pero con tantos oficiales mayores ausentes, era imposible mantener la disciplina. Muchos soldados europeos, la mayoría presuntamente holandeses, virtualmente sublevados, violentaron la entrada a las almacenes, se abalanzaron sobre el licor y subsecuentemente desertaron en la noche. El 20 de junio, luego de nuevos enfrentamientos, a Holwell no le quedaban más de 150 soldados, desmoralizados, y “exhaustos de fuerza y energía”. Llamó a una tregua. Para el anochecer, el fuerte estaba ocupado por las tropas del nawab.
Holwell fue llevado ante Siraj, quien demostró gran resentimiento frente a Drake. Los indo-portugueses, armenios e indios en el fuerte tuvieron permiso de retirarse junto con quince europeos. Los europeos restantes quedaron a cargo de la guardia del nawab. De acuerdo con los europeos y aparentemente bajo la influencia del licor, se comportaron mal frente a los guardias, y al menos uno de ellos recibió heridas fatales. Al parecer, las hostilidades continuaron luego de que el fuerte fuera tomado. Cuando esto fue reportado, el nawab o uno de sus oficiales ordenó que los europeos fuesen confinados dentro del fuerte. En el proceso 

Figura 5. Siraj-ud-daulah, proveniente de un retrato contemporáneo. Cortesia: Victoria Memorial Hall, Kolkata



descubrieron una celda, pintorescamente llamada Agujero Negro, que era utilizada por los oficiales del fuerte para encerrar a europeos revoltosos. Allí fue donde los prisioneros europeos fueron retenidos durante la noche del 20 de Junio.



LAS CONSECUENCIAS DE LA DERROTA

Para comprender el contexto en el que fueron producidas las primeras narraciones acerca de las muertes en el Agujero Negro, debemos viajar algunas millas río abajo de Calcuta, frente a lo que en aquel entonces era el anodino mercado rural de Phalta, donde se encontraba la estación de pilotos holandesa de embarco y desembarco del traicionero Río Hugli. Allí es donde Drake y sus colegas que se habían fugado esperaban en sus botes, para unirse a Watts y Collet de Kasimbaza, asi como también a Howell y otros sobrevivientes de la caída del Fuerte William. Durante varios meses, los representantes de Bengala de la Compañía operaron desde Dodaly, rodeados por una pequeña flota de Phalta.
La situación estaba lejos de ser edificante. Una semana antes de la caída de Calcuta, la compañía holandesa de Hugli se negó a responder a una solicitud de provisiones y ropa de los Dodaly: “Hemos visto con sorpresa la imprudencia una nación que primero desafió a un enemigo tan formidable como el Nawab, y luego, después de ofrecer escasa o nula resistencia, abandonó su fortaleza permanente y su colonia sin hacer ninguna provisión de las cosas indispensables.” Los franceses de Chandannagar (Chandernagore) eran despiadados en su condena a los ingleses: “Su escape vergonzoso… cubre a todos los europeos con una desgracia que nunca limpiaran en este país; todos los detestan, maldicen y aborrecen… En muy poco tiempo, esos caballeros, especialmente Mr. Drake, nunca podrán librarse de tal infamia, y Mr. Drake nunca será capaz de privar a su nación del derecho colgarlo a él y a todo su consejo.”
La primer carta del consejo de Phalta a sus superiores en el Fuerte St. George, que contenía las noticias de la caída de Calcuta, no se conoció hasta el 13 de Julio, a más de tres semanas de ocurrido evento, a causa de las dificultades en llegar a un acuerdo en la versión de lo que había sucedido. Cuando Charles Manningham fue elegido para llevar esta carta a Madras y reportarla en detalle, hubo una protesta escrita de algunas personas en Phalta que acusaban a Manningham de haber desertado de su puesto en el Fuerte William y de no ser confiable para dar una versión auténtica de los eventos. En paralelo, Watts y Collet, en Chandannager, luego de ser liberados de la custodia del Nawab, le escribieron al Consejo de Phalta acusando: “Ustedes incitaron al Nabob a luchar contra Calcuta y luego desertaron del lugar y huyeron a bordo de sus barcos, que con total probabilidad y como todos afirman, fue el motivo de la pérdida del lugar, que podría haber sido defendido si hubieran permanecido en él, y por lo cual tenemos la opinión de que abdiquen a sus múltiples estaciones y que no se les consideren más servidores de la Compañía.”
El 17 de Julio, Holwell escribió su primer carta al Fuerte St. George desde Murshidabad, lugar en que permaneció bajo la custodia de los oficiales del nawab, en la que describió la huida de Drake y de los otros como un acto de deserción y una “cruel traición”, motivo por el cual los restantes miembros del congreso del Fuerte William resolvieron suspender a los desertores, “siendo la única posibilidad de resarcimiento en nuestro poder.” Por el otro lado, en Phalta, William Lindsay, mencionó específicamente a Holwell en su reporte cuando le escribió a Orme en Madras. “Luego de que el gobernador se fuera, Mr. Holwell se hizo cargo de la factoría.  Estar ahí estaba muy en contra de su predisposición pero dos caballeros se habían llevado el budgerow que esperaba por él. Menciono esto porque entiendo que tuvo valor al quedarse cuando descubrió que no podía irse.”
A principios de Agosto, luego del arribo de Holwell a Phalta, los antagonismos en el congreso se agudizaron. Holwell se negó a firmar cualquier papel relacionado con el congreso, porque consideraba que Drake y los otros, al haber abandonado la defensa del fuerte, “se despojaron a sí mismos de todo derecho o pretensiones en los futuros asuntos de la Compañía o de la colonia.” También sostuvo que los restantes miembros del consejo del Fuerte William lo habían elegido como gobernador y administrador de los asuntos de la Compañía y “que los caballeros que en el presente constituyen la Agencia” no tenían “ningún poder para despojarlo” de  su designación. Objetó los gastos por 64.662 rupias de los costos y daños del Dodaly, porque como dijo, había abandonado la defensa del fuerte que se le había encargado, y por lo tanto, tales gastos no deberían ser acusados a la Compañía. William Toke, en su detallada narración de la conquista de Calcuta, describió las acciones de Drake y Manningham como “algo tan escandaloso e inhumano que es una reflexión sobre la nación… una cuestión tan sin precedentes que no tenía paralelo con los más grandes bárbaros, sino con los cristianos.” También dijo que en Phalta, “la antipatía de los servidores más jóvenes creció tanto por la mala conducta del Consejo” que comenzaron a cuestionar su autoridad, presionaron a Drake para que dejara las designaciones de gobernador y consejo, y comenzaron a llamarse a sí mismos “agentes para la Compañía.”
Otro asunto que afligía era la cuestión de que los tesoros de la Compañía retenidos en el fuerte habían sido robados. Éste era un tópico persistente en cada reporte que circulaba en La India entre los oficiales franceses, al tiempo que los asentamientos y las factorías inglesas de Bengala eran capturados por Siraj. Cuando Holwell se rindió el 20 de Junio de 1756, los soldados del nawab encontraron sólo 50 mil rupias en el tesoro del fuerte; Siraj montó en cólera porque esperaba millones. ¿A dónde se había ido el tesoro? “No hay dudas,” decía un reporte francés, “por la manera en la que se comportó Mr. Drake, que había ideado un plan con los comandantes de las tropas, y ciertamente con los concejales, y que habían acordado que los acontecimientos representaban una excelente oportunidad para apropiarse de una porción de la riqueza confiada a su cuidado.” Holwell, en su primera carta luego de su liberación en Murshidabad, menciona que en la tarde del 18 de Junio, cuando se había decidido que las mujeres europeas del fuerte fueran escoltadas a los barcos en el río, también se resolvió mover el tesoro de la Compañía y sus libros. Fue más específico en la siguiente carta, escrita desde Hugli:

