DÉCIMAS, por Virginia Monti

1
Bien amarillo es tu canto,
inarticulado estridor,
música para el sordo oidor,
para otros, mero espanto.
Pero jamás me atraganto,
pues cobardes hay de sobra,
mas no haré de mi zozobra
motivo de rendición.
Verás sincera es mi canción
porque suena sin maniobras.

2
Amarilla es tu alegría,
amargor alimonado,
con un toque acipayado,
con bailongo y apatía.
Aquí traigo mi poesía:
es mi única destreza.
Mi arma es la sutileza
para ver en el alarde, 
torpe danza de un cobarde,
el disfraz de la vileza.

3
Ya tu corte amarilla,
con decoro y elegancia,
tararea a la distancia
quién sabe qué pesadilla.
Tiene dura la mejilla
y a flor de piel el descaro.
Con mi canción yo disparo
y doy batalla tranquila:
la impudicia se aniquila
con víscera y juicio claro.

4
Es un canto de sirena
la retórica mauricia,
más que auténtica, ficticia,
embuste, engaño y escena.
Mas su empeño me da pena:
permanezco imperturbable,
nunca fui domesticable.
Su argumento se diluye
con el primero que intuye
la falacia miserable.

Va tornándose amarillo
el sentido de mi gente:
se transforma lentamente, 
aunque sufra el bolsillo.
Es más fuerte el latiguillo,
que la empiria y el olfato.
Sal hermano, de inmediato,
                   del sopor y la soñera:                  
la lucidez es la fiera
que destruye el aparato.



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