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martes, 19 de marzo de 2019

EL MÉTODO DIALÉCTICO DE CONOCIMIENTO Y TRANSFORMACIÓN, por Mario A. Chavero

Parte II


EL MÉTODO DIALÉCTICO EN HEGEL (1770-1831)

Para abordar la exposición de la dialéctica en este autor creemos necesario comenzar recordando a “vuelo de pájaro” la taxonomía general. Linneo[1] propuso un sistema de categorías ordenado jerárquicamente, las categorías menores dentro de las más grandes. De “menor” a “mayor”: Especie[2], Familia, Orden, Clase, Filo. A estas se podrían agregar la categoría Género (entre Especie y Familia) y finalmente la categoría Reino, que las “engloba” a todas.

Para la lógica formal, los conceptos más generales o universales son previos, lógicamente, a los menos universales.[3] Para tener la idea (concepto) de “caballo”, debo tener primero la idea (concepto) de “animal”; es decir, el concepto de “animal” es lógicamente previo al de “caballo”, o el de “planta” al de “rosa”. Podemos comprender qué es un animal sin haber visto nunca antes un caballo (y lo mismo en el caso de la planta/rosa), pero no al revés. Así, el conocimiento científico avanza y se produce entonces quitando las diferencias (o lo que es lo mismo abstrayendo las diferencias, los atributos, las determinaciones) de los objetos o conceptos (por ejemplo si decimos que un caballo es un animal con tales características o atributos —determinaciones—, quitando o eliminando dichas características podemos obtener el concepto “puro” de “animal”, más universal, pues puede corresponder a cualquier animal). Es decir, se procede por abstracciones sucesivas para ir llegando a conceptos cada vez más universales, más abstractos, que quedan vacíos de diferencias, hasta llegar al concepto más abstracto posible, que es el de “ser”,[4] ya que es “lo común a todo objeto concebible en el universo”. No todas las cosas que existen son materiales. Pero todas tienen ‘ser’. Todos los objetos son…” (Stace, 87). Esta es la más alta abstracción posible, como decíamos, y ahora está vacía, pues no tiene ya ninguna característica, ni atributos, determinaciones. A esto Hegel le llama el “Universal abstracto” (aunque luego veremos que no es abstracto sino concreto, es decir, no una unidad simple —como la idea de universal abstracto en Platón— que excluye las diferencias, sino una unidad que contiene las diferencias).

Ahora bien, de este Universal abstracto (género), ¿pueden ahora deducirse,[5] derivarse, los conceptos menos universales (especie)?

Para ir nuevamente al concepto de “caballo”, es decir para pasar del género a la especie, debo dotarlo de las características o atributos o diferencias correspondientes para hacer de ese “animal” un “caballo”; es decir, debo agregar las determinaciones correspondientes a “caballo” (es como decir “el caballo es un animal determinado, con determinadas características”). Debe agregarse la diferencia al género para que este se convierta en especie.

El orden de progresión será entonces género-diferencia-especie. No se trata de agregarle “desde afuera” la diferencia o determinación al concepto que se trate. Cuando decimos que debe agregarse la diferencia o determinación, significa que esta debe ser “agregada” desde dentro del propio concepto, es decir que debe proceder del concepto mismo, debe estar contenida en él, para generar el menos universal. Pero habíamos dicho que el “universal abstracto” había quedado vacío de diferencias, de determinaciones, por lo cual no puede entonces contener dicha diferencia. La filosofía y lógica formal se vieron enfrentadas a este problema. Esta es la pregunta que también se hizo Hegel: si era posible derivar (deducir) de conceptos más universales (o abstractos), los menos universales o dicho de otro modo, si se podía generar, deducir, la/s especie/s del universal (o género). Hasta ese momento, toda la filosofía había respondido negativamente a esta pregunta, o no había encontrado la forma de avanzar en este sentido. Aquí es donde Hegel aporta la solución demostrando que esto es posible, siendo este el enorme aporte de su lógica dialéctica, el “principio central de la filosofía hegeliana” (Stace, 88). Hegel sostiene que no es cierto que el universal excluya absolutamente la diferencia (para él, un concepto puede contener su propia diferencia escondida [ hidden away] dentro de sí), ni que este opuesto pueda ser extraído o deducido de él, haciendo el trabajo de la diferencia, y convirtiendo el género en especie (por eso decíamos antes, que éste era en realidad un Universal concreto). En Platón, el Universal es una unidad simple, no contiene las ideas más bajas. En Hegel, las  categorías más altas contienen a las más bajas).

