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viernes, 6 de marzo de 2015

Luchas del pueblo: A cuarenta años de la huelga de Villa Constitución (2)


Fragmentos, relatos, recuerdos...

La infancia pasó como un viento. A la memoria del Negro Galarza.
por Maria Margarita Jouve

Al Negro Galarza lo conocí de casualidad en una reunión. Supe que había participado en la Huelga de Villa y a mí me interesaba preguntarle cosas que creía necesarias para mi literatura así que nos juntamos en una mesa de mates para poder conversar. Cuando Galarza hizo accesible su palabra yo encendí el grabador. Quería preguntarle su infancia y él hablaba de la Huelga, yo le decía que me cuente de sus padres y él hablaba de la Asamblea. Y así estuvimos como media hora sin poner de acuerdo preguntas con respuestas. Ante mi insistencia para que me contara el replicó “mire señora…para mí la infancia pasó como un viento”.

Me di por vencida en el afán de dirigirlo y dejé que hablara sin molestarlo. Cuando terminó se hablar se levantó y me dijo: “señora, usted que quiere hacer un libro, me dio una gran idea, que me ponga a escribir todo eso. Si quiere la próxima vez le cuento más cosas”.
Quedamos en que lo llamaría en cuanto tuviese mi idea redondeada. Después de un tiempo yo seguía dando vueltas sobre ese asunto de la escritura…en ese momento me enteré que a un par de meses de haber cobrado la pensión por los años ignominiosos de la prisión, Galarza había muerto.
Me acongojó la dilación, me acongojó no haberle ganado la carrera a la muerte. Con pesar escucho en el grabador las palabras que quedaron de aquel luchador sin infancia, como homenaje de lo que fue y con el pesar de lo que ya no será:

“Yo trabajaba desde los once años, entraba a las 12 de la noche en una panadería, después a los diecisiete entré a la fábrica”
“En Vilber trabajaba con Victorio Paulón y juntos fuimos al Comité de Lucha, a la Asamblea, a pelear por la huelga, yo habré tenido unos veinte años”.
“En ese tiempo los jóvenes pensaban maravillosamente, y vivían como pensaban, que lindo sería que la juventud de hoy mirara para atrás y creyera que la lucha es el camino…”.
“Las decisiones eran muy democráticas en la UOM de Villa, allí había ganado el clasismo y nos enfrentábamos duramente con Lorenzo Miguel y sus secuaces, los traidores”.
“La huelga era una pelea dura pero nos llevaba un entusiasmo tremendo porque creíamos que podíamos cambiar las cosas, sacar los presos de la cárcel y mejorar la vida”.
“Las Asambleas de Villa son tan famosas porque era lo más democrático que había. Estaban todas las tendencias de izquierda representadas. Hablaban y opinaban todos, después votábamos y la decisión que se tomaba era llevada hasta las últimas consecuencias hasta la próxima asamblea que se hacían cada ocho horas”.
“Después cuando ya estábamos sitiados por la policía y ese ejército de fachos que nos mandaron, sacamos la huelga a los barrios y hacíamos asambleas rápidas, relámpagos, para que no nos apresaran”.
“Venían jóvenes de todos lados estudiantes obreros de otras fábricas, maestras, enfermeras, abogados y abogadas, tanta gente…nos daba una fuerza interior increíble…tanta solidaridad!”
“Me emociona pensar en esas mujeres y en esos pibes haciendo el aguante afuera…si hay una palabra que defina al pueblo de Villa es que fue heroico”.

“Éramos unos pibes, y luchamos hasta el último día. Ya con la mayoría de los dirigentes encarcelados, algunos muertos y los telegramas de amenaza de despido se nos desdibujaba la huelga, se nos iban las fuerzas y había que tratar de arreglar algo para poder levantar, no queríamos levantar…”.
“Con cada compañero muerto el odio nos crecía en las vísceras”.
“Señora, fuimos los últimos en irnos, con la rabia, el dolor…Pacho Juárez, el Negro Segovia, Pepe Kalauz y yo estuvimos en la última asamblea. Fuimos los últimos en irnos…”
“Después vino la cárcel, terrible… después de la cárcel sentí que había perdido todo…”

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