Si el tesoro y los libros fueron embarcados, no puedo decirlo, el último presidente y el hidalgo a su cargo, que asumieron el título y la autoridad de “Agentes para los asuntos de la Compañía”, son los mejores jueces. Luego de la partida del presidente, hice una investigación acerca del sub-tesorero y amo de llaves del tesoro, pero ninguno fue encontrado. Quise abrir el Tesoro en el primer receso para acabar con este asunto, pero el receso nunca llegó.

El lenguaje de Holwell es cuidadoso, pero su aspersión es inconfundible. Tooke fue bastante explícito en su alegato:

0
Por qué razón no pudimos actuar tan sagazmente como ellos  [los franceses y los holandeses], no puedo conjeturarlo. Ciertamente hay razones para pensar que actuamos según otro esquema… De hecho pudimos haber resistido a las fuerzas del Nabob hasta que arribaran refuerzos de la costa Coromandel y de Bombay; debe haber sido un saqueo glorioso para alguno de nuestros hidalgos del Consejo; particularmente a aquellos nativos que recibieron protección bajo nuestra bandera se les habría hecho pagar por ello; tampoco se juntó ninguna pequeña contribución alrededor del país; además el saqueo del río debe haber sido suficiente para hacer a la fortuna de unas pocas personas… más aún estoy seguro de que ellos colaboraron al éxito del nabob… que los buques se equiparon para dar recompensa a los barcos enemigos de vuelta a casa, dos de los cuales fueron capturados ...; y aun habiendo barcos de la compañía que pudieron haber sido usados para la expedición, fueron dejados a un lado, y un barco (del que Mr. Drake compró gran parte) fue enviado a la expedición, para que todo el botín fuera suyo.

Este es la base del primer reporte del incidente del Agujero Negro. Brijen Gupta ha compilado cuidadosamente la lista entera. Hay trece fuentes que han llegado a nosotros, que van desde una mención en una carta escrita el 3 de Julio de 1756, unas dos semanas luego de la caída de Calcuta, escrito por un francés anónimo de Chandannagar, hasta la Narración Genuina escrita por Holwell en Febrero de 1757. Hay un reporte más –el catorce- de John Cooke, que se encontraba en el fuerte al momento de su caída, pero que narró su versión de la historia del Agujero Negro ante un comité restringido de La Cámara de los Comunes en 1772, dieciséis años después del incidente. Gupta nos muestra con un razonamiento impecable, que Holwell estaba directamente involucrado en la producción de cada una de esas narraciones –es decir, no son piezas de evidencia independientes, sino el resultado de todas las consultas con Holwell o la lectura de una de sus varias interpretaciones del evento-. Por lo tanto, es la narración de Holwell la que debemos reinterpretar, así como todos lo han hecho en los últimos 250 años, para contar con un reporte de lo que sucedió en la noche del 20 de junio de 1756 en el Fuerte William.








LA NARRACIÓN “GENUINA”

Aunque nació en Dublín, Holwell provenía de una familia de comerciantes londinenses con educación. Estudió medicina y viajó a la India como ayudante de cirujano. En Calcuta, mostro sus habilidades jurídicas y en administración de ingresos, y se convirtió en alcalde y zemindar del asentamiento así como también en el miembro del consejo más joven. Luego de su último viaje a Gran Bretaña en 1760, emergió como especialista en asuntos de La India, escribió tractos históricos y etnográficos, y se convirtió en miembro de la Royal Society. Estaba dispuesto a mostrar su superioridad moral y sus cualidades intelectuales en contraste con la habitual trayectoria de codiciosos aventureros que llegaron a La India bajo el servicio de la compañía.
Escribió La narración genuina cuando estaba en el Syren, en febrero de 1757, viajando de Bengala a Gran Bretaña. Para entonces, Calcuta había sido reconquistada por el ejército de Clive. En ese momento, Holwell se sentía mucho mejor. El aire de mar tenía, como explico en la página introductoria de la narración, “ese efecto saludable en mi constitución, eso espero; y mi mente disfruta de la calma de la que tantos meses fui ajeno.” Tenía “ocio para reflexionar”, y como ninguno de los sobrevivientes a la noche de la caída del Fuerte William había escrito una narración detallada, el creyó necesario hacerlo. “Los anales del mundo”, creía, “no pueden producir en ningún grado o proporción un incidente de tan lúgubres circunstancias.” Su reporte, dijo, tal vez inspiró confianza y esperanza “de aquí en adelante a quienes caigan bajo juicio, otorgándoseles una instancia (y seguro una más firme no podrá darse), no han de desesperar, cuando inocencia y deber sean las causas de su  sufrimiento.”
El reporte de Holwell fue producido como una carta destinada a su amigo William Davis, y fue publicada en Londres en 1758 por primera vez bajo el título de Una narración genuina acerca de las deplorables muertes de caballeros ingleses, y otros, que fueron sofocados en el Agujero Negro en el Fuerte William, en Calcuta, en el reino de Bengala; en la noche subsiguiente al 20 de Junio de 1756.  Para el momento en que se publicó la narración, Siraj había sido derrotado en Palashi y asesinado. Clive y la Compañía de La India Oriental estaban a cargo de los asuntos políticos de Bengala.

