jueves, 28 de marzo de 2024

EL diario “La Tribuna” de Rosario y las organizaciones de lucha armada. (1969/1973), de Héctor Rubén Expósito

[Publicamos aquí la tesis de licenciatura de Héctor Rubén Expósito, de reciente culminación, dirigida por el profesor Juan Manuel Nuñez, en el marco de la Escuela de Historia de la Universidad Nacional de Rosario.
    Creemos que es de utilidad por el contenido propio establecido por el autor y, por supuesto, por el debate que ayuda a continuar.]
...

Introducción

El presente trabajo se inserta en el campo de la historia política de Argentina, de mediados del siglo XX, específicamente en la violencia política de esa etapa de nuestro país. El objetivo principal de esta tesina es analizar una publicación periodística de esta ciudad (Diario “La Tribuna”) para ver como presentó a sus lectores el accionar de las organizaciones de lucha armada, entre los años 1969 y 1973. El corpus documental de la investigación está compuesto por las noticias que van surgiendo cronológicamente y por las editoriales del diario mencionado. Asimismo, implica hacer una reconstrucción histórica de acontecimientos.

La periodización elegida se explica porque en ese lapso de tiempo aparecen en escena las principales organizaciones de lucha armada que van a dominar el espectro político por varios años. Ellas fueron, por orden de aparición: “FUERZAS ARMADAS PERONISTAS”-(FAP)-; “MONTONEROS”; “FUERZAS ARMADAS REVOLUCIONARIAS” (FAR); “FUERZAS ARGENTINAS DE LIBERACION” (FAL) y “EJERCITO REVOLUCIONARIO DEL PUEBLO”-(ERP).

Hacia 1969, nuestro país atravesaba por una experiencia política de gobierno, conocida como “Revolución Argentina”. Este proceso había comenzado con el derrocamiento del presidente Dr. Arturo Illia, el 28 de junio de 1966. A diferencia de los golpes de Estado anteriores, este fue innovador en cuanto no se fijó plazos sino objetivos. Se pensaban tres etapas sucesivas: económica, social y política. La mirada era de largo plazo, incluso en cuarenta y tres años, según lo expresara el Gral. Onganía. El nuevo gobierno militar pensaba que el sistema constitucional basado en partidos políticos y con elecciones cada dos años, podía ser efectivo en otros lugares, pero no aquí. Por ello dispuso la disolución de todos los partidos políticos; el cierre del Congreso Nacional; la remoción de los jueces de la Corte Suprema de Justicia; la intervención en todas las provincias y en las Universidades; una fuerte censura en los medios de comunicación y la cancelación de cualquier posibilidad de expresión del disenso. En pocas palabras, concentro en sus manos la totalidad del poder del Estado. Recién en marzo de 1967 tuvo su primer plan de acción económico, preparado por el segundo ministro de Economía, Dr. Adalbert Krieger Vasena. Este nuevo gobierno atravesó sin mayores inconvenientes los años 67 y 68, pero en el otoño de 1969, de manera inesperada, según se desprende de las noticias consultadas, una sucesión de insurrecciones populares de trabajadores y estudiantes, a lo largo del país, siendo más recordado el denominado “Cordobazo”, puso fin a las ilusiones de Onganía y sus seguidores. Las tres etapas quedaron en el olvido y los momentos social y político se adelantaron bruscamente. En el otoño siguiente, de 1970, el secuestro y muerte del Gral. Aramburu fue la gota que derramó el vaso, en una situación de extrema tirantez entre el presidente y los jefes militares. Tras un intervalo de nueve meses- (presidencia de Roberto M. Levingston)- la Junta de Comandantes designó a uno de sus miembros, Gral. Alejandro A. Lanusse, para el cargo de presidente, con el mandato de llevar adelante una salida institucional, mediante la convocatoria a elecciones generales. Por su parte, 1973 es el año del cierre de un período y del nacimiento de uno nuevo. El 11 de marzo se llevaron a cabo las elecciones generales, con la participación del partido peronista, hasta entonces proscripto. La llegada al poder de un gobierno con amplio respaldo electoral (49% de los votos), puso a las organizaciones de lucha armada ante una disyuntiva, un punto de crisis: integrarse en el nuevo proceso democrático y debatir en un marco parlamentario, o proseguir con la violencia de las armas en procura de sus objetivos.

Las organizaciones de lucha armada tenían en común la consideración de “enemigo” respecto del gobierno militar, calificado acertadamente de “Dictadura”. Veían, en cada una de sus intervenciones autoritarias, una defensa de intereses imperialistas.

Todas creían que la violencia era la única alternativa metodológica dado el fracaso del modelo republicano y democrático.

Algunas tenían como objetivo político principal el retorno de Perón a la Argentina y el levantamiento de la proscripción que pesaba sobre el partido peronista. Otras, inspiradas principalmente en la Revolución Cubana, tenían objetivos directamente revolucionarios: la transformación de la sociedad hacia un modelo comunista.

Si bien la investigación está centrada en las noticias y editoriales referidas a las organizaciones armadas, he creído necesario incorporar las noticias relevantes del gobierno de turno y sus respuestas represivas, así como las de otro actor político de la época, que por su gravitación era imposible de ignorar: me refiero a Juan Domingo Perón. Por razones teórico-metodológicas, el trabajo empieza con un capítulo dedicado a conceptualizar la violencia política, y a continuación un breve recorrido de nuestra historia, siglos XIX y XX, para mostrar como los líderes políticos fueron incapaces de aplicar un modelo de convivencia parlamentario. A modo de contextualización, presento un capítulo que muestra la problemática política argentina en la década del 60. Al ir mencionando a las organizaciones armadas, conforme van apareciendo en las noticias, he incluido una descripción del posicionamiento ideológico de cada una de ellas, para una mejor comprensión del fenómeno estudiado.

El diario elegido como objeto de estudio y fuente de noticias, tuvo una extensa actividad periodística en nuestra ciudad y zonas de influencia. Seguía al diario “La Capital” en orden al tiraje de ejemplares y ocupación de espacios publicitarios. La historia del medio mencionado tiene dos etapas bien diferenciadas: la primera entre octubre de 1928 y 1949; la segunda desde marzo de 1950 hasta diciembre de 1982. En su primera etapa el nombre del diario era “Tribuna”. Su primer número se editó el 12 de octubre de 1928, cuando Hipólito Irigoyen asumía su segundo y último mandato presidencial. “Tribuna” constituía el órgano de difusión del pensamiento político del Partido Demócrata Progresista. Su existencia se debió a dirigentes liderados por Dr. Enzo Bordabehere, a quien acompañaron Mario Antelo y Vicente Pomponio. Enzo Bordabehere fue su director hasta su muerte en el Senado de la Nación, en 1935. Si bien tenía una clara orientación ideológica, sus fundadores insistieron en dejar aclarado que el diario mantenía su independencia de las autoridades partidarias. Llevaba como subtítulo una frase escrita por Lisandro de la Torre: “Los que saben a dónde se dirigen y van marchando por el por el camino recto, no lo recorren solos durante mucho tiempo”. De acuerdo con sus editoriales, “Tribuna” defendía la libertad de expresión, el respeto a las instituciones republicanas y a la democracia como forma política de convivencia. Fue explícitamente anti-fascista, brindando amplio espacio para la difusión de los problemas locales y regionales. La llegada de la revolución del 4 de junio de 1943 y, más tarde, del peronismo al poder, con una fuerte censura y control de los medios de comunicación opositores, que como en el caso de “Tribuna” ejercían una dura crítica, censura ejercida mediante la asignación de cuotas de papel para imprimir- importado-, complicó seriamente las posibilidades de mantener la empresa editorial. El diario estuvo clausurado desde enero a agosto de 1949. Al volver a editarse, la limitación a seis u ocho páginas, determinó su cierre. El último número de la primera época, esta conservado en la Biblioteca del Museo Dr. Julio Marc, del 30 de diciembre de 1949 (1).

viernes, 23 de febrero de 2024

Rusia en Asia, de Alfred Rieber (2018, traducción)

 


"Rusia en Asia", de Alfred J. Rieber1, Department of History, Central European University

Traducción: Ramiro de Altube (UNR)

Descargar el pdf completo

https://doi.org/10.1093/acrefore/9780190277727.013.269

Published online: 26 February 2018

Resumen

A lo largo de la historia de Rusia, observadores nacionales y extranjeros han intentado definir las similitudes y diferencias entre Rusia y Asia, combinando geografías simbólicas y físicas, a menudo como un corolario de la relación de Rusia con Europa. Tanto los conceptos como las líneas fronterizas cambiaron a medida que el Estado ruso se expandía a partir del siglo XV en adelante, desde una base territorial pequeña en el sur y este del Alto Volga hasta incorporar territorios habitados por pueblos asiáticos. La conquista fue acompañada por patrones desiguales de colonización, intentos erráticos de conversión a la ortodoxia y rusificación. Estos procesos variaron en los encuentros (encounters) con diferentes poblaciones y paisajes a lo largo de cuatro principales fronteras, el Pre-Volga y Siberia, la Estepa Póntica, Transcaucasia y Trans Caspia. En 1914 el Imperio ruso era un Estado multinacional que no había resuelto los problemas fundamentales de su autopercepción como una civilización ni la estabilidad de su dominio.

Palabras clave: geografía, conquista, colonización, conversión religiosa, identidad cultural, imperialismo, Orientalismo, rusificación, fronteras


Límites y fronteras

Desde que los escritores griegos y romanos fijaron el límite que separa a Europa y Asia en el río Don, la idea de una delimitación clara entre los dos continentes ha demostrado ser más simbólica que real. Observadores occidentales y rusos llegaron a infundirle un significado cultural (además de geográfico) que fue la razón principal de la importancia que le concedieron. Trazado originalmente para incluir las colonias griegas en la costa norte del Mar Negro y aceptado en Europa durante mil años, el límite del Don ignoraba las migraciones periódicas de los nómades asiáticos y, como fue el caso con los magiares y los cumanos, los asentamientos en la llanura danubiana. Se incluían dentro de sus límites sucesivamente las tribus eslavas del este, a medida que migraban desde la región de los pantanos de Pripet y los poco-vinculados principados de Kievan Rus. Pero las invasiones mongolas del siglo XIII abrumaron a los rusos, los privaron de su soberanía y los sumieron de nuevo en Asia durante dos siglos.

Una forma de ver la relación de los rusos con Asia a partir de este punto en adelante es verla como una larga lucha para recuperar su soberanía y luego asegurar una identidad europea. Incluso después de que Pedro el Grande abriera la ventana a Europa, la antigua frontera no fue desafiada hasta mediados del siglo XVIII, cuando el historiador ruso V. M. Tatishchev propuso las montañas de los Urales en su lugar. Pero los estadistas europeos, desde Sully hasta Federico el Grande, objetaron. Incluso los rusos continuaron percibiendo la estepa al norte del Mar Negro como asiática en su “barbarie”.1 Sólo después de que Rusia fue admitida en el Concierto de Europa como miembro constituyente en el Congreso de Viena en 1815, las grandes potencias ajustaron la geografía a la política al respaldar a los Urales como el límite con Asia.2 Sin embargo, Metternich2 todavía podría bromear: “Asia comienza en la Landstrasse3”.

La nueva línea de los Urales todavía dejó la mayor parte del territorio del Imperio Ruso fuera de Europa, aunque no, al parecer, a los rusos y ucranianos que se reasentaron allí. El único caso comparable de un país dividido entre dos continentes fue el Imperio Otomano, pero con un giro inverso: una potencia asiática había adquirido territorios en Europa. Los otomanos, como los rusos, habían esperado su turno para ser admitidos en el Concierto Europeo hasta el Tratado de París que puso fin a la Guerra de Crimea en 1856, irónicamente en vísperas del más rápido deterioro de la posición otomana en Europa. La política internacional, en este caso dirigida contra los rusos, nuevamente superó a la geografía.

jueves, 28 de diciembre de 2023

Nacer mujer en la china tradicional: una vida de sumisión al interior del espacio doméstico, de Emiliana Carla Vega

 


Introducción

El presente escrito se constituye en una aproximación al estudio de la mujer en la sociedad de la China tradicional. Desde el inicio, el objetivo propuesto significó un gran desafío vinculado, por un lado, a la búsqueda de material disponible sobre dicho tema y, por otro lado, a aquella cuestión que como bien plantea Juan Alberto Lozoyai refiere a que a pesar del gran interés contemporáneo por conocer mejor a China, no abundan como debieran las obras generales sobre el pueblo chino, su civilización y su compleja historia. Esta situación no hace más que responder a los prejuicios presentes a la hora de abordar a esta región debido a su lejanía geográfica, incluso como plantea Lozoya en una era como la actual que presume de los medios de comunicación y transportación; prejuicios que muchas veces conducen a la existencia de clichés y superficialidad, cuando se trata de esclarecer algunos de los aspectos de la misma, dificultando poder observar así sus singularidadesii.

Sin embargo, desafiando esta concepción con la cual concuerdo en muchos aspectos, y sorteando los primeros obstáculos con los cuales me topé, inicié un arduo camino en la búsqueda de información que me permitiera llevar adelante mi investigación. En el transcurso de la misma me hallé frente a excelentes trabajos en relación a la cuestión de género en China; trabajo que centrados a lo largo del siglo XX analizan desde esta perspectiva aquellos cambios producidos en la condición social, cultural y política de la mujer colocando especial énfasis en la relación existente entre los mismos y la reestructuración al interior de la institución familiar llevada a cabo a partir del triunfo de la Revolución Comunista del año 1949. Si bien estos fueron de un gran aporte en cuanto a la valiosa información sobre la historia de las mujeres chinas en el siglo XX, período durante el cual adquirieron la dimensión de ciudadanas, o patriotas, por su implicación y contribución a la política, la sociedad y la economía; el hecho de que los escritos estuviesen enfocados en la contemporaneidad hizo que decida posicionarme frente a ellos reflexionando sobre la condición en que se hallaron las mujeres previo a la Revolución Comunista, es decir, en la china prerrevolucionaria durante el período de la Dinastía Qing. Así, lo que se pretende a continuación es analizar “el rol y la posición de la mujer en la sociedad de la China Tradicional”.

Teniendo en cuenta los aspectos descritos y a partir de los trabajos a los que me fue posible acceder, pude observar que en el período tradicional no puede abordarse a las mujeres sin pensarlas dentro de un contexto histórico general caracterizado por la existencia de un modelo de organización social de carácter jerárquico patriarcal que basado en los preceptos del confucianismo concedió el máximo valor a la familia tradicional, siendo esta la única institución que otorgó identidad a las mujeres, convirtiéndose por lo tanto en el único espacio de adscripción a la existencia de la mismas a través de la práctica del matrimonio. Esto me condujo a pensar que llevar a cabo el análisis deseado implicaba en primera instancia poder comprender la relación existente entre dicho sistema socio-patriarcal y la institución familiar, para luego poner el foco de atención en el análisis del sistema familiar a través de sus elementos ideológicos y de esta manera abrir paso a problematizar a la mujer al interior del mismo.

En primer lugar, al referirnos a la existencia de un modelo de organización jerárquico y patriarcal considero importante en primera instancia hacer alusión al concepto general de patriarcado. Para esto me valdré del trabajo de la historiadora y escritora Gerda Lerner, quien plantea que el mismo constituye un sistema histórico, es decir, posee un inicio en la historia y cuenta con un proceso de formación que no se ha dado de repente, sino que por el contrario, se desarrolló en el transcurso de casi 2500 años, aproximadamente desde el 3100 al 600 a.Ciii. Por otro lado, debe señalarse que este proceso ha tenido lugar a un ritmo y época distintos en las sociedades del Próximo Oriente. Ahora, si tenemos en cuenta que el patriarcado se basa en la subordinación de las mujeres a la figura masculina, debemos preguntarnos en este punto para luego poder indagar sobre la especificidad del mismo en China cómo, cuándo y por qué se produjo dicha subordinación.

jueves, 4 de agosto de 2022

LA SALUD-ENFERMEDAD COMO OBJETO MULTIDIMENSIONAL Y LA IMPORTANCIA DE UN ABORDAJE INTERDISCIPLINARIO PARA SU COMPRENSIÓN, por Mario Chavero

Docente invitado, Facultad de Humanidades y Artes, UNR. Julio de 2022.


PRESENTACIÓN: EL ¿“SÍNDROME DE CHINA”?

La impactante aparición en Diciembre de 2019 de una epidemia en Wuhan (China), causada por un nuevo virus, el SARS-CoV-2, propagada rápidamente a otras regiones de China y a otros países del mundo, significó un golpe contundente a la “normalidad” en la que transcurría la historia mundial. Normalidad caracterizada por cuestiones tan “naturales” como una inequidad pasmosa en todas las dimensiones sociales: sanitarias, laborales, ejercicio de derechos humanos básicos, creciente e imparable apropiación privada y destrucción de los recursos y ecosistemas naturales con la consecuente pérdida de la biodiversidad, cambio climático y calentamiento global, y otras bondades por el estilo. A la fecha —17/6/2022— se contabilizan en el mundo más de 567.000.000 millones de casos informados y más de 6.387.000 muertes; ambas cifras con un importante subregistro de hasta 3 o 4 veces mayor que el oficial (Adam, 2022). En nuestro país las cifras superan los 9.426.000 casos informados y las 129.000 muertes (worldometers).

La reflexión sobre esta pandemia y su impacto en el momento actual es una buena ocasión para revisar algunos supuestos que están en juego, supuestos que a primera vista muestran su faz política e ideológica pero que guardan una estrecha relación con determinados fundamentos epistemológicos —con este término nos referimos en realidad a tres dimensiones que consideramos fuertemente imbricadas: la ontológica, la epistemológica y la metodológica—. Estos, condicionados en general —aunque no determinados mecánicamente— por nuestro “ser o existencia social”, por usar la fórmula de Marx, son fundamentales a la hora de intentar comprender cómo “vemos el mundo” y porqué, en ocasiones, existen explicaciones tan disímiles sobre determinados hechos y problemas comunes. Asimismo, y basados en distintas teorías, conceptos y categorías con los cuales tratamos de “diseccionar” y comprender la realidad, se distinguen también las diferentes acciones emprendidas ante tales hechos.

Pero debemos preguntar: ¿es esta pandemia un evento inesperado y extemporáneo en el panorama epidemiológico-sanitario mundial? ¿O por el contrario forma parte de una dinámica, de una tendencia con antecedentes en el pasado reciente y que se afianzará y manifestará de manera cada vez más frecuente e intensa?

Por otro lado, ¿cómo dar cuenta y explicar un hecho tan complejo como una enfermedad, y más aún, una pandemia? Es claro que una tarea como esta no puede ser patrimonio exclusivo de un solo campo del saber, de una sola disciplina. Se hace necesario aquí un abordaje interdisciplinario ya que el objeto mismo de investigación así lo demanda.

Es en este abordaje donde la Historia en tanto disciplina científica puede aportar a la comprensión del objeto en cuestión. Pero ¿de qué manera la historia interviene en relación a este objeto? ¿Tiene un solo modo de hacerlo o existen varias maneras de realizar la investigación histórica de acuerdo a distintos enfoques, métodos o aún “paradigmas” dentro de esta disciplina?

Diego Armus (Armus, 2000), por ejemplo, analizando la historiografía de las últimas décadas en nuestra región, postula la existencia de tres formas de encarar los estudios históricos, de acuerdo a diferentes “agendas de trabajo”. Por un lado destaca la historia tradicional de la medicina y los intentos de renovación de este enfoque; luego la historia de la salud pública, con un fuerte peso de lo institucional, de la profesión médica, y del Estado; por último, lo que llama la “historia sociocultural de la enfermedad”, a la que adscribe.

Pero la magnitud y el impacto de la pandemia que aún estamos atravesando, con las gravosas consecuencias en todos los ámbitos de la vida para el común de la población, autoriza a preguntarnos de qué manera la enfermedad, fenómeno biológico y social, puede determinar a su vez el devenir histórico de la humanidad. Es decir, preguntarnos por su rol en la historia.

martes, 2 de agosto de 2022

HISTORIA DE LA MEDICINA/SALUD PÚBLICA- ÉPOCAS “ANTIGUA” Y “MEDIEVAL”, por Mario Chavero

Docente invitado de la Facultad de Humanidades y Artes de Rosario, 2022.


Resumen: Esta ficha tiene como objetivo proveer información general sobre hechos relativos a la historia de la medicina/salud/salud pública. Consta de 2 partes, consistentes cada una en un traducción de partes de textos de autores consagrados en el estudio de la Historia de la medicina/salud: George Rosen y Henry Sigerist. Aquí no se pronuncian juicios de valor sobre las aseveraciones de los textos originales, tan sólo se traducen los mismos.

martes, 24 de mayo de 2022

Construyendo la Historia Obrera: Entrevista a Armando Jaime

Texto para bajar enPDF




Traemos a la luz esta entrevista al salteño y revolucionario Armando Jaime (así se definiría él). Exponente de la rebeldía obrera en el norte de nuestro país y referente de la histórica CGT Clasista de Salta, fue también uno de los fundadores al interior del peronismo, del movimiento crítico que se conoció genéricamente como el Peronismo Revolucionario.

Su historia personal, expone uno de los tantos- y diversos- caminos tomados por una generación que marcó con honor a la historia de nuestro pueblo. Con esta publicación queremos, además, valorar la iniciativa y reconocer el esfuerzo del historiador rosarino Leónidas Noni Ceruti que al realizar esta entrevista valoriza y da sentido a la historia obrera desde los testimonios de los hombres del Pueblo. Agradecemos también a los compañeros, familiares y amigos de Armando Jaime que nos hicieron llegar este material único y riquísimo para conocer parte de nuestra historia popular. 

Entrevista a

 

ARMANDO JAIME

(1932-2018)

SU VIDA, MILITANCIA Y LEGADOS

 

INTRODUCCIÓN

 

La recuperación del pasado en una sociedad a través de la conservación de los testimonios de los protagonistas, es una actividad necesaria para fortalecer el nexo entre el pasado y el presente. Nuestro país, nacido al calor del proceso modernizador, ligado a una concepción del progreso indefinido, ha relegado la conservación de la memoria.

A través de los testimonios orales es posible acceder a un mundo que no ha quedado asentado en el papel.

Con las “historias de vida” se apunta a diversos ejes que se cruzan entre sí para poder comparar vivencias, reconstruir la biografía del entrevistado, cotejar las informaciones.

Los testimonios de los protagonistas ofrecen sentires, sensaciones, momentos, que si bien han sido mediatizados por los recuerdos, constituyen en sí mismos historia. También expresan “su” balance de la experiencia pasada, llena de contradicciones y conflictos, que en definitiva alude tanto a la época pretérita como a la actual.

martes, 22 de febrero de 2022

"Afganistán, Quo vadis?", por Luis Edel Abreu Veranes

Afganistán, Quo vadis?, por MCs. Luis Edel Abreu Veranes. Departamento de Historia. Universidad de La Habana


(Foto: Telam)

De los convulsos años setenta

Con una centralidad geográfica en el continente asiático se levanta el territorio de Afganistán que históricamente se ha convertido en corredor e intersticio civilizatorio entre imperios persas, indostánicos y pueblos que fluyen desde el norte, algunos de ellos turcófonos, que han marcado y modelado la síntesis étnica que hoy integra ese heterogéneo país centroasiático. Afganistán, en la actualidad con una población de más de treinta millones de habitantes, lo integra un conglomerado multiétnico cuyo grupo predominante son los pastunes seguido por los tayicos, hazaras y uzbecos. También existen etnias minoritarias como los baluches, turkomanos, nuristani, brahui entre otros que tienen menor peso demográfico y que se distribuyen por todo el país caracterizado por una diversidad topográfica del terreno que, también, ha permeado la identidad de estos pueblos.

Desde el punto de vista lingüístico el pashtu y el dari son las lenguas predominantes y oficiales de la nación, hablados por los grupos étnicos mayoritarios. La primera es una antigua lengua irania cuya escritura es a través de caracteres arábicos modificados y hablada por el pueblo del propio nombre que se encuentra en Afganistán y los grupos que comparten dicha identidad étnica del lado de la frontera de Paquistán. Mientras, el dari es una variante afgana del persa también conocido como farsi y es la lengua de varias de las etnias que integran el país, como los tayicos, los hazaras y otros grupos menores que tienen al dari como su lengua materna. Existen idiomas minoritarios como el hazaragi y el uzbeco y otras de menor peso en el conjunto de la población afgana.

Para tender una conexión directa con el fenómeno talibán en la historia contemporánea de Afganistán, se deben comprender los procesos estremecedores de la historia durante las últimas décadas en dicho país, principalmente aquellos que acaecieron a partir de los años setenta del siglo pasado. En la séptima década del siglo XX Afganistán se encontraba frente a la disyuntiva de la modernización en el contexto del poder monárquico de Zahir Sha, y algunas fuerzas políticas eran depositarias de esas tendencias modernizadoras. Uno de los personajes que representaron el interés por la modernización capitalista del país fue Mohamed Daud, emparentado con la monarquía y que había desempeñado altos cargos públicos durante el gobierno monárquico. Su alianza con sectores del ejército y otras fuerzas políticas de diferente signo ideológico nucleados en torno al movimiento del Club Nacional , le valió el apoyo para protagonizar el golpe de Estado en 1973. Fuerzas progresistas como el Partido Democrático Popular fundado en 1965 por Nur Mahamed Taraki, apoyaron inicialmente el golpe de Daud, cuya proyección modernizadora contrastaba con las fuerzas políticas del antiguo régimen. Al inicio de la gestión de su gobierno, el discurso de Daud estaba permeado de ideas relacionadas con un “socialismo afgano” o “socialismo nacional” que eran el reflejo del impacto internacional de dicho sistema en algunos sectores sociales de orientación progresista en Afganistán. En el poder este régimen experimentó un curso de empantanamiento, relacionado con la proyección moderada de algunos de sus aliados y del complejo panorama etno-religioso en el país de Asia Central, por el camino se fue orientando hacia un desenlace cada vez más conservador que abandonó aquella fraseología inicial y algunas de las medidas más progresistas fueron abandonadas, quedaron en el tintero o no se aplicaron de la forma correcta. Por su parte, el Partido Democrático Popular, de orientación marxista, había alcanzado gran arraigo en determinados sectores del ejército por su origen humilde, o porque algunos habían estudiado en la Unión Soviética, o ya sea por la misma labor del partido en este sector. Lo cierto era que para el año 1978 la gestión de Daud se proyectaba hacia una política represiva que desencadenó lo que se conoce como Revolución de Abril, un movimiento que condujo a los comunistas a la toma del poder, a través de un golpe de Estado al gobierno de Daud.

EL diario “La Tribuna” de Rosario y las organizaciones de lucha armada. (1969/1973), de Héctor Rubén Expósito

[Publicamos aquí la tesis de licenciatura de Héctor Rubén Expósito, de reciente culminación, dirigida por el profesor Juan Manuel Nuñez, en ...