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lunes, 20 de octubre de 2025

"Maternidades, decolonialidad y otredades en “Canción dulce” y “El país de los otros” de Lëila Slimani", por Claudia Mirian Correa



[Fotografía tomada de lavanguardia.com]


Ficha didáctica


Las obras de Leïla Slimani “Canción dulce” y “El país de los otros” abordan temáticas vinculadas a las mujeres, en particular al cruce multicultural entre la mujer marroquí, su estatus en una sociedad islámica patriarcal y la mujer europea, también señalada por otras limitaciones en un ambiente acechante y vulnerable. Ambas obras fueron editadas en castellano por Cabaret Voltaire. Particularmente la autora realiza un anclaje crítico en la ubicua problemática de las maternidades, en las contradicciones que entraña el ejercicio de ese rol y en cómo es asumido desde diferentes lugares marcados por la raza, la clase social y el género. Especialmente se enfoca, como lo expresa Lina Meruane en su ensayo “Contra los hijos”1, respecto al lugar idealizado de la mujer madre todopoderosa. Nos muestra un relato mordaz y feminista en este sentido, que más adelante retomaremos. Existe un tono caústico que recorre ambas obras. Asimismo es importante destacar que utiliza una mirada interseccional al trabajar ese vínculo decolonial*. También podríamos decir que la salida a la luz de la voz y las acciones de las mujeres, otredades invisibilizadas, es permanente. La muerte, la guerra, el asesinato, las violencias y los problemas en la salud mental de las mujeres son algunos de otros tópicos tocados.


    La escritora franco marroquí, Leïla Slimani, empieza su camino literario con la obra “En el jardín del ogro” de 2014. Nació en Rabat, Marruecos, en 1981, su padre fue un diplomático marroquí y su madre franco-argelina. Es por ella una escritura que navega entre dos mundos. Vivió en Marruecos, en un ambiente de clase alta y con libertad, hasta culminar el Liceo y luego viajó a París, donde realizó estudios políticos y posteriormente otros sobre medios de comunicación. Trabajó además como periodista en L’Express y Jeunne Afrique hasta volcarse en la actualidad por completo a la literatura. Vive actualmente en Francia.

*El término se refiere, en este contexto, a una corriente del feminismo que analiza las impresiones desde una perspectiva que supera los análisis de género para incluir las de raza, clase y colonialidad del poder (esta última impuesta por el etnocentrismo).

lunes, 29 de septiembre de 2025

"Chimamanda Ngozi Adichie. La potente voz de una escritora afroamericana, entre cambios y migraciones", por Claudia Miriam Correa*

 *Claudia Correa es profesora de historia, graduada en la UBA y docente del nivel medio y superior así como de la Universidad Arturo Jauretche. Se ha especializado en los últimos años en los estudios de género de las mujeres africanas y afrodescendientes.

 “Para este país

  traje

  el  color de mi piel

  mi  pelo rizado

  mi  idioma materno

  mis comidas favoritas

  en la memoria de mi lengua”

  Para este país, Lubi Prates


Introducción

Este escrito fue elaborado para ser presentado en las XVIII Jornadas Inter Escuelas de Historia realizadas en Santiago del Estero en el año 2022. En particular me resultó importante el hecho de poder reivindicar lo afrodescendiente desde una perspectiva que vincula el género con la raza y la clase social. Nada más grato que hacerlo de la mano de la vasta obra literaria de Chimamanda Ngozi Adichie. Una joven escritora nigeriana nacida en 1977 en Enugu, Nigeria, en el seno de una familia de la etnia igbo, hija de padres universitarios. Sus progenitores fueron Grace Ifeoma y James Nwoye Adichie. Ella en 1996 obtuvo una beca para estudiar Comunicación y migró a Estados Unidos a estudiar en la Universidad de Drexel. Allí experimentó en carne propia la diáspora. Incluso como lo indica en “El peligro de la historia única” (2009), es allí donde se define como africana. Ella había crecido como una lectora precoz en un campus universitario del este de Nigeria, Nsukka, recorriendo historias cuyos protagonistas eran extranjeros, norteamericanos y británicos, blancos y de ojos azules. Es decir que estuvo siempre cruzada por una visión eurocéntrica. El idioma oficial de Nigeria era el inglés. Adichie manifestó que la historia única de África provino de la literatura occidental. En 1561 el navegante londinense John Lok llega a África Occidental y describió a los africanos negros como “bestias sin hogar”. Y a partir de allí se cimentó una tradición del África subsahariana como un lugar de oscuridades, de diferencias y limitaciones. Ella le puso un nombre proveniente de la lengua materna, igbo, nkali a esa visión del relato único: “ser más grande que otro”. Todo se define en una historia que sigue ese principio del nkali, o sea según el modo en que se cuenta, quién la cuenta, en qué momento lo hace y cuántos la cuentan, entre otros puntos. Son las estructuras subyacentes del poder las que generan la mirada, según en qué extremo nos colocamos si en el de las clases o pueblos dominantes o en el de las clases o poblaciones dominadas. Pero gracias a escritores africanos como Chinua Achebe y Camara Laye su percepción del otro en la literatura cambió y pudo encontrarse con personajes como ella, de piel negra, en espacios similares al suyo.

     Asimismo me siento profundamente emocionada por haber realizado el Taller de Lectura Afro, coordinado por Luciana De Mello, periodista cultural de Página 12, durante octubre y diciembre de 2021, ya que gracias a este hermoso espacio pude conocer abundante y novedosa bibliografía sobre esta temática que utilicé para enriquecer la trama de esta investigación y también mis clases de Historia en los segundos años de secundaria, que abordan la Modernidad. Gracias a ella he conocido a autoras afrodescendientes como Lubi Prates, brasileña, cuyo libro de poemas “Un cuerpo negro” me pareció muy relevante para esta ponencia porque recoge las experiencias de desarraigo de aquellas mujeres que tienen que migrar. Poniendo gran énfasis en el pasado esclavista.

     Por otro lado, me parece importante entender a África como un vasto, diverso y potente continente y no como un “país”, de forma reduccionista, porque ello nos ayuda a ahondar en la complejidad de sus realidades y a visibilizar la riqueza de sus contradicciones. Reconociendo la dinámica de estas sociedades y sacándolas del lugar del prejuicio, el estereotipo y el inmovilismo. Especialmente nos  ayuda a comprender el contexto histórico que pone de relieve problemáticas tales como la esclavitud, el racismo, la misoginia y el colonialismo. El mismo contexto que le pone el nombre de civilización  a lo hegemónico, y que degrada lo autóctono como barbarie. Chimamanda Ngozi Adichie destaca en sus intensos protagonismos femeninos las resistencias frente a estas estructuras desiguales que producen aquellas problemáticas. Ifemelu en “Americanh” e Ifeoma en “La flor púrpura” son claros ejemplos de ello. Además en ambos personajes, mujeres negras, encontramos la potencia de la palabra, la fuerza de la acción, la certeza de la diáspora y la imposición de una migración que visibiliza estas situaciones. Y sobre todo muestra que siguen siendo actuales, el racismo, la misoginia y el colonialismo, más allá de los principios liberales que se enarbolen en las metrópolis como Estados Unidos o Gran Bretaña. 

    Tomaremos en este escrito los planteos teóricos que trabajan desde una perspectiva no eurocéntrica. Primeramente al filósofo camerunés Achille Mbembe plantea, en su libro “Necropolítica”, que “el capitalismo racial es el equivalente a una vasta necrópolis que descansa en el tráfico de muertos y de osamentas humanas”, algo que sucede bajo un neoliberalismo que, fusionado por primera vez con el animismo, captura, devasta y saquea un mundo cuyo drama ya no reside en una multitud explotada, sino en su expulsión del sistema y su conversión en humanidad superflua y prescindible para las necesidades del capital. Luego, a Rita Laura Segato que aporta, con su indudable evocación del sociólogo peruano Aníbal Quijano, el concepto de colonialidad del poder (“Crítica de la colonialidad y otros ensayos”). A partir de la llegada de los europeos a América, desde fines del siglo XV, concomitante a las primeras excursiones sobre África que culminarán en la trata de esclavos, se inicia la Edad Moderna. En el contexto de la Modernidad es que aparecen definidas Europa, Portugal, España, América y África. Así como lo indio y lo negro. Pero para el caso de América hay una fundación única de un Nuevo Mundo como una categoría central a diferencia de África y Asia, que surgen de un modo periférico. En el concepto de colonialidad del poder está inscripto el eurocentrismo, que para el caso de las novelas de Adichie se vincula al sometimiento a estructuras de dominación que tienen que ver con el imperialismo inglés, tanto de Gran Bretaña como de Estados Unidos. El mismo se asienta en la inferioridad racial de los colonizados. Es decir que esto nos lleva a la noción de racismo, es decir, la jerarquización y atribución de valor desigual tanto a las personas, su trabajo y sus productos, en este caso con intervención especial del color de la piel. Tanto las normativas como las pautas de existencia de quienes son sometidos y oprimidos, los condenados de la Tierra, son devastadas, discriminando saberes y producciones, reduciendo civilizaciones, valores, capacidades, creaciones y creencias. Y finalmente nos conectamos con otros conceptos como género y patriarcado, que para el caso africano implican que en adelante el lugar de las mujeres de razas inferiores quedó estereotipado junto al resto de sus cuerpos, debilitado y marginal.

    En su libro “¿Acaso no soy yo una mujer?”, Bell Hooks refiriéndose a la devaluación sistemática de la mujer negra en Estados Unidos, encuentra el origen de dicho menosprecio en el aplastamiento de la condición de las mujeres negras en la violación de las esclavas, durante el período colonial. La persistencia de esa estigmatización produjo un sesgo sexista y racista, que hace mirar a la mujer negra como un ser de poco valor y valía, sexualmente depravada e inmoral. En los cuentos cortos de “Algo alrededor de tu cuello”, Adichie, a menudo trabaja sobre ese estatus degradado con el que se percibe a las mujeres negras migrantes. La misma Ifemelu en “Americanah” al llegar a Estados Unidos sin dinero y con escaso apoyo de su tía residente se ve obligada a pasar por una situación de abuso. En “Todas tendríamos que ser feministas” cuenta una anécdota de su infancia en Nigeria, en la cual su profesora de primaria promociona la aprobación de un examen con la mejor nota para el ejercicio del cargo de monitor o delegado de la clase. Ella obtiene la mejor calificación pero no puede hacerlo porque solo los varones podrían ejercerlo.

     Del mismo modo la violencia ocupa un lugar central en la obra de Adichie. En su “Tipología de la violencia”, Byung-Chul Han, en “Macrológica de la violencia” nos habla de las diferencias entre violencia y poder. Mientras el poder construye un continuo de relaciones jerárquicas, la violencia genera desgarros y rupturas. El poder une y encaja mientras que la violencia genera transgresión y delito. Mientras el poder se inclina hacia el otro hasta doblegarlo, la violencia se inclina hacia el otro hasta quebrarlo, destruye su espacio. Tanto la violencia como el poder, son estrategias para neutralizar la otredad. Este desgarro, este corte lacerante, está sumamente presente en la obra de Adichie en ese proceso de neutralización de la otredad. La flor púrpura es uno de los ejemplos más acabados de ello.

    La propuesta de esta investigaciónno seguirá la línea cronológica de la obra de la autora  ni tampoco dará un panorama pormenorizado de los argumentos de la misma. Apenas sugerirá la lectura de estos libros y un estudio comparado de los mismos. Entendidos como “bildungromans” o novelas de aprendizaje, pero desde una perspectiva crítica y “short stories” o historias cortas. Los artículos sobre las diferentes novelas y relatos de Adichie que conseguí para analizar están casi todos escritos en inglés, salvo unos pocos en portugués y uno en castellano, por lo cual me he visto en la obligación de realizar una traducción de ellos. Algunos hindúes, otros alemanes y uno etíope. La labor consistirá en trabajar primero con sus dos más grandes novelas históricas “Medio sol amarillo” (2006) y “Americanah” (2013), ya que fueron las que pude leer durante el aislamiento obligatorio en el 2020, para luego focalizar en los relatos cortos de “La flor púrpura” (2003) y los cuentos de “Algo alrededor de tu cuello” (2009). Finalmente introduciremos las narraciones de otras dos nigerianas recientemente traducidas al castellano por la Editorial Empatía: la novela “Las delicias de la maternidad” de Buchi Emecheta y el libro de cuentos “La felicidad, como el agua” (2020) de Chinelo Okparanta. Realizaremos una comparación de “La flor púrpura” con “Las delicias de la maternidad” (1979) y “Algo alrededor de tu cuello” con “La felicidad como el agua” ((2013). La razón de esta elección radica en que las dos primeras son las novelas históricas más largas que ha realizado, planteando gran parte de los conflictos que ya hemos señalado más arriba y el resto de los trabajos son relatos cortos pero no menos interesantes, que muestran el delicado equilibrio entre la vida en Nigeria y la que implica la relación migrante, tanto en Norteamérica como en Gran Bretaña.

martes, 12 de enero de 2021

Un río llamado Titash, de Ritwik Ghatak (1973) - subtítulos traducidos al castellano por Pablo Vacchieri

 Compartimos con ustedes la traducción al castellano de los subtítulos de esta gran obra del notable director, guionista y escritor marxista indio Ritwik Ghatak, traducida especialmente para la ocasión. Agradecemos el trabajo del traductor. 



Para ver el subtítulo completo haz clic aquí:

sábado, 31 de agosto de 2019

Séptima, por Virginia Monti



La psitácida pandilla,
con vetusta cantinela,
instrumentó la faena
que dio vuelta la tortilla.
La mujer no se arrodilla,
que les quede bien clarito.
Vengan, vean, los invito:
sigue habiendo llama y calle
y, si reparan en detalles,
todavía se oye el grito.

Sexta y última, por Virginia Monti



Color verde es nuestra lucha,

mas no es eso solamente:

si me deja que le cuente,

pa’ vindicar la cachucha

la pelea es cruel y es mucha.

Vil y ancestral es la herida,

pero estamos encendidas:

el derecho a decidir,

desear, gozar, vivir, 

es la llama más temida.


Décimas, por Virginia Monti

1
Bien amarillo es tu canto,
inarticulado estridor,
música para el sordo oidor,
para otros, mero espanto.
Pero jamás me atraganto,
pues cobardes hay de sobra,
mas no haré de mi zozobra
motivo de rendición.
Verás sincera es mi canción
porque suena sin maniobras.

2
Amarilla es tu alegría,
amargor alimonado,
con un toque acipayado,
con bailongo y apatía.
Aquí traigo mi poesía:
es mi única destreza.
Mi arma es la sutileza
para ver en el alarde, 
torpe danza de un cobarde,
el disfraz de la vileza.

3
Ya tu corte amarilla,
con decoro y elegancia,
tararea a la distancia
quién sabe qué pesadilla.
Tiene dura la mejilla
y a flor de piel el descaro.
Con mi canción yo disparo
y doy batalla tranquila:
la impudicia se aniquila
con víscera y juicio claro.

4
Es un canto de sirena
la retórica mauricia,
más que auténtica, ficticia,
embuste, engaño y escena.
Mas su empeño me da pena:
permanezco imperturbable,
nunca fui domesticable.
Su argumento se diluye
con el primero que intuye
la falacia miserable.

5 
Va tornándose amarillo
el sentido de mi gente:
se transforma lentamente, 
aunque sufra el bolsillo.
Es más fuerte el latiguillo,
que la empiria y el olfato.
Sal hermano, de inmediato,
                   del sopor y la soñera:                  
la lucidez es la fiera
que destruye el aparato.



lunes, 10 de junio de 2019

PAN AND COMPANY, O EL LUJO DE TENER MIEDO EN VEZ DE HAMBRE, por Virginia Monti

—“Ataque de pánico”, dijo el especialista. “Trastorno de ansiedad, miedo”.

—“Miedo a qué”, le hubiera preguntado, y no lo hice.

Por definición, miedo se le tiene siempre a algo. El miedo a nada no existe. O, mejor dicho, el miedo a nada es lo contrario al miedo, es el arrojo. El pánico es “pan” y “co”; o sea, “pan and company”. Pan, porque si te das el lujo de tener pánico, es porque no tenés otra cosa, como por ejemplo hambre. Es decir, si tenés miedo, pero lo tenés en forma de ataque, es porque tenés pan. Company, porque el miedo nunca es tal si viene solo. La compañía del miedo son los fantasmas, pero no son los típicos fantasmitas de capa blanca. A estos no se los ve, y es porque no se los puede ver que el miedo en vez de ser miedo es pánico y llega de golpe. Vos estás lo más bien haciendo las cosas normales de la vida, como la cola del supermercado para comprar tu pan, y el pánico llega y te ataca. Se te oprime el pecho, se te dificulta la respiración, te suben las pulsaciones, te sudan las manos. Entonces, de repente, pasás de estar ahí a ya no poder estar en ninguna parte. El ataque de pánico es eso: la sensación de no poder ser ni estar.

Es como estar viendo el Aleph: la existencia toda en un mismo instante, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos. Es abrumador.

miércoles, 22 de mayo de 2019

FILOSOFÍA PARA EL ESCARMIENTO, por Virginia Monti

Las cosas 
son,
están
y pasan.

Como ríos
furiosos,
fatales,
pasan.

En ríos
donde cosas
pasaron,
báñese dos veces
¡no!
dixit Heráclit.

jueves, 28 de marzo de 2019

LAS PALABRAS Y LA MUERTE DE LAS COSAS, por Virginia Monti

Además del Yoga, hay otro ejercicio que puede ser muy saludable si se lo practica con frecuencia: detenerse a cuestionar lo naturalizado. A diferencia del Yoga, que tiende al apaciguamiento físico, mental y espiritual, este otro ejercicio requiere de nosotros un acto de valentía extrema. Cuestionar lo naturalizado supone una entrega absoluta a la incertidumbre y al desasosiego. Implica sacudir los cimientos y arrasar con toda certeza hasta quedar en el más profundo estado de vulnerabilidad; esto es, en pelotas. La cosa naturalizada que vamos a cuestionar es el lenguaje, así que siéntese cómodo y respire hondo.

domingo, 12 de agosto de 2018

ROMPIENDO ESTEREOTIPOS: EL EFECTO BOLLYWOOD. MÚSICA Y DANZAS ¿EXÓTICAS?, Y SU IMPACTO EN OCCIDENTE, por Sofía Fernandez Rubiolo

Trabajo realizado en colaboración con la cátedra de Historia de Asia y África II de la UNR y corregido para revistadehistoria.com.
Oriente fue orientalizado, no sólo porque descubrió que era “oriental”, según los estereotipos de un europeo medio del siglo XIX, sino también porque se podía conseguir que lo fuera —es decir, se le podría obligar a serlo. 
(Said, 1990, p. 4) 

En nuestra cotidianeidad es habitual observar que, en búsqueda de distracción o pasatiempo, una de las opciones de mayor preferencia es concurrir al cine. Una vez allí dentro, si prestamos atención a la cartelera, podremos observar que la gran mayoría de las películas, por no decir la totalidad, se destaca por su impronta occidental y, si preguntásemos a cualquier persona dónde piensa que han sido producidas estas películas, probablemente nos contestaría, aludiendo al sentido común, que en EE. UU., o que han sido realizadas por la producción cinematográfica de Hollywood, por ser la más conocida. Sin embargo, ¿Es esto es casual? Responderemos que no, ya que estamos determinados por ciertas estructuras que los sectores dominantes construyen y nos imponen desde muy temprana edad y, por lo tanto, estamos condicionados, sujetados todo el tiempo, ya sea a la hora de pensar, de comportarnos o  simplemente a la hora de elegir qué película deseamos mirar. Es por eso que ubicaremos al cine como uno de los medios de comunicación y de reproducción de estas estructuras más influyentes en los últimos tiempos, donde se difunden mensajes en los que se busca reforzar una ideología imperialista, esa superioridad aplastante de Occidente sobre Oriente.

domingo, 25 de marzo de 2018

PANDORA, por Virginia Monti

A Camila, por su empeño en aprender la lengua de sus abuelos 
y a Marielle Franco, no hace falta decir por qué.
                                                                                              

¿Quién lo creyera, sin embargo? Es una mujer aún: hasta esta misma vida, tan horrible y todo, 
oprime y pone en tensión su resorte de mujer, la electricidad femenil.

Jules Michelet, La bruja (1862)


Desde los albores de la humanidad y la historia de las civilizaciones bastó una sola mujer para desatar calamidades y arruinar al hombre: la expulsión del Paraíso, la guerra de Troya, la disolución de la banda de rock inglesa más grande de todos los tiempos. La lista es inagotable. Cada vez que compro un kilo de manzanas deliciosas, me pregunto cuán distinto hubiese sido el mundo si a Eva no se le hubiera ocurrido ofrecer un refrigerio frutal a Adán, si Helena hubiera sido menos agraciada, si la exposición de Yoko Ono del 9 de noviembre de 1966 en la Indica Gallery de Londres se hubiera suspendido por mal tiempo, y así sucesivamente.

Reflexión similar vale para la caída del imperio azteca, la conquista de México por Hernán Cortés y el consecuente mestizaje, esa agonía entre hispanismo e indigenismo que caracteriza lo que llamamos “ser americanos”. La responsable en este caso es —además de mujer— india y negra, y tiene —al igual que el diablo— no uno, sino varios nombres: Malinalli, Marina, Malintzin, Malinche. A la sazón, la pregunta que me hago no es qué hubiese sido del valeroso Hernán Cortés, de su campaña y de su encuentro con Moctezuma si la Malinche hubiera sido menos entrometida y hábil con las lenguas, sino qué se hubiese dicho y escrito sobre ella si en vez de mujer hubiese sido hombre. Ya sé, la pregunta le suena a cliché feminista y le produce aversión. Yo le doy la razón, usted deme el gusto de seguir leyendo un poco más.

viernes, 14 de julio de 2017

FORMAS DE LEER Y DE SER, por Virginia Monti

Esos árboles son magníficos,
pero es más magnífico todavía
el espacio sublime y patético entre ellos,
como si con su crecimiento
aumentara también.

—Rainer Maria Rilke


Entre las innumerables sensaciones que experimentamos a diario los seres humanos podemos mencionar la ilusión. De todas, esta quizás sea una de las más productivas. Las hay de todo tipo: ilusiones ópticas, auditivas, de movimiento, de Ebbinghaus, de Ehrenstein, de Kohnstamm y de lo que a usted se le ocurra. La que a mí se me ocurre es la ilusión de descubrimiento. Me refiero a esas ocasiones en que creemos haber descubierto algo extraordinario, que en un primer momento suponemos inédito, por ejemplo, una relación asombrosa entre A y B, para después constatar que alguien ya lo había advertido y que incluso había teorizado, escrito y publicado sobre el asunto. Lo que empieza como ilusión, pronto se vuelve desilusión. Pero no es para sentirse mal. Si le sucede, para suavizar el golpe puede decirse que al menos tuvo la lucidez de reparar en ello.

domingo, 19 de febrero de 2017

EL CINE JAPONÉS DE POSGUERRA. UN ANÁLISIS DE "LA CONDICIÓN HUMANA" DE MASAKI KOBAHASHI, por Morena Goñi


“No hay que fijarse tanto en el rigor de la reconstitución del pasado, sino en cómo ven ese pasado los cineastas”
Santiago De Pablo

Cine e historia

Como historiadores, a la hora de analizar una producción cinematográfica es imprescindible prestar especial atención al contexto en que se produjo. Más taxativo aún debe ser el análisis si el objeto de producción refiere a un proceso histórico determinado, no porque exista una verdad susceptible de ser representada, sino porque conviven en su interior posiciones ideológicas e historiográficas que deben ser visibilizadas. En tal caso, la intervención de un historiador en el proceso fílmico tampoco garantiza la fidelidad de la representación del pasado, pues también él está atravesado por propias motivaciones. En este sentido, no importa tanto analizar qué sino por qué se dice algo, qué esconden los diálogos y las representaciones en la pantalla; ya que por más objetividad que se les quiera aludir, las imágenes nunca son un imperio autónomo sino que forman parte de un universo simbólico compartido, cargado de significaciones y estrategias discursivas que transforman la imagen en imaginario.

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viernes, 3 de febrero de 2017

EL ÍNCUBO DE LO POSIBLE, por Virginia Monti

Ilustración de Delphine Lebourgeois
Alguna vez le preguntaron al cineasta alemán Werner Herzog qué se requería para filmar películas. La respuesta que ofreció fue tan insólita como audaz. En primer lugar, dijo que era necesario tener buen estado físico y ser una persona atlética: “el cine no nace de tu pensamiento académico abstracto; nace de tus rodillas y de tus muslos”, especificó. Dijo, además, que si tuviera que fundar una escuela de cine, aquellos que quisieran inscribirse deberían cumplir con el requisito de haber recorrido a pie una distancia de no menos de 5000 kilómetros. Luego, tendrían que presentar sus libretas y diarios de viaje como prueba de haber llevado a cabo dicha hazaña[1]. Herzog aseguró que en ese viaje a pie los aspirantes aprenderían más sobre la labor de un realizador que durante cinco años de instrucción formal: “Sus experiencias serán lo opuesto del conocimiento académico, porque la academia es la muerte del cine. Es exactamente lo contrario de la pasión”. Según Herzog, una buena escuela de cine debería permitirles a sus alumnos experimentar un estado de excitación mental, porque es eso lo que hace posible concebir una película: “Las escuelas de cine no deben producir técnicos sino personas de mente agitada. Personas con espíritu, con una llama ardiendo en su interior”.


domingo, 3 de julio de 2016

"Martí en Nueva York: la experiencia de la totalidad", por Virginia Monti

En 1880, un cubano desembarca en Nueva York. Apenas dos años más tarde, publica, desde las mismísimas entrañas del monstruo y centro de la modernidad, lo que hoy leemos e interpretamos como el primer manifiesto estético del modernismo: el prólogo al Poema del Niágara (1882) de Juan Antonio Pérez Bonalde, testimonio de la crisis y del vértigo que se viven a fines del siglo XIX. Tanto el prólogo como Nuestra América, publicado once años después, se nos presentan como un intento de asir algo concreto en un momento en que resulta necesario definir identidades y prácticas, momento en que un nuevo sujeto literario alza su voz en un discurso que logra el equilibrio justo entre problematización y resignificación.

"Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central" (Fragmento, Diego Rivera, 1947)
El cubano del que hablo es José Martí. En el Prólogo, Martí describe con detalle precioso y simbólico la inquietud y el desasosiego que provocan en el hombre las instancias inauguradas por la modernidad y por los procesos de democratización, racionalización y secularización. Estas no solo repercuten en la producción de la poesía, sino también en la revisión y el cuestionamiento del concepto mismo de literatura y de práctica literaria. Aun así, las formas de literatura que surgieron en ese periodo fueron un medio apropiado para cuestionar el cambio y la fragmentación, y para reflexionar sobre el lugar que debía ocupar el nuevo intelectual latinoamericano. Este cuestionamiento fue posible porque la experiencia de desorientación y malestar trajo aparejados nuevos procesos de subjetivación. La poesía se volvió íntima y personal, atormentada y dolorosa. Para Martí y los suyos, el pasado se presentaba como algo vacío y vano, el presente se asentaba sobre arenas movedizas y el futuro era incierto: «están todos los hombres de pie sobre la tierra, apretados los labios, desnudo el pecho bravo y vuelto el puño al cielo, demandando a la vida su secreto»[1].

"Leyendas kakanas", de Rita del Valle Cejas y la CKPA (Comunidad Kakán Putquial Andalgalá - Catamarca) - libro de leyendas ancestrales con ilustraciones para colorear

Publicamos hoy aquí, con mucha gratificación y en colaboración con la Comunidad Kakán Putquial de Andalgalá (Catamarca), a través de Juan Ca...