Imagínese, mi amigo, si es posible, la situación de ciento cuarenta y seis desgraciados, exhaustos por la continua acción y fatiga, apiñados en un cubo de dieciocho pies, en una noche cerrada, en Bengala, cegado en dirección este y sur (las únicas direcciones de donde podía correr aire) por paredes muertas, y con una pared y una puerta en dirección norte, abierta al oeste sólo por dos ventanas, fuertemente barradas en hierro, por la que podíamos recibir el escaso aire que circulaba.

Holwell y los otros defensores europeos del fuerte fueron llevados por los guardias del nawab a la prisión del Agujero Negro cerca de las 8:00 p.m. y forzados a través de la puerta. De alguna manera improbable, considerando la pequeñez de la habitación en relación con la cantidad de hombres confinados, “como una ola agitada impulsando a la otra, nos veíamos obligados a ceder el paso y entrar; el resto siguió como un torrente, pocos entre nosotros, exceptuando a los soldados, tenía la menor idea de la dimensión o la naturaleza de aquel lugar que nunca habían visto.” Así comienza el relato de la inocencia.
No fue Siraj, señala cuidadosamente Holwell, quien ordeno que les encerraran en esa particular habitación. De hecho, el nawab había “asegurado repetidamente, en el mundo de un soldado, que no se nos iba a infringir ningún daño; de hecho confío en sus órdenes generales, de que esa noche debíamos permanecer seguros; pero lo que siguió fue el resultado de la venganza y el resentimiento en las almas de los más bajo Jemmaatdaars, a cuya custodia fuimos librados, bajo cuyas órdenes se asesinó durante el calvario.” Antes de que entrara, Holwell había sido abordado por Leech, el herrero de la Compañía, quien había abandonado el fuerte más temprano y había vuelto por un pasadizo secreto, ofreciendo escoltar a Holwell hasta un bote en el que podría escapar. “Le agradecí en los mejore términos en los que pude, pero le dije que era un paso que no podía permitirme dar, que debía devolver ante los ataque que los caballeros y la guarnición me habían mostrado, y, que estaba resuelto a compartir su destino, sea el que sea.” Claramente, Holwell estaba deseoso de enfatizar que él no era Drake o Manningham; que esto era, después de todo, un llamado del deber.
Por su actitud y serenidad mental, Holwell era absolutamente diferente a la mayoría de sus compañeros prisioneros. Ellos eran demasiado susceptibles a “la violencia de las pasiones”, visto que sabía en el acto “que la única manera que teníamos de sostener la desgracia, y sobrevivir la noche, era preservar la calma mental y renunciar tranquilos a nuestra suerte.” Éste es el eje de su narración: no la perfidia de Siraj o la crueldad de sus guardias, sino la decadencia de una multitud de europeos corrientes, puestos en una situación de adversidad peligrosa, en un trastorno abrumador, y su heroico esfuerzo por mantener el control y la disciplina sobre sus propios cuerpos. Al poco tiempo de ser encarcelados, Holwell comenzó a implorarles “que repriman, en lo posible, toda agitación mental y corporal, y que delirar y dar rienda suelta a las pasiones no podrá responden a otro propósito que el de acelerar su destrucción.”
Mirando hacia afuera por la ventana, Holwell notó que un viejo guardia “parecía tener en su rostro cierta compasión por nosotros.” Le habló y ofreció pagarle mil rupias el día próximo si llevase a la mitad de los prisioneros a otra habitación. El guardia se fue y volvió para decir que era imposible. Holwell ofreció duplicar el pago, con lo que el guardia volvió a irse y retornó para anunciar que el nawab se había ido a dormir y nadie se atrevía a despertarlo.
Para entonces, Holwell notó que al haber transpirado tanto, todos estaban doblegados por una “sed furiosa”, que “incrementaba a medida que el cuerpo despedía humedad.” Holwell sólo podía ser un testigo mudo ante la locura de sus ignorantes compañeros de prisión, quienes habían decidido sacarse su ropa: “Creo que a los pocos minutos todos estaban desnudos (excepto yo, Mr. Court y los dos jóvenes caballeros heridos junto a mi). Por poco tiempo se adularon a sí mismos de haber ganado una poderosa ventaja.” Algunos sugirieron sentarse sobre sus ancas. “Este recurso se puso en práctica varias veces, y en cada una de ellas muchas de las pobres criaturas, cuya fuerza natural era menor que la de otros o estaban más exhaustos, y no podían recuperar sus piernas inmediatamente como otros hacían, cuando se les decía que se levantaran, caían para no levantarse más; eran instantáneamente pisados hasta la muerte, o sofocados.”  Cuando todos estaban clamando por agua, el guardia viejo se compadeció y ordenó algunos barriles de agua. Instantáneamente Holwell supo que eso iba a tener “efectos fatales.” “Esto era lo que temía. Preví que iba a ser la ruina de las pocas chances que teníamos, y traté varias veces de hablar personalmente con él para prohibir que las traiga, pero el clamor era tan alto, que se volvió imposible.”
Paradójicamente, el gesto humano de un guardia de prisión trajo aparejado la destrucción de una multitud de prisioneros irreflexivos, incapaces de elevarse por encima de sus instintos animales. “Me había convencido a mí mismo que algunos, de haber tenido un temperamento mental equilibrado, hubieran sobrevivido la noche; pero la reflexión que me causó el dolor más grande fue, que no veía ninguna posibilidad de nadie perdurando para contar la triste historia”. Tan pronto como llegó el agua hubo una maniática carrera por ella. Los que estaban cerca de la ventana llenaron sus sobreros hasta el tope, pero “sobrevino una lucha tan violenta, y una competencia por alcanzarla, que antes de llegar a los labios de alguien, sólo quedaba una pequeña taza de té dentro ellos”. El insuficiente suministro de agua sólo aumentó la sed. “La confusión se volvió general y terrible. Algunos abandonaron la otra ventana (la única chance de vida que tenían) para abrirse paso hacia el agua, y la presión de la multitud se convirtió en insoportable; algunos, forzando su paso desde el otro lado de la habitación, aplastaban a aquellos en su camino, quienes tenían menos fuerza, y lo pisoteaban hasta la muerte.”
Sin embargo, Holwell estaba “feliz, con la misma calma mental que había tenido todo el tiempo, esperaba la muerte como inevitable, y sólo me lamentaba de la lentitud con la que se aproximaba.” En un momento de debilidad, había clamado por agua. Era tal el “respeto y la sensibilidad” que los otros prisioneros tenían por él que se le dio un sombrero lleno de agua. Pero no había alivio, y al darse cuenta de que esa no era la solución, decidió firmemente no beber más. En su lugar, “mantuve mi boca húmeda chupando cada tanto la transpiración de la manga mi remera, y agarrando las gotas cuando caían, como lluvia copiosa desde mi cabeza y mi cara: difícilmente puedan imaginar lo infeliz que era cuando alguna de ellas escapaba a mi boca.” Pronto descubrió que el hombre a su lado, desnudo como los demás prisioneros, también chupaba su manga: “Cuando lo detecté iba camino hacia la manga, pensé que mis reservas estaban suficientemente repuestas; nuestras bocas y narices a menudo se encontraban en la contienda.” Aquí había una insinuación de explicación científica, porque pareciera que Holwell estaba insinuando que, a diferencia del resto de multitud, él era consciente de que las sales de su sudor eran más útiles que el agua en su condición. “Antes de haber dado con este afortunado recurso, intenté, en un ingobernable ataque de sed, beber mi propia orina; pero era tan intensamente amarga que no pude soportar un segundo sorbo, mientras que no había agua Bristol más suave o agradable que aquella que surgía del sudor.”
La escena dentro de la prisión era de desorden violento. Los guardias parecían encontrarlo asombroso. Holwell estaba indignado. “¿Se puede creer, que esta escena de miseria fuera el entretenimiento de brutos desgraciados? Pero así era; y ellos se encargaron de suministrarnos agua, porque tal vez les satisfacía vernos pelear por ella, como lo dijeron, y mantenían las luces encendidas, para no perderse ninguna parte del entretenimiento inhumano.” Para Holwell, era imperdonable que ojos nativos hayan presenciado la degradación de un grupo de europeos a un estado de salvajismo natural. Lo único que podía hacer a modo de represalia era transferir el atributo de “brutalidad” de sus ignorantes compatriotas a los regocijados guardias indios.
A las once y media (no es claro como Holwell se las arreglaba para leer su reloj con tanta frecuencia en el interior de una celda oscura), “la mayor parte de los sobrevivientes se encontraban en estado de escandaloso delirio, y el resto eran incontrolables." Ellos maltrataron a los guardias y maldijeron al nawab.