Veamos entonces, apoyándonos siempre en Stace, cómo procede el sistema hegeliano: habíamos dicho que la categoría inicial de donde había que partir (puesto que es la más general, la más abstracta, la más universal, a la cual habíamos llegado por un proceso de abstracción de todas las diferencias o determinaciones) era el ser. Este es entonces absolutamente indeterminado, sin ningún atributo, diferencia o característica. Está vacío, no tiene contenido alguno. Es la ausencia completa y total de toda cualidad o carácter. Esta ausencia de todo es simplemente la nada. El ser, entonces, es lo mismo (es idéntico) que la nada. Y el puro concepto de ser contiene, como vemos, la idea de la nada. Mostrar que una categoría contiene a otra es deducir esta última de aquella. Así, hemos deducido la categoría nada de la categoría ser (está claro aquí que este ser, en tanto categoría abstracta, no es un ser particular, un objeto, como podría ser este caballo, por ejemplo. Aquí se habla de la pura idea de ser (si queremos seguir con este ejemplo, después de que al objeto caballo le quitamos o abstraemos los atributos/diferencias/características que contiene, es decir, la forma, el color, la contextura, etc., queda solamente el ser indeterminado).

Desde el momento en que ser y no ser o nada son lo mismo (son idénticos), cada uno se pasa al otro, se transforma en el otro. Ser pasa a nada y nada pasa a ser. A consecuencia de esta desaparición de cada categoría en la otra, tenemos envuelto aquí un tercer pensamiento o categoría: la idea de pasaje del ser a la nada y  viceversa. Esta es la categoría de devenir. Entonces, estas son las tres primeras categorías del sistema hegeliano, la primera tríada: ser-nada-devenir (correspondientes a género-diferencia-especie, respectivamente). El ser es el género. Devenir es un tipo especial de ser y, en consecuencia, es una es una especie del mismo. La primera categoría es siempre una categoría afirmativa: se sostiene, se presenta siempre como una aserción, p. ej. ser, es. La segunda es siempre una categoría negativa, que niega lo que la primera afirma, p. ej. no-ser, no es. Y esta no es traída “desde fuera” de la categoría sino desde dentro de ella; es decir, es deducida (porque estaba contenida, aunque como veíamos “escondida” en ella). Entonces, la primera categoría contiene su opuesta y es idéntica a ella. En este punto ambas categorías están confrontadas y son contradictorias una con otra. Pero es imposible sostenerse en esta contradicción, pues supone que categorías opuestas son aplicables a la misma “cosa” (u objeto) en el mismo momento. Significaría decir que algo es y admitir que al mismo tiempo no es. Puesto que si el ser involucra (contiene) al no-ser,  entonces si algo tiene ser, es decir es, tiene al mismo tiempo no-ser, es decir no es. ¿Cómo puede ser posible que una cosa sea y no sea (al mismo tiempo)? La respuesta es que es y no es cuando deviene. La categoría devenir resuelve la contradicción, reconcilia las categorías opuestas precedentes. La tercera categoría contiene la oposición de las categorías precedentes, pero también su armonía y unidad. Las tres categorías son llamadas a veces tesis-antítesis-síntesis.[6] Este proceso continúa ininterrumpidamente, pues la Razón no puede detenerse en lo que es auto contradictorio (es decir las primeras dos categorías), y es forzado, impelido a ir hacia adelante hasta llegar a la “síntesis”. [7]  En la tercera categoría vemos que la identidad no es la entera verdad y que la diferencia tampoco, sino que la verdad es la identidad en la diferencia, es decir, el devenir, que combina la identidad y la diferencia.

El primer término es para Hegel inmediato, caracterizado por la inmediatez. El segundo término es mediato, caracterizado por la mediación. El tercero, el devenir, es la combinación de la mediación en una nueva inmediatez. Las dos primeras categorías se median una a la otra. La mediación es lo mismo que diferencia, división, distinción. Con el tercer término, devenir, las diferencias son absorbidas nuevamente en una identidad (es decir, esa especie a la que se llegó, constituye ahora un género del que deberá partir nuevamente el proceso). Pero hay que tener en cuenta que esta tercera categoría abole y preserva a la vez todas las distinciones dentro de su unidad, la diferencia del ser y del no-ser. Esta doble operación de abolir y preservar a la vez es expresada por Hegel con el término aufheben, o el correspondiente sustantivo: aufhebung.[8]

Agregaremos para terminar una muy breve descripción del tratamiento del propio Hegel en su Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas.

Dice Hegel que “lo lógico, según la forma, tiene tres lados: a) el abstracto o propio del entendimiento; b) el dialéctico o racional-negativo; c) el especulativo o racional-positivo. Estos tres lados, prosigue, son tres momentos de todo lo lógico-real, es decir, de todo concepto o de todo lo verdadero en general” (2005, §79).

El entendimiento es el momento del pensamiento en que este reconoce la “determinidad fija” (Ibíd., §80); es decir, que sería un primer momento en el análisis de un determinado objeto por el cual este solamente logra distinguirse frente a otro. En el segundo momento, el dialéctico, se superan estas determinaciones y se pasan a las opuestas: es la “mera negación” del primer momento, exponiendo la “unilateralidad y limitación de las determinaciones del entendimiento”, siendo por esto el “alma móvil” de la ciencia, otorgándole la “conexión inmanente y necesidad a (su) contenido” (Ibíd., §81). Por último, el momento especulativo “aprehende la unidad de las determinaciones en su oposición”; es decir que conserva, suprime y supera (aufheben) las determinaciones previas en el resultado, en el producto; es decir que tiene un contenido determinado, es algo “concreto porque no es una unidad simple, formal, sino unidad de determinaciones distintas (Ibíd., §82). Hegel plantea que la diferencia entre la lógica “usual” y la dialéctica es que en aquella se omiten los últimos dos momentos descriptos (dialéctico y especulativo) y solo se conserva el entendimiento, restando así una mera “historia (o enumeración) de varias determinaciones del pensamiento colocadas juntas.” (Ibíd.)



[1] Carlos Linneo o Carl Linnæus (1707-1778) fue un científico naturalista, zoólogo y botánico sueco, considerado como el fundador de la taxonomía (métodos y principios para la delimitación y clasificación de tipos de organismos). 
[2] “…especies como la de los perros dentro de familias como la de los cánidos, dentro de órdenes como el de los carnívoros, dentro de clases como la de los mamíferos, dentro de phyla como la de los vertebrados”. (Gould, 2014:345).
[3] Para toda esta sección nos apoyaremos fundamentalmente en W. Stace y su exposición “sistemática” de la filosofía hegeliana (Stace, 1955).
[4] También ser será la primera categoría del sistema de Hegel. Este se organiza en tríadas, como veremos a continuación.
[5] Aquí empleamos deducción en el sentido que tiene en la lógica formal: el consecuente debe estar comprendido en la razón o antecedente. No se puede obtener algo de la nada, y no se puede obtener, sacar, de una cosa algo que no está en ella (Stace, 89). En el mismo sentido, pero con otros términos, podemos apoyarnos en el estudio de la determinación realizado por Mario Bunge (Bunge, 1996): la determinación como principio explicativo, puede definirse y defenderse, según Bunge, si se admite que “los acontecimientos ocurren en una o más formas definidas (determinadas), que tales formas de devenir no son arbitrarias sino legales y que los procesos a través de los cuales todo objeto adquiere sus características se desarrollan a partir de condiciones preexistentes” (Op. Cit., 30). En esta concepción se destacan dos componentes fundamentales: la legalidad y la productividad. El principio de productividad o génetico consiste en que “nada sale de la nada ni se convierte en nada”, que “no existen comienzos absolutos, ni finales absolutos”; es decir, niega la sucesión de hechos sosteniendo en cambio su producción o, en otras palabras, combate la idea de la generación de acontecimientos ex nihilo (Op. Cit., 46-47).
[6] Aunque estos no son términos del lenguaje de Hegel sino de Kant, y divulgados de manera errónea atribuyéndoselos a Hegel, entre otros, por Marx. Asimismo Stace, a quien venimos siguiendo en esta exposición,  incurre en la misma distorsión (Stace: 115). Para un mayor desarrollo de este punto, ver Mueller, 1958. De todas formas, una lectura cuidadosa de “Miseria de la filosofía”, texto al que Mueller atribuye dicha distorsión por parte de Marx, no abona tal imputación, ya que Marx se limita a explicar, crítica e irónicamente, el “método Absoluto” de Hegel y, a partir de este, al de Proudhon, cuya “demolición” se propone (Marx, 1923: 58-62).
[7] Idem. nota anterior.
[8] El concepto hegeliano de aufheben (como verbo) o aufhebung (como sustantivo) ha sido empleado en nuestro medio, entre otros, por Samaja, en distintos momentos de su obra. Para este autor puede ser definido brevemente como la supresión/conservación/superación de un estrato o momento de un ser por otro más rico y complejo, de mayor nivel de integración, que regulará como momento reproductivo, de manera “descendente”, toda la cadena de procesos de la Reproducción, tanto Biológica como Comunitaria, Societal y Civil (Cfr. Samaja, 2004: 89-90 y 99; 2000: 79).

Bibliografía

Bunge, Mario. La Causalidad. El principio de causalidad en la ciencia moderna. Edit. Sudamericana, Bs. As. 1996 (1.ª Edic. en Inglés, 1959).
Gould, Stephen. J. El hombre que inventó la historia natural. Revista de Economía Institucional 16,  31, pp. 341-358. 2014. http://www.scielo.org.co/pdf/rei/v16n31/v16n31a16.pdf  (consultado el 8/12/2018).
Hegel, Georg W.F. Fenomenología del Espíritu. FCE Edit. Bs As. 1992.                                                                         
_______. Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas. Alianza Editorial, Madrid. 2da Reimpresión, 2005 (1.ª Edición en alemán de 1817). Traducción al español: R. Valls Plana.
Lenin, Vladimir. On the cuestion of dialectis. En: Philosofical Notebooks, Vol. 38, Collected Works. Foreign Languages Publishing Houses, Moscow. 1961. 

______. Conspectus of Hegel’s bookThe science of Logic’. En: Philosofical Notebooks, Vol. 38, Collected Works. Foreign Languages Publishing Houses, Moscow. 1961.   

______. Lenin Collected Works. Progress Publishers. 1977, Moscow, Volume 19, pages 552-558. https://www.marxists.org/archive/lenin/works/1913/dec/x01.htm (consultado el 8/12/2018).                  
Mueller, Gustav E. The Hegel Legend of "Thesis-Antithesis-Synthesis". Journal of the  History of Ideas, Vol. 19, No. 3 (Jun., 1958), pp. 411-414.  http://www.jstor.org/stable/2708045 (consultado el 15/3/17).
Samaja, Juan A. Epistemología y Metodología. Elementos para una teoría de la  investigación científica. Eudeba. Bs. As. 1999 (1.ª Edic. 1993).

_______. Semiótica y Dialéctica. JVE Ediciones, Bs. As. 2000.  

_______. Epistemología de la Salud. Reproducción Social, subjetividad y transdisciplina. Lugar Editorial, Bs. As. 2004.
Stace, Walter T. The Philosophy of Hegel. A systematic exposition. Dover Publications, Inc. New York. 1955.

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