lunes, 4 de abril de 2011

La "locura" de los setenta, por Lelio Valdez.


Esta carta es para continuar la conversación que tuvimos, hace unos meses, sobre la “locura” de los setentistas. Recuerdo que hablábamos sobre que la militancia de la época pecó de barbaridades de análisis, de errores de percepción de la realidad, que se evaluó mal, o no se vio, la real correlación de fuerzas. Y recuerdo que yo quería relativizar esa idea, llamando la atención para el hecho de que lo que hoy parece locura, podía tener sentido en aquellos años: nadie ignoraba la represión, pero se pensó que podía ser enfrentada y que, con los debidos cuidados, se podía seguir actuando como se lo hacía. Entonces me parece que la clave está en responder qué hechos fueron dando sentido a, más que a una determinada lectura de la realidad, a una serie de comportamientos más o menos difundidos entre los trabajadores, que permitieron pensar en términos de lo que hoy se llama “radicalización”.
   Pero, en principio, y para rebatir esa idea, se puede argumentar que “los hechos fueron como fueron” y que no se puede hacer historia fuera de eso. Ayer leí un artículo de Luis Mattini, donde usó esta frase que, aclaro, comparto:
   “No creo en la pretensión racionalista de leer la historia en subjuntivo; lo que "hubiera" pasado queda para la imaginación de la literatura, no para la historia; en cambio sabemos lo que pasó.”
   También creo que compartimos la convicción de que para pensar la construcción de un movimiento emancipatorio, hay que tener un análisis correcto de la realidad, y además, que a él se llega sólo por aproximación. Bueno, pero también sabemos que las “representaciones”, o percepciones de la realidad que construyan las clases antagónicas, pasan a ser también “realidad”, en la medida en que referencian, posicionan, dan coraje o aconsejan aguantar, etc.
   El detalle sobre el que quiero que pensemos, es que, como materialistas, reconocemos que a las construcciones ideológicas, a las representaciones o las lecturas de la realidad, hay que entenderlas también como aproximaciones a lo real, hechas y construidas a partir de vivencias, acciones y experiencias en el mundo material de la lucha de clases.
   Para usar una terminología gramsciana, y sin pretensión de ser preciso, creo que de la movilización de las clases subalternas nace la posibilidad de que se construya contra-hegemonía, contrapoder, anti-poder, consciencia de clase, etc. Y estos elementos “culturales” o, mejor, prácticas culturales, pueden y deben entrar en la elaboración histórica, pues son el producto de hechos y experiencias de la lucha real. Pueden ser rescatadas para su transmisión, porque son experiencias vividas, aunque parecen ocultas, por ser cultura “subalterna”. “Cultura” que tuvo un significado fuerte para los oprimidos que la construyeron y vivieron, pues pautó su acción política en su momento, a futuro, como apuesta, de todos aquellos que compartieron esa “nueva moral” o “marco de significaciones”.
   Pero, para percibir algo de su significado y de los hechos que construyeron esa cultura como un producto o resultado, hay que pensar a contra-pelo o a contramano. No por la apariencia del resultado, o sea, de los “hechos como fueron”, sino por los sucesos que le dieron sentido a otra percepción de la realidad. O sea, por el sentido que tuvieron en su tiempo para los contendientes, y que tuvo también la consistencia de hechos o formaron parte de lo real vivido.
  El sentido común sólo ve a la “cultura popular” como un resultado incontestable, no interesándose por los hechos rebeldes que le dieron origen: repetían en los 70, y aún lo hacen hoy, que “la clase obrera es peronista” o que el pueblo es peronista, y punto. Por eso había que votar al peronismo o sus variantes, para no despegarse. Y cuando al sentido común se le pregunta: ¿Y por qué el trabajador es peronista? , te responde, como máximo, con un razonamiento de apariencia racional: que lo es porque tuvo beneficios materiales. El sentido común, inmediato, ve a la clase obrera como a un sujeto pasivo, venal, comprable, homogéneo, incapaz de construir morales rebeldes, o cualquier cosa fuera del Sentido Común o de la moral hegemónica. Se ve a la clase obrera como resultado y no se ve su complicado proceso de construcción en la Historia.

43 Aniversario de la CGT de los Argentinos, por Leónidas Ceruti

Por Leónidas Ceruti, historiador - En el Congreso Normalizador de la CGT, “Amado Olmos”, para los días 28, 29 y 30 de marzo de 1968, las distintas corrientes del movimiento obrero chocaron entre sí. El Congreso se transformó en una verdadera batalla contra la dictadura, contra el participacionismo y el colaboracionismo de los burócratas. En él tuvieron cabida las aspiraciones de lucha de los trabajadores, y su voluntad de impulsar la lucha antidictatorial.
Afiche de la CGT de los Argentinos

EL SINDICALISMO DESDE EL GOLPE DEL 66

Sindicalistas como Vandor, Coria y Alonso conspiraron activamente para el derrocamiento del presidente Illía. Luego, su presencia en la asunción del gobierno dictatorial, y posteriormente a los pocos días, la firma del convenio de los metalúrgicos en la Casa de Gobierno, fue otro símbolo, de la relación de Vandor con los militares golpistas.
Entre las primeras medidas tomadas por la dictadura que afectaron a la clase obrera estuvo la suspensión por cuatro meses del decreto 969/66, dictada por el gobierno de Illía, que promovía el pluralismo y la federalización de los sindicatos, y se devolvió la personería gremial a varios sindicatos que habían sido sancionados durante el gobierno radical. Posteriormente, se promulgo la ley 16.936 de “arbitraje obligatorio”, medida duramente criticada por los sindicalistas, ya que la misma limitaba el derecho de huelga. Además, Onganía, ordeno que fuesen intervenidos varios gremios como el Sindicato de Prensa y Canillitas, Sindicato Unidos Portuarios Argentinos (SUPA), Trabajadores del Pescado de Mar del Plata, Municipales de Córdoba, Empleados del Tabaco.
La política anti-popular que llevó a cabo el gabinete económico, más la represión que se ejerció a los reclamos obreros, hicieron añicos el galanteo entre algunos sindicatos y el gobierno. En distintas provincias del país, se iniciaron protestas obreras que de a poco inauguraron un tiempo de sangre y plomo.
La policía, siguió reprimiendo varias manifestaciones de trabajadores: como la de Luz y Fuerza de Buenos Aires, o la de los gremios del riel, como la Unión Ferroviaria y La Fraternidad.

Sobre el concepto y modos de representar problemas de salud, por Mario A. Chavero

Sobre el concepto y modos de representar problemas de salud   [1]                                                                           ...