jueves, 30 de junio de 2011

Los 90 años del Partido Comunista Chino, por Xulio Ríos

El Partido Comunista de China (PCCh) ha convertido la celebración de su 90 aniversario (1921-2011) en un ejercicio de propaganda que inunda toda China. Películas, series de televisión, musicales, canciones “rojas”, conjuntos ornamentales por doquier… contribuyen a crear un clima de “entusiasmo” que no deja de mostrar cierta artificialidad provocando hasta indiferencia a poco que lo observemos en detalle. Sorprende la envergadura de esta campaña, muy superior en intensidad a la del 60 aniversario (2009) de la fundación de la República Popular China, más aún teniendo en cuenta el significado del número 60 en la cultura china y el propio sujeto de la celebración.



   ¿A qué viene entonces tanto fervor? No falta quien lo relacione con la necesidad de asegurar un aterrizaje suave y sin contestación a la quinta generación de dirigentes, liderada por los “príncipes rojos”, quienes deberán iniciar la asunción de responsabilidades a partir de 2012. No obstante, habida cuenta la alta sintomatología nacionalista de la campaña, más bien podría relacionarse con la necesidad de afirmar el carácter imprescindible del PCCh para culminar la modernización y proveer de perspectiva a la sociedad para que interiorice en buena lid el alcance de lo logrado bajo su liderazgo. En modo alguno pudiera tener fundamento la idea de que el PCCh ha decidido quitarse ahora una supuesta careta para mostrar una simbología que para muchos no es más que una expresión de nostalgia interesada sin correspondencia con su praxis actual.
   Los fastos sugieren superponer al epicentro de la agenda política del país, marcada por la eclosión de severos conflictos de origen social, ambiental y territorial, un acontecimiento político del que sigue derivando una legitimidad cada día más cuestionada por sectores sociales que progresivamente dejan de confiar en la capacidad del PCCh y sus “tesoros” (cuadros) para realizar el objetivo de la justicia social. Hoy día, quienes más motivo parecen tener para celebrar la construcción de este “socialismo con características chinas” son los nuevos empresarios, muy a gusto con el actual estado de cosas. El PCCh, con sus más de ochenta millones de miembros, se ha convertido en el medio principal e indispensable para medrar, para hacerse un hueco en el mundo del poder y del dinero, no solo a escala china, también global.
   El eclecticismo de que hace gala el PCCh adquiere un tono afinadamente cínico, especialmente en el nivel local, donde la acción de sus autoridades viene marcada por la corrupción y el abuso de poder a gran escala. Los esfuerzos y diatribas del gobierno central o la aplicación de sanciones ejemplares a quienes violentan la disciplina, no parecen hacer mella en él. Esas conductas afean muy seriamente su credibilidad y suponen el mayor desafío para garantizar la estabilidad social.
   Noventa años después de su fundación, luces y sombras se confunden en el PCCh. Una reciente historia oficial del periodo 1949-1978, abunda en el reconocimiento de algunos errores del pasado, en especial en el Gran Salto Adelante, incluyendo la “disminución del censo de población en diez millones de personas”. Pero la timidez del reconocimiento del trágico papel de Mao en la destrucción del Estado y del Partido y en la eliminación física de muchos dirigentes de gran valía y honestidad sigue pesando como una losa sobre su trayectoria. Prima el miedo a las consecuencias de una verdad que solo puede circular de boca en boca. No es fácil demoler el icono construido durante tantos años sin afectar el conjunto de la arquitectura política a él asociada.
   Ha habido abnegación, sacrificio, hazañas y hasta heroísmo, virtudes que hoy administra una generación que solo las ha vivido de refilón aunque sin privarse de gesticular y presumir a lo grande como si se tratara de méritos propios.
   El PCCh tiene su origen en dos tareas principales: la revitalización de China a través de la recuperación de la soberanía plena y la modernización; y la realización del ideal de justicia social, dos procesos antaño inseparables y hoy bifurcados merced a artilugios semánticos de más que dudosa comprensión (como la “triple representatividad”, por ejemplo), solo explicables por la necesidad del PCCh de salvar la cara ante una ciudadanía que considera inexplicables algunas de sus conductas. Este PCCh es el artífice del milagro económico, pero su compromiso con la justicia dista de ser el que fue. Todo el esfuerzo de los últimos años, soportado en buena medida por millones de inmigrantes en su propio país, ¿es para mayor gloria de quién? La verdad está en los hechos, sentenciaba el viejo aserto maoísta. Una cruda realidad se impone al discurso de la sociedad armoniosa o del desarrollo científico, máximas ideadas para santificar al líder de turno pero insuficientes para colmar las aspiraciones de los mortales, toda una legión de agobiados que sobrevive aún a duras penas.
   El momento que atraviesa el proceso de reforma alerta del grave peligro de inestabilidad a causa de las múltiples deficiencias en el orden social y político, que se agudizan a medida que crecen en paralelo las tensiones económicas. La grandiosidad de la conmemoración parece querer recordar a todos el compromiso del PCCh con sus orígenes, pero al tiempo se descarta cualquier mutación ideológica en el discurso que ha convertido a China en la segunda economía del mundo pero con algunos de los mayores déficits de justicia del planeta. Todo será pura cosmética si no logra recomponer su relación con esa sociedad que cada día se distancia un poco más de su liderazgo al no advertir en el PCCh las señas de identidad propias de quien debería comprometerse a fondo con su emancipación.
   Es mucho lo logrado y no a bajo precio. La disyuntiva entre un PCCh entregado a una lógica desarrollista que sirve de argumento para la acumulación de grandes fortunas y poder y otro comprometido con la satisfacción de las aspiraciones sociales y con un mundo más equilibrado y justo, marca el momento del PCCh en su nonagésimo aniversario. 

Tomado de Rebelion.org

Xulio Ríos es director del Observatorio de la Política China

lunes, 27 de junio de 2011

¿El próximo tsunami israelí?, por Immanuel Wallerstein


Los palestinos prosiguen con su proyecto de buscar un reconocimiento formal como Estado independiente por parte de Naciones Unidas, cuando en otoño se reúna la Asamblea General. Intentan solicitar una declaración de que el Estado palestino existe dentro de los límites que existían en 1967 antes de la guerra israelí-palestina. Es casi seguro que la votación será favorable. La única cuestión al momento es: en qué sentido es favorable.

El liderazgo político israelí está muy consciente de esto. Hay tres respuestas diferentes que se discuten en el seno de tal liderazgo. La posición dominante parece ser la del primer ministro Netanyahu. Él propone ignorar dicha resolución por completo y continuar, simplemente, con el impulso a las políticas públicas actuales del gobierno israelí. Netanyahu considera que, por mucho tiempo ya, ha habido resoluciones adoptadas por la Asamblea General de Naciones Unidas que han sido desfavorables hacia Israel. Israel ha logrado ignorar todas estas resoluciones. ¿Por qué tendría ésta que ser diferente?

Hay algunos políticos de extrema derecha (sí, hay una posición más a la derecha que la de Netanyahu) que dicen que, en represalia, Israel debería anexarse formalmente todos los territorios palestinos ocupados hasta el presente y ponerle fin a toda mención de negociaciones con los palestinos. Algunos quieren también que se fuerce un éxodo de todas las poblaciones no judías que viven ahora en este Estado israelí expandido.

El ex primer ministro (y hoy actual ministro de Defensa) Ehud Barak, cuya base política es ahora casi inexistente, le está advirtiendo a Netanyahu que no está siendo realista. Barak dice que la resolución será un tsunami para Israel, y que por tanto Netanyahu mostraría su sabiduría si de algún modo hiciera un trato con los palestinos ahora, antes de que pase la resolución.

¿Tiene razón Barak? ¿Será éste un tsunami para Israel? Hay mucha probabilidad de que esté en lo cierto. Sin embargo, casi no existe la posibilidad de que Netanyahu atienda el consejo de Barak e intente, con seriedad, hacer un tratado con los palestinos antes de entonces.

Consideremos lo que es probable que ocurra en la Asamblea General. Sabemos que casi todos (tal vez todos) los países en América Latina y un buen porcentaje de naciones en África y Asia votarán en favor de la resolución. Sabemos que Estados Unidos votará en contra e intentará persuadir a otros de que voten en contra. Los votos inciertos provienen de Europa. Si los palestinos logran un número significativo de votos europeos, su posición política se verá muy reforzada.

Entonces, ¿será que los europeos voten por la resolución? Eso depende en parte de lo que ocurra por todo el mundo árabe en los próximos dos meses. Los franceses han dado indicios abiertos de que, a menos que vean progresos significativos en las negociaciones israelí-palestinas (algo que no ocurre en este momento), votarán en favor de dicha resolución. Si lo hacen, es casi seguro que los países del sur de Europa harán lo mismo. Y también podrían hacerlo las naciones nórdicas. Es una pregunta más abierta si Gran Bretaña, los Países Bajos y Alemania están listos para firmar en favor. Si estos países deciden ir en pro de la resolución, esto resolvería las dudas de varias naciones del este de Europa. En este caso la resolución obtendría la vasta mayoría de votos europeos.

Necesitamos entonces ver qué está ocurriendo en el mundo árabe. La segunda revuelta árabe sigue a todo vuelo. Sería muy aventurado predecir exactamente cuáles regímenes caerán y cuáles se mantendrán en los próximos dos meses. Pero lo que parece claro es que los palestinos están al borde de lanzar una tercera intifada. Los palestinos, aun los más conservadores de ellos, parecen haber abandonado la esperanza de que pueda haber un arreglo negociado con Israel. Este es un claro mensaje de acuerdo entre Fatah y Hamas. Y dado que las poblaciones árabes de virtualmente todos los estados árabes están en revuelta política directa contra sus regímenes, ¿cómo podrían mantenerse relativamente quietos los palestinos? No se mantendrán quietos.

Y si no se mantienen quietos, ¿qué harán los otros regímenes árabes? Todos atraviesan tiempos difíciles, por decir lo menos, para manejar los levantamientos en sus propios países. Apoyar activamente una tercera intifada sería la posición más fácil como parte del esfuerzo que hacen por recuperar el control de sus propios países. ¿Qué régimen se atrevería a no respaldar una tercera intifada? Egipto ya se movió con toda claridad en esa dirección, y el rey jordano Abdulá ha dado indicios de que también lo haría.

Así que imaginen la secuencia: una tercera intifada, seguida de respaldos activos a esa tercera intifada en el mundo árabe, seguida de la intransigencia israelí. ¿Qué harán los europeos? Es difícil ver que se nieguen a votar en favor de la resolución. Podemos llegar a la votación con tan sólo Israel y Estados Unidos, más algunos cuantos minúsculos países en contra, y tal vez algunas cuántas abstenciones. Esto me suena a un posible tsunami. El miedo principal de Israel en los últimos años es la "deslegitimación". ¿No sería justamente un voto así la cobertura del proceso de deslegitimación? ¿Y no sería acaso el aislamiento de Estados Unidos en este voto algo que debilitará aún más su posición en el mundo árabe como un todo? ¿Qué hará Estados Unidos entonces?

Traducción: Ramón Vera Herrera
Tomado de Rebelion.org

martes, 21 de junio de 2011

Los Indignados no se rinden. España se moviliza contra el Euro, por Tomás Labrador.

Más de 50 ciudades españolas salieron este domingo a manifestarse en contra del pacto del euro, que exige mayores recortes a todos los países que forman parte de la moneda única bajo el lema “La calle es nuestra, no pagaremos su crisis”.
Las manifestaciones que han sido pacíficas y han transcurrido sin incidentes, comenzaron por la mañana en Madrid donde más de 50 mil personas marcharon hacia el congreso de los diputados.
Los manifestantes llegaron al punto de encuentro en “Sol” provenientes de seis columnas, que arrancando desde distintos puntos de la ciudad terminaron convergiendo en el centro para finalmente acabar en las cercanías del Congreso, fuertemente vallado y custodiado por la policía.
Sin embargo la manifestación más multitudinaria tuvo lugar en Barcelona por la tarde, donde alrededor de 150 mil personas marcharon desde la plaza Catalunya hasta el parque de la “Ciutadella”.
Los manifestantes fueron llegando a la plaza en columnas, identificados bajo la bandera de sus asambleas barriales.
Todas las generaciones estuvieron representadas, chicos jóvenes, familias con sus hijos y personas mayores, en una reivindicación con carácter festivo donde no faltaron las ya típicas pancartas con frases ingeniosas, a la ya conocida “No hay pan para tanto chorizo” o “No nos representan” se agregaron otras como “Si me ajusto el cinturón, no puedo bajarme los pantalones” o “El futuro ya no es lo que era”.
El 15-M va tomando forma
A poco más de un mes desde las manifestaciones del 15 de mayo que derivaron en las acampadas; las movilizaciones continúan y las asambleas de los barrios discuten propuestas. Mientras los políticos siguen negando la evidencia mirando para otro lado y pidiendo represión en caso de que se sientan ofendidos o molestados.



La manifestación de este domingo acabó convocando para una huelga general en fecha a determinar y la convocatoria a un referéndum popular que pretende someter a consulta cuestiones como, el modelo electoral, los impuestos, la independencia del poder judicial y la economía.

Intergeneracional

El protagonismo fue, para la acción pacífica en una manifestación plural: abuelas que explicaban cómo habían corrido delante de la policía franquista y se solidarizaban con sus nietos por la falta de futuro; intelectuales como Vicenç Navarro; artistas como Mariscal; adolescentes como Aroa y Paula, de 14 y 15 años, que iban por primera vez a una manifestación -«porque es nuestro futuro»-.
Médicos, trabajadores despedidos de una Telefónica con beneficios; sindicalistas; acampados de la plaza de Catalunya; mujeres de mediana edad con sus madres; o niños con el lema ¿Por qué tengo yo que pagar el pato? en la camiseta.



Quinientos kms a pié indignados

Un grupo de indignados de Valencia, recorrerá a pié los casi 500 kilómetros que separan esta ciudad de Madrid. Para llevar las peticiones de los indignados. En su marcha que estiman durará un mes, planean visitar más de 30 ciudades para sumar participantes a su iniciativa.

Tomado de http://redaccionrosario.com.ar/noticias/