domingo, 19 de febrero de 2017

El cine japonés de posguerra, por Morena Goñi


El cine japonés de posguerra. Un análisis de “La condición humana”, de Masaki Kobahashi

Morena Goñi1

No hay que fijarse tanto en el rigor de la reconstitución del pasado, sino en cómo ven ese pasado los cineastas”
Santiago De Pablo

Cine e historia

Como historiadores, a la hora de analizar una producción cinematográfica es imprescindible prestar especial atención al contexto en que se produjo. Más taxativo aún debe ser el análisis si el objeto de producción refiere a un proceso histórico determinado, no porque exista una verdad susceptible de ser representada, sino porque conviven en su interior posiciones ideológicas e historiográficas que deben ser visibilizadas. En tal caso, la intervención de un historiador en el proceso fílmico tampoco garantiza la fidelidad de la representación del pasado, pues también él está atravesado por propias motivaciones. En este sentido, no importa tanto analizar qué sino por qué se dice algo, qué esconden los diálogos y las representaciones en la pantalla; ya que por más objetividad que se les quiera aludir, las imágenes nunca son un imperio autónomo sino que forman parte de un universo simbólico compartido, cargado de significaciones y estrategias discursivas que transforman la imagen en imaginario.

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viernes, 3 de febrero de 2017

EL ÍNCUBO DE LO POSIBLE, por Virginia Monti

Ilustración de Delphine Lebourgeois
Alguna vez le preguntaron al cineasta alemán Werner Herzog qué se requería para filmar películas. La respuesta que ofreció fue tan insólita como audaz. En primer lugar, dijo que era necesario tener buen estado físico y ser una persona atlética: “el cine no nace de tu pensamiento académico abstracto; nace de tus rodillas y de tus muslos”, especificó. Dijo, además, que si tuviera que fundar una escuela de cine, aquellos que quisieran inscribirse deberían cumplir con el requisito de haber recorrido a pie una distancia de no menos de 5000 kilómetros. Luego, tendrían que presentar sus libretas y diarios de viaje como prueba de haber llevado a cabo dicha hazaña[1]. Herzog aseguró que en ese viaje a pie los aspirantes aprenderían más sobre la labor de un realizador que durante cinco años de instrucción formal: “Sus experiencias serán lo opuesto del conocimiento académico, porque la academia es la muerte del cine. Es exactamente lo contrario de la pasión”. Según Herzog, una buena escuela de cine debería permitirles a sus alumnos experimentar un estado de excitación mental, porque es eso lo que hace posible concebir una película: “Las escuelas de cine no deben producir técnicos sino personas de mente agitada. Personas con espíritu, con una llama ardiendo en su interior”.