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viernes, 22 de marzo de 2019

EL MÉTODO DIALÉCTICO DE CONOCIMIENTO Y TRANSFORMACIÓN, por Mario A. Chavero

Parte III



MARX Y EL MÉTODO ASCENSIONAL, DE ASCENSO DE LO ABSTRACTO A LO CONCRETO O DE LA ECONOMÍA POLÍTICA.

...que Dios le inspire o que Dios le ampare,
que esos no se han enterado
que Carlos Marx está muerto y enterrado.
J. M. Serrat. Disculpe el señor.

Marx trata la dialéctica en varios pasajes de su obra sin llegar a hacer nunca una exposición sistemática. Es consciente de la importancia de este tópico y llega a lamentarse por esa falencia en su producción y a ilusionarse con la posibilidad de realizar dicha tarea.[1]

Sin embargo, más allá de esta declaración de intenciones, es posible leer en este autor numerosas referencias a la dialéctica dispersas en sus distintas obras. Además, numerosos autores han insistido en que el propio entramado de su obra cumbre, El Capital, es una construcción basada en una concatenación dialéctica de categorías, que debe mucho al desarrollo de la dialéctica hegeliana, fundamentalmente desarrollada en la Ciencia de la Lógica. Quizá debemos a Marx mismo el hecho de haber subestimado (o intentado subestimar) la importancia y el lugar fundamental que tiene esta última tanto en su método de investigación, como en el de exposición (Marx, 1983: PFSEA),[2]  y haber tomado a pie juntillas sus diatribas y exclamaciones condenatorias del método hegeliano, arrogándose la elaboración de un método que no solo “difería por su  base”, sino que además era “todo lo contrario” al de Hegel (Ibíd.)[3] El propio Lenin, luego de haberse dedicado a leer la obra de Hegel, y fundamentalmente su Gran Lógica, concluyó que no podía entenderse El Capital de Marx si antes no se estudiaba y comprendía “exhaustivamente” ese texto de Hegel (1961: 180). Pero Lenin mismo había escrito ya dos años antes de esa conclusión, en 1913, tras un exhaustivo análisis de la correspondencia entre Marx y Engels: “(S)i intentáramos definir con una sola palabra el foco, por así decirlo, de toda la correspondencia, el punto central en que converge todo el cuerpo de ideas expresadas y discutidas, esa palabra sería dialéctica. La aplicación de la dialéctica materialista a la revisión de toda la economía política desde sus fundamentos, su aplicación a la historia, a las ciencias naturales, a la filosofía y a la política y táctica de la clase obrera: eso era lo que interesaba más que nada a Marx y Engels, en eso aportaron lo más esencial y nuevo, y eso constituyó el avance magistral que produjeron en la historia del pensamiento revolucionario”. (Lenin, 1977).

Marx, entonces, ha hablado y hecho amplio uso de la dialéctica a lo largo de su extensísima obra. Ateniéndonos a sus propios términos, podemos hablar de la dialéctica como el “método de la economía política”. En 1857, escribe una Introducción a su obra Crítica de la Economía Política, que sería publicada recién en 1903, en alemán y traducida al inglés al año siguiente. Entre  1939 y 1941 aparecen publicados dentro del texto que sería conocido como Grundrisse (“Esbozo” o “Elementos fundamentales”, en su traducción al castellano). En dicha Introducción (2001: 20-30) va a ejemplificar de manera sucinta uno de los modos en los cuales él entendía la dialéctica. A Marx le interesa el análisis (y la transformación) de la totalidad social. Para dicho análisis plantea la necesidad de comenzar por lo “real y concreto”, por lo dado, por el “supuesto efectivo”; esto es, “la población”. Pero inmediatamente señala que la población es una “abstracción” si se dejan de lado las clases de las cuales esta está compuesta, y que estas (clases), a su vez, también son una abstracción si se desconocen los elementos sobre los cuales se sostiene: trabajo asalariado, capital, que suponen, a su vez, el cambio, la división del trabajo, los precios, etc. Sin tener en cuenta los elementos que componen eso que se suponía “real y concreto”, se tendría una “representación caótica del conjunto”. Pero teniendo presente dichos elementos y avanzando en su análisis, se tendrían conceptos cada vez más simples, menos determinados o con determinaciones más simples. Llegado a este punto (conociendo los elementos más simples, menos determinados, más abstractos) podría emprenderse el camino “de regreso”, “ascendiendo” hacia el punto de partida (la población), pero ahora convertida esta en una “rica totalidad con múltiples determinaciones y relaciones” (al conocerse y haberse analizado previamente sus partes componentes). Ese punto de llegada ahora es un concreto, pues es la síntesis de “múltiples determinaciones” y por ende “unidad de lo diverso”. Este es el “método que consiste en elevarse de lo abstracto a lo concreto” (cursivas nuestras), que es la manera que dispone el pensamiento para apropiarse de lo concreto y “reproducirlo como un concreto espiritual”. Y Marx se pregunta acerca de la anterioridad cronológica del desarrollo de las categorías más simples/abstractas con respecto a las más complejas/concretas.  Las categorías más simples pueden expresar “las relaciones dominantes de un todo no desarrollado o las relaciones subordinadas de un todo más desarrollado, relaciones que existían ya históricamente antes de que el todo se desarrollara en el sentido expresado por una categoría más concreta”.[4] Más adelante insiste en lo erróneo que sería estudiar las categorías (“económicas” dice nuestro autor, pero esto puede hacerse extensivo a categorías de otros campos de conocimiento) “en el orden en que fueron históricamente determinantes”, en vez de entender que su orden de sucesión está determinado por la relación entre ellas en la situación actual analizada (la “moderna sociedad burguesa”, que es su objeto de análisis). Para graficar este desarrollo sostiene que “la anatomía del hombre es una clave (para conocer) la anatomía del mono”, con lo cual quiere significar que el estadio posterior y más complejo (cronológicamente) sirve para comprender el anterior, ya que en él pueden reconocerse los elementos que formaron parte del estadio previo, que subsisten aún, aunque a veces lo hacen de manera “atrofiada” o “disfrazada”.[5]

Otro momento de su obra en que claramente emplea el pensamiento dialéctico lo constituyen las Tesis sobre Feuerbach, texto ya tratado en la parte I.

En su vasta obra y en su intensa y en muchos momentos agitada vida política, Marx nunca dejó de tener una visión dinámica de la Historia y de los hechos sociales; esto es, de lo social e histórico como proceso preñado de contradicciones. Evidentemente toma esta concepción de Hegel, aunque con un sentido muy diferente (a su decir “opuesto”, como se señaló más arriba).[6] Esta visión, esta concepción, puede leerse ya en sus primeros escritos, de índole más filosóficos: “(T)odo lo que existe, todo lo que vive sobre la tierra y bajo el agua, sólo existe, sólo vive por un movimiento cualquiera. De suerte que el movimiento de la historia produce las relaciones sociales, el movimiento industrial nos da los productos industriales, etc.” (1923: 60. Cursivas nuestras). 
        
La dialéctica ha tenido un papel central en los debates dentro del Marxismo (aunque claro que no solo al interior de lo que podría comprenderse bajo este nombre), tanto en quienes pretendieron otorgarle un lugar preponderante en el análisis de la realidad social (de una manera que obviamente nunca podría ser unánime) como para quienes intentaron, con variado éxito, denostarla, negarla, anatematizarla, distorsionarla.
En definitiva, la Dialéctica puede entenderse como método de conocimiento. Y, siendo conocimiento de la “negación fatal” de la realidad abordada, como quería Marx, también puede entenderse como método de transformación.
Dejemos las palabras finales de este texto al “Moro”, como le llamaban cariñosamente sus familiares y amigos íntimos: “En su aspecto místico, la dialéctica se puso de moda en Alemania, porque parecía glorificar las cosas existentes. En su aspecto racional es un escándalo y una abominación para la clase dirigente y sus ideólogos doctrinarios, porque en la comprensión positiva de las cosas existentes incluye a la vez el conocimiento de su negación fatal, de su destrucción necesaria; porque al captar el movimiento mismo, del cual todas las formas acabadas son apenas una configuración transitoria, nada puede detenerla; porque en esencia es crítica y revolucionaria”. (1983, Op. Cit.)



[1] “…si alguna vez tuviera tiempo, me gustaría mucho poder escribir dos o tres folios haciendo accesible al lector común el aspecto racional del método que Hegel no solo descubrió sino también mistificó” (Marx, 1958).
[2] PFSEA: Palabras finales segunda edición alemana de El Capital (también conocido como “Postfacio” o “Epílogo”).
[3] En todo caso, Marx ha “cacareado” sus diatribas contra Hegel y su dialéctica a la vez que lo ha homenajeado “parándose sobre los hombros de ese gigante” (parafraseando al autor de esa conocida frase, sea Bernardo de Chartres o Isaac Newton) y ha empleado la dialéctica de Hegel una y otra vez en sus escritos y análisis. Pero a eso le siguió un verdadero desarrollo antidialéctico que hizo “escuela” y que fue promovido y sustentado, de manera destacada, por la nefasta usina estalinista.
[4] Para una explicación de este desarrollo, ver Samaja, 1999, pp. 111-116.
[5] Aquí Marx está empleando el concepto Hegeliano de aufhebung, indudablemente. Y es habitual este abordaje en distintos momentos de su obra. En El Capital (Cap. XXXI) dirá: “(L)os distintos métodos de acumulación primitiva que la era capitalista hace florecer se distribuyen primero, en orden más o menos cronológico, sobre Portugal, España, Holanda, Francia e Inglaterra, hasta que esta los combina a todos, en el último tercio del siglo XVIII, en un conjunto sistemático, que abarca a la vez el régimen colonial, el crédito público, la finanza moderna y el sistema proteccionista”. (1983: 731-732)
[6] Aunque ya a desde las primeras décadas del siglo XX varios autores comienzan a rastrear y exponer las existencia líneas de continuidad y similitud, más que de ruptura u oposición, entre el uso de la dialéctica marxiana con respecto a la hegeliana. Entre ellos: G. Lukács, y luego K. Kosik, E. Ilyenkov, etc. Más cerca en el tiempo, ya en la década del 80 del siglo pasado, la corriente conocida como “Nueva Dialéctica” (New Dialectics) retoma esos esfuerzos y esa apuesta. Algunos de sus autores: A. Saad Filho, T. Smith, B. Ollman, etc. Cfr. Saad Filho, 1997.


Bibliografía

Lenin, Vladimir. Lenin Collected Works, Progress Publishers, 1977, Moscow. Volume 19, pages 552-558. https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/1913corr.htm (consultado el 8/12/2018).
Marx, Carlos. Marx-Engels Correspondence. Marx to Engels, 16 January 1858https://marxists.catbull.com/archive/marx/works/1858/letters/58_01_16.htm (consultado el 8/12/2018).
________. El Capital. Tomo I. Palabras finales a la 2. ª  Edición alemana. Editorial Cartago. Bs. As, 1983.                                                                                                                                             
_______. Miseria de la filosofía. Replica a la “Filosofía de la miseria” de Proudhon. Traducción: J. Mesa. Imp. Lotito y Barberis. Bs. As. 1923.                                                                                              
_______. Elementos Fundamentales para la Crítica de la Economía Política (Grundrisse) 1857-1858. Vol. I. Siglo XXI Editores. 18.ª edición, 2001.      
Saad Filho, Alfredo. Re-reading both Hegel and Marx: The “new dialectics” and the method of Capital. Revista de Economía Política, vol. 17, n. º 1(65), janeiro-março/97.                                                      
Samaja, Juan A. Epistemología y Metodología. Elementos para una teoría de la investigación científica. 
     Eudeba. Bs. As. 1999 (1.ª edic. 1993).

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