Aquellos cuya fuerza y espíritu estaban algo exhaustos, se recostaban y morían silenciosamente sobre sus compañeros: los que aún tenían algo de fuerza y vigor, hicieron un último intento en la ventana, y muchos triunfaron saltando y luchando sobre las espaldas y las cabezas de quienes estaban en primera fila; se colgaban de las barras, pero no podían removerlas. Muchos a la izquierda y a la derecha se hundieron por la violenta presión, y se ahogaron rápidamente; porque ahora el vapor de los vivos y los muertos nos afectaba en todas las circunstancias, como si forzaran nuestras cabezas dentro de un recipiente lleno de un fuerte y volátil destilado de cuerno de ciervo, hasta ahogarnos.

Holwell necesitó utilizar algo de fuerza para mantenerse con vida, porque “desde las once y media hasta las dos de la mañana aproximadamente, sostuve el peso de un hombre pesado, con sus rodillas en mi espalda y la presión de todo su cuerpo sobre mi cabeza.” Había un sargento holandés sentado sobre el hombro izquierdo de Holwell, y un Topaz –esto es, un soldado indo-portugués- apoyado sobre el derecho. “A estos dos frecuentemente los corría, cambiando mi agarre en las barras, y poniendo los nudillos en sus costillas.” Pero hacia las dos en punto, Holwell estaba tan cansado que saco su navaja, y tomo la decisión de cortarse las arterias, “cuando el cielo se interpuso y me devolvió el espíritu fresco y el valor, y un aborrecimiento a tal acto de cobardía que estuve a punto de cometer.” Pronto, cree, se desmayó.
Cuando el día apareció, algunos de los prisioneros comenzaron a buscar a Holwell esperanzados de que tal vez intercediera con las autoridades para sacarlos de la celda. Lo reconocieron por su remera, enterrado en una pila de cuerpos desnudos y muertos, y se dieron cuenta que todavía estaba vivo. Mientras tanto, el nawab aparentemente dio la orden de liberar a los prisioneros. “Pero oh! Señor, ¿qué palabras utilizo para contarle todo el sufrimiento de mi alma al ver la terrible destrucción que me rodeaba? No voy a intentarlo; y, de hecho, lagrimas… detienen mi pluma.”
Holwell fue llevado ante Siraj. En el camino, uno de los guardias le dio la cordial sugerencia de que debía decirle al nawab dónde estaba escondido el tesoro de la Compañía o sino iba a ser despedido como de la boca de un cañón. “La intimación no me provocó ninguna preocupación; porque en esa coyuntura, yo estimaba la muerte como el mayor favor que el tirano me hubiera otorgado.” Siraj notó la condición miserable de Holwell y ordenó se traiga un gran folio para que se sentara. Luego de un trago de agua, Holwell trató de describir al nawab el terrible sufrimiento que los prisioneros habían experimentado. “Pero me frenó en seco, diciéndome, que él estaba bien informado acerca de un gran tesoro enterrado u oculto en el fuerte, y que se veía privado de él; y que si yo esperaba algún favor, debía entregarlo.” Holwell negó el conocimiento de cualquier tesoro. Frustrado, Siraj ordenó que fuera tomado bajo custodia en Murshidabad.

Al haber sido tratado con tal severidad, tuve razones suficientes para confirmar las siguientes cuestiones. El resentimiento del Suba por mi defensa del fuerte luego de que el gobernador lo abandonara; su urgencia a tomar el tesoro; y tercero, el resentimiento de Omychund por no liberarlo de prisión cuando tuve el comando del fuerte: circunstancia que, al calor y  apuro de la acción, nunca se me ocurrió, o lo hubiera hecho; porque consideraba injusto su encarcelamiento.”

El viaje de Holwell como prisionero a Murshidabad fue arduo. A cada paso, se le decía que ya no era el jefe del fuerte Alinagar -nombre que Siraj le había puesto al pueblo de Calcuta- y que debía obedecer. Cuando él y otros tres prisioneros ingleses desfilaron por las calles de Murshidabad, la vieja Begam, viuda de Ali Vardi y abuela de Siraj, repararon y se apiadaron de ellos, y probablemente intercedieron con el nawab en su favor. Los prisioneros fueron presentados ante Siraj al día siguiente. “El miserable espectáculo que dimos debe haber creado una impresión de lo más brutal; y si era capaz de sentir lástima o arrepentimiento, su corazón lo sintió entonces. Yo creo que a pesar de él, lo mostraba su rostro.” El nawab ordenó que se le removieran las cadenas y que Holwell y sus compañeros podían ir a donde eligieran. Se dijo que alguno de los cortesanos le sugirió al nawab que Holwell tenía suficientes fondos para comprar su libertad.

Ante esto, me informaron luego, el Suba replicó: “Puede ser; si le quedase algo, dejen que se lo quede: sus sufrimientos fueron enormes, el debería tener su libertad.” Si esto fue resultado de sus sentimientos, o la consecuencia de su promesa la noche anterior al viejo Begum, no lo puedo saber; pero creo, que en parte debemos nuestra libertad a ambos.

Un último punto debe señalarse antes de dejar la narración de Holwell. En el transcurso de la descripción de las caóticas escenas en la prisión del Agujero Negro, Holwell menciona a un oficial naval llamado Peter Carey y añade entre paréntesis, casi como una reflexión: “Su esposa, una mujer nacida en el país, no lo abandonó sino que lo acompañó a la prisión, y fue una de las sobrevivientes.” En la mañana del 21 de Junio, luego de enviar a Holwell, Court, Walcot y Burdet a Murshidabad, el resto de los prisioneros fueron liberados, “excepto”, escribió Holwell, “Mrs. Carey que era demasiado joven y hermosa.” Además de esta breve oración, no se dice una palabra más acerca de ella. Mucho se dirá luego de Faliceo Maria Carey.
No hay duda de que Holwell tenía un hacha para afilar. El asentamiento civil y el liderazgo militar abandonaron vergonzosamente el fuerte, y Holwell quedó para negociar la inexorable rendición. La tentación de mostrar la adversidad de la situación y su heroica devoción hacia el deber, en sus más dramáticos colores,  debe haber sido abrumadora para él, especialmente como folleto destinado a los accionistas de la Compañía y los miembros públicos de Gran Bretaña. También es real que para protegerse de los cargos de falta de exactitud e inconsistencia, Holwell evocó repetidamente en su retórica, la imposibilidad fundamental de representar este “trauma fundacional.”
Un lector consciente de la narración, sin embargo, no puede concluir en que el tema predominante es la brutalidad del nawab de Bengala y sus soldados; el valor de la disciplina mental y un juicio moral informado frente a desastre inesperado. En la narración, la carga de brutalidad de Siraj no es más que un prejuicio, incorporado en segundo plano. El nawab es mostrado como impaciente y obstinado tal vez, pero no de una manera cruel,  e incluso, no carente de compasión. Alguno de sus guardias son serviciales para con sus prisioneros. El escrito de Holwell es de hecho pedagógico, no acusatorio. Fue escrito para establecer lo que podrían llamarse principios elevados de disciplina moral para autogobernarse, destinado a su pueblo. Lo que los indios vieron de los europeos esa noche en el Fuerte William, destruyó todos las pretensiones de superioridad civilizatoria de las naciones cristianas blancas. Lo que Holwell parecía estar reclamando era educación moral para los británicos, para que sean dignos de gobernar sobre los moros y los Gentoos, impregnados de tiranía y depravación. Tal vez digamos retrospectivamente que él estaba pidiendo a las naciones imperiales que se civilizaran a sí mismas antes de asumir la tarea de civilizar a otras. En este alegato, él estaba un poco adelantado a su tiempo.


RECONQUISTA Y MÁS

Requiere un poco de esfuerzo orientarnos en las coordenadas temporo-espaciales del mundo del siglo dieciocho. Si lo logramos, no debería sorprendernos el hecho de que con la cantidad de meses que se tomó el Consejo de Madras para elegir una versión apropiada de los eventos, la noticia de la caída de Calcuta no llegó a los directores de la Compañía en Londres hasta el 4 de Junio de 1757, casi un año después del acontecimiento. Seis semanas más tarde, el 22 de Julio de 1757,  se enteraron por Holwell, que acababa de llegar a Londres luego de un viaje notablemente rápido de cinco meses, que Calcuta había sido reconquistada. En Londres, Holwell se involucró en las tramas laberínticas de la Compañía. Volvió a La India en 1758 y se convirtió en gobernador temporal del Fuerte William cuando Clive retornó a Inglaterra en 1760.
Fue por esta época que Holwell colocó su obelisco afuera de las paredes del fuerte para conmemorar las muertes del Agujero Negro. Hay una pintura hecha en 1760 y atribuida a Johan Zoffany, de Holwell parado frente al monumento en construcción, con un plano en su mano, dando instrucciones –o tal vez advirtiendo- a un encogido albañil indio. En su Narrativa Genuina, escrita cuando Siraj aún era jefe de Bengala, se encargó de enfatizar que el nawab no era personalmente responsable del confinamiento y el tratamiento de los prisioneros del Agujero Negro. En su monumento, sin embargo, ahora que Siraj había sido vencido y estaba muerto, Holwell escribió sobre la piedra su sentencia de que un “horrible acto de violencia” cometido por Siraj, había sido “amplia y merecidamente vengado” por Watson y Clive. De cualquier modo, en unos meses Holwell se encontró a sí mismo del lado incorrecto de las guerras facciosa y como su carta de renuncia a la Compañía aún navegaba de Londres a Calcuta, él mismo junto sus cosas y se fue a su casa.
  La historia de Bengala y La India había tomado e iba a tomar un giro decisivo. No se trataba de una pequeña cantidad de escándalos, como nos recuerda Nicholas Dirks. Los debates en torno a la pérdida de Calcuta concluyeron en el Fuerte St. George descubriendo que llegar a un arreglo con el nawab tenía poco sentido. Incluso si les permitía a los ingleses volver a Calcuta, probablemente insistiría en condiciones que eliminarían todos sus privilegios y los rebajaría a una posición similar a la que gozaban los comerciantes armenios. E incluso de esta manera, no habría garantía de que el nawab no fuera a imponer su propia voluntad. En consecuencia, en septiembre de 1756 se tomó la decisión de enviar un escuadrón real comandado por el Admirante Watson, junto a tropas de la Compañía lideradas por el Coronel Clive- fuerzas que estuvieron disponibles en Madras para luchar contra los franceses por la guerra desatada en Europa- para tomar por la fuerza el asentamiento de la Compañía en Calcuta. Clive fue instruido para emprender las operaciones militares necesarias para obligar al nawab a negociar un tratado “para mejorar las condiciones de la Compañía.” El consejo en Madras le escribió a su homólogo en Bengala:









Figura 6. John Zephania Holwell, Gobernador del Fuerte William, copia platinotipia de la pintura, probablemente hecha por Johan Zoffany, 1760. Junta de la Biblioteca británica. Todos los derechos reservados. Fuente: Biblioteca de imágenes británicas (P 587)


Consideramos que la mera toma de Calcuta no debería de ninguna manera suponer el fin de esta empresa; no sólo sus asentamientos debieran ser restituidos sino todos los privilegios garantizados en su totalidad por el Gran Mogul, e indemnizaciones por todas sus prolongadas pérdidas… No necesitamos mostrarles la gran ventaja que representan las operaciones militares… para crear la unión de todos los poderes de la provincia de Bengala que estén insatisfechos por la violencia del gobierno de nawab, o que tengan pretensiones de nawabship.

Clive especulaba: “Me convencí a mí mismo de que esta expedición no sólo iba  a suponer la reconquista de Calcuta, sino que el asentamiento de la  Compañía en ese territorio tendría condiciones más duraderas y mejores que nunca.”
De manera llamativa, los oficiales de la compañía francesa habían llegado a las mismas conclusiones respecto de la perspectiva comercial de los europeos en Bengala. La conquista de Calcuta por Siraj alarmó infinitamente a Chandernagore: “Su ejército, exaltado por el triunfo ante los ingleses, sólo esperaba las órdenes para venir por nosotros”. Se notificó que los europeos en Bengala eran tratados con desprecio. “El gobierno de Hugli nos trataba con una arrogancia inaguantable, frenó el curso de nuestros negocios y nos engañó sin disimulo hasta en los asuntos más sencillos.” La conclusión era clara: “Si el gobierno continúa en esta posición sufriremos mucho, y comerciar será extremadamente difícil.” Gran Bretaña y Francia se encaminaban a una guerra en Europa que duraría, en definitiva, siete años. Clive sabía lo que tenía que hacer: “Las noticias de una guerra tal vez interfiera en el éxito de ésta expedición. Sin embargo, en caso de que suceda y se generen hostilidades en La India, espero que seamos capaces de desposeer a los franceses en Chandernagore y dejar Calcuta en un estado defensivo.”
Siraj había dejado Calcuta a cargo de su oficial Manikchand. El nawab no hizo ningún intento por persuadir a Drake y a su flota anclada en las afueras de Phalta. Era como si esperase que los ingleses se dirigiesen a él para negociar los términos de su retorno a Calcuta. Probablemente no anticipó que ellos volverían con una fuerza lo suficientemente fuerte como para reconquistar el fuerte. Calcuta fue reocupada por las tropas de la Compañía el 2 de enero de 1757, sin una resistencia seria por parte del ejército del nawab. 
Pero las intrigas no cesaron allí. El agente bengalí de la Compañía se quejó de Clive ante los oficiales de Madras: “No comprendemos con qué autoridad usted ha asumido el derecho de delegar los poderes a ese caballero, y tratarnos como subordinados… La autoridad y la confianza que investimos por nuestros Honorables Maestros ha sido gravemente infringida ésta conducta sin precedentes.” En respuesta, Clive escribió: “La pérdida de la propiedad privada, y los medios para recuperarla parece ser la única cuestión que llama la atención a los caballeros de Bengala… Créanme, ellos son sujetos maliciosos y de corazón corrompido, y se adherirán a cualquier cosa para perjudicarlos… Los tesoros de Perú y México no deberían inducirme a habitar en ellos.” También se quejó de “las humillaciones” que había recibido “por parte del Almirante Watson y de los caballeros de su escuadrón, en busca de prerrogativas.” Aparentemente Watson insistió en autoproclamarse gobernador del fuerte, aun cuando el Fuerte St. George le había otorgado a Clive tal nombramiento, y habían persuadido al Almirante de renunciar.
Fiel a este mundo, Clive no frenó la reconquista de Calcuta. Armado con la autorización de sus superiores “para atacar Hugli o cualquier otro pueblo moro, o tomar represalias sobre los buques moros en el río… y disponer de los premios que se puedan tomar”, inmediatamente procedió a atacar y saquear el fuerte del nawab en Hugli. El pillaje de Hugli por parte de las fuerzas británicas fue masivo, y cuando Khwaja Wajid, el mercader armenio local, reclamó por las grandes pérdidas que había sufrido, Clive explicó: “Le aseguro que lo que se hizo no tenía intención de ser contra suyo, sino contra la ciudad de Hughley, en venganza por la ruina de Calcuta. Usted sabe muy bien de las circunstancias bárbaras con las que se planeó la destrucción aquel lugar, y se resolvió antes de dejar Chinapatam [Madras] que aquella ciudad debía sacrificarse.”
Durante los días siguientes, incluso habiendo propuestas e intercambios de cumplidos entre Clive y Siraj, éste último trasladó sus tropas hacia Calcuta. Escondido tras la niebla de una mañana de febrero, Clive lanzó una maniobra de alto riesgo sobre las tropas del nawab y aparentemente desconcertó a Siraj lo suficiente como para inducirlo a negociar un tratado, al que los historiadores refieren como el acuerdo de Alinagar, por medio del cual se restauraron los privilegios de los que los ingleses gozaban antiguamente. Incluso, se les permitió fortificar Calcuta y establecer una casa de la moneda allí. Siraj no accedió a restituir las pérdidas ocasionadas en Calcuta, Kasimbazar y Dhaka, pero devolvió todo el efectivo y los tesoros embargados. Se dice que Siraj ansiaba acordar la paz con los británicos debido a la amenaza del avance del jefe de Afghan, Ahmad Shah Abdali, que se movilizaba en dirección Este desde Delhi, lugar que acababa de ocupar. De cualquier modo, Siraj retornó a Murshidabad con sus tropas.
Existe un debate entre los historiadores acerca de quién inició y dirigió la conspiración que finalmente derrocó a Siraj del masnad en Murshidabad. Sin embargo, ninguno duda de que fue una conspiración. Un conjunto de argumentos descansa en la poca popularidad personal de la que gozaba Siraj entre las figuras poderosas del ámbito militar, así como entre la élite terrateniente y financiera de Bengala. Se decía que Siraj era arrogante, de carácter fuerte, e incluso perverso con aquellos que esperaban cortesía y respeto de un nawab joven. Muchas historias circulan respecto de su crueldad, no sólo entre los europeos, sino entre los escritos de los cronistas indios contemporáneos cercanos a la corte de Murshidabad. Se dice que había muchas personas poderosas en Bengala que estuvieron felices de ver el derrocamiento de Siraj.
Otro conjunto de argumentos señala la importancia del comercio europeo, y su profunda conexión con los grupos mercantiles y financieros de Bengala. Los británicos tenían poderosos aliados en la corte de Murshidabad que eran sus colaboradores en el negocio, especialmente los primos Mahtab Rai y Swarup Chand de la dinastía Jagat Seth, los banqueros más adinerados del mundo en aquel momento, o políticos mercantes como los Amirchand, Khwaja Wajid o Khwaja Petrus Arathoon. Ellos fueron vehementes participantes en la conspiración para deshacerse del irreflexivo Siraj, quién había debilitado las bases del comercio europeo en Bengala.
Finalmente, están aquellos que creen que a pesar de todas aquellas fuerzas opositoras a Siraj, la matriz no se hubiera moldeado sin la incidencia directa de Clive, Watts, Scrafton y otros oficiales de la Compañía de La India Oriental, quienes se habían convencido de que la única manera de asegurar los futuros intereses comerciales británicos en Bengala, frente a la depredación de los jefes locales y de la competencia francesa, era poner en el trono de Murshidabad un nawab dócil. Scrafton ha dicho esto en una carta a uno de los socios más cercanos de Clive, en víspera de la conspiración: “Por el amor de dios, déjanos proceder con el plan previsto… Otórguele a Mr. Watts un indicio, al menos un estímulo, y él se dedicará a formar una facción… Cuan glorioso sería para la Compañía tener un Nabob devoto de ella!”
Mientras tanto, llegaron noticias a Bengala de que en Europa había estallado la guerra entre Francia y Gran Bretaña hacía siete meses. Clive estaba decidido a atacar a Chandannagar, pero Watson insistió en pedir el permiso del nawab. A cambio Siraj anunció que no toleraría que dos naciones extranjeras llevaran adelante una guerra en sus territorios, y para mostrar imparcialidad, le dio a los franceses en Chandannagar los mismos privilegios que les había dado a los británicos en Calcuta. Clive comenzó el asedio de Chandannagar el 14 de marzo. Un soborno adecuado aseguró que Nandakumar Ray, el faudjar de Hougli, no involucrara a las tropas del nawab en la defensa de los franceses. Una semana más tarde, los franceses se rindieron, acordando dejar Chandannagar y todas sus factorías en Bengala a disposición del nawab y el Almirante Watson. El Fuerte d’Orleans de Chandannagar fue rápidamente saqueado y destruido por las victoriosas tropas británicas.
A mediados de abril de 1757, la conspiración para expulsar a Siraj comenzó con Yar Luft Khan, un oficial relativamente menor, impulsado por Jagat Seth como el pretendiente. Sin embargo, en unos pocos días, Mir Jafar, un cazador de fortunas árabes de Najaf, que era el comandante del ejército del nawab, se volvió la elección de los conspiradores. El 1 de mayo, oficiales británicos en el Fuerte William resolvieron formalmente unirse al complot:

El Comité tomó en consideración, si pudieran (consecuentemente con la paz hecha con el Nabob) participar del proyecto propuesto por Meer Jaffir de tomar el gobierno de Souragud Dowla, erigiéndolo… El comité, por unanimidad de opinión, concluyó que no habría dependencia en el mundo de este Nabob, honor y amistad y que una revolución en el gobierno sería extremadamente ventajosa para los asuntos de la Compañía.

Un tratado secreto fue concluido por Watts, el residente de la Compañía en la corte de Murshidabad, con Mir Jafar que sentó los términos de su alianza con los británicos luego de convertirse en nawab. Esto incluía una alianza militar, otorgándole todas las posesiones francesas a los británicos, enormes compensaciones por las pérdidas sufridas durante la ocupación de Siraj en Calcuta y la promesa del futuro nawab de no construir fortificaciones en el sur de Hugli. Además de los primos Jagat Seth, Rai Durlabhram Som, el ministro de ingresos del nawab, se unió al complot. Amirchand, una figura clave por medio de la cual los británicos negociaron con miembros de la corte del nawab, era tan desconfiado de Clive que su nombre se omitió de la lista de beneficiarios en la copia original del tratado secreto con Mir Jafar, y sólo estaba incluido en un duplicado mostrado a Amirchand. Consternado por la  trampa, Watson se negó a firmar la copia falsa, momento en el que Clive, que despojado de una consciencia delicada, falsificó la firma del Almirante.
Todo lo que faltaba era un pretexto para romper la paz con Siraj. El 13 de junio, Clive le envió al nawab un ultimátum acusándolo de no haber respetado el tratado de Alinagar y haber movido sus fuerzas hacia Murshidabad.  Siraj se dirigió a Palashi (Plassey) para encontrarse con Clive, alrededor de 150 km al norte de Calcuta y 50 km al sur de Murshidabad. Probablemente las fuerzas del nawab se contabilizaran alrededor de las cincuenta mil, mientras que las tropas que comandaba Clive eran de mil europeos y dos mil indios. Pero la conspiración aseguraba que tres generales del nawab –Mir Jafar, Rai Durlabh y Yar Luft- reducirían dos tercios del ejército al rol de espectadores silenciosos. La batalla duró de la mañana al atardecer con ningún bando sacándose ventajas. En ese momento, una repentina tormenta eléctrica convirtió el campo de batalla en un pantano. Las grandes provisiones de pólvora del nawab se volvieron inservibles con la lluvia. La artillería pesada difícilmente podía moverse a través del lodo. Cerca de las tres de la tarde, Mir Madam, uno de los comandantes más eficaces en el ejército del nawab, fue asesinado. Alarmado, Siraj suplicó a Mir Jafar y Rai Durlabh que salven su honor. Ambos le sugirieron que suspenda las hostilidades hasta la mañana próxima. Siraj ordeno a Mohanlal y los otros oficiales abandonar sus posiciones. En ese instante, las tropas británicas iniciaron un ataque que pronto acabó en la derrota de las fuerzas del nawab. Descubriendo que todo estaba perdido, Siraj abandonó el campo. La batalla había terminado cuando caía la noche.
El día siguiente, Clive escribió a Mir Jafar: “Lo felicito por la victoria, que es suya más que mía… Proponemos marchar mañana para terminar la conquista con la que Dios nos ha bendecido, y espero tener el honor de proclamarlo Nabob.” Siraj, mientras tanto, había vuelto a Murshidabad en la oscuridad de la noche y se marchó enmascarado al día siguiente. Mir Jafar fue proclamado nawab de Bengala, Bihay y Orissa el 29 de junio. Al día siguiente, Siraj fue descubierto, traído de nuevo a la capital y asesinado brutalmente bajo las órdenes del hijo de Mir Jafar el 2 de julio de 1757.


¿LA REVOLUCIÓN DE QUIÉN?

El cementerio Khoshbagh se encuentra frente al río Bhagirathi en la ciudad de Murshidabad. Un manto de muerte violenta se cierne sobre este austero jardín. Un recinto contiene las diecinueve tumbas pertenecientes, se dice, a los familiares de Siraj, todos envenenados durante un banquete organizado por Miran la noche siguiente. Hay una tumba, presuntamente de Dan Shah Fakir, un mendigo que reconoció al nawab fugitivo en la orilla del río cerca de Rajmahal y lo entregó a los espías de Mir Jafar. El joven hombre que trabaja como guía en Khoshbagh, explicó que Mir Jafar creía que un faquir que traicionase al soberano del país por amor al dinero podía fácilmente ser comprado nuevamente para traicionar al próximo soberano, por lo tanto lo mató a él y su familia. Ninguna de las historias de los guías, sin embargo, están respaldadas por el gazetteer oficial, que menciona que la mayoría de estas tumbas anónimas pertenecen a miembros desconocidos del linaje del Nawab Ali Vardi.
El modesto mausoleo en el centro Khoshbagh alberga la tumba de Ali Vardi, que ominosamente predicaba la llegada de los hombres de sombrero como gobernantes de las costas indias, pero aún él desconocía que ese hecho sucedería tan próximo a su muerte. A su lado está enterrado Siraj, “el último gobernante independiente de Bengala, Bihar y Orissa,” como anunciaba el guía con una voz profundamente emotiva. Las tumbas adyacentes pertenecían a Lutf-un-nesa, la esposa de Siraj y un hermano más joven, todos asesinados, señala el guía, inmediatamente después de la muerte del nawab. Los libros de historia no confirman los detalles de la narración del guía. Pero él tiene derecho a su licencia dramática. Palashi puede haber sido una pequeña batalla, pero las revoluciones que devinieron en Bengala fueron inconmensurablemente sangrientas.
A menudo, los historiadores han especulado acerca del pensamiento político en las acciones de Siraj contra los británicos. Es dudoso que alguien encuentre alguna vez una respuesta satisfactoria, dado el hecho de que Siraj murió en sus tempranos veinte años y gozó de poder sólo durante un año. Incluso, la opinión popular en Bengala acerca de su sucesor, Mir Jafar, es ambigua. Su palacio en Jafaraganj, en la ciudad de Murshidabad, ha desaparecido. Todo lo que sobrevive es una gran compuerta, impresionante incluso en sus ruinas, conocida en el pueblo como nimakharam deuri, la puerta del traidor.



Cátedra de Historia de Asia y Africa II, Universidad Nacional de Rosario
Material para fines educativos.
Agradecemos especialmente a la traductora.
Agosto de 2017.















No hay comentarios: