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La tercera posición historiográfica, por Juan Pablo Castagno

«La “tercera posición” historiográfica: socialización política, doctrina y antigüedad clásica durante el primer peronismo»


Intro
Desde la Revolución Francesa en adelante, existió una fuerte tendencia de distintos regímenes políticos con tintes nacionalistas, de utilizar a la Historia de la Antigüedad clásica como proveedora de exempla en busca de una lejana legitimidad ideológico-política.
Partiendo de Moses Finley y Luciano Canfora, muchos fueron los especialistas que se encargaron de estudiar esta simbiosis entre política moderna y clasicismo. Pero a pesar de su amplitud, por diversas razones, estos estudios quedaron injustamente confinados al contexto de algunos países europeos, pasando por alto el influjo que la trama cultural del mundo antiguo ha ejercido en la tradición política de algunas naciones latinoamericanas.
En un intento de reparar la mentada ausencia para el caso argentino, en el presente trabajo, rastrearemos la existencia y utilización de la Historia Antigua grecolatina en el discurso del peronismo “histórico”, en otras palabras, intentaremos vislumbrar el rol jugado por el clasicismo como herramienta de socialización política del ideario del gobierno encabezado por Juan Domingo Perón durante su primera etapa como presidente de Argentina. Para ello, analizaremos las clases impartidas por Perón y su esposa, Eva Duarte, en la Escuela Superior Peronista: la instancia educativa no formal más importante del gobierno para la transmisión de su doctrina. 
 

Presentación

(…) el mundo antiguo ha tenido una influencia decisiva en mi carácter (…) no lo necesito disimular: Tácito, Julio Cesar y Salustio, se encuentran en todas mis respuestas.

Juan Domingo Perón

I
La utilización ideológica y política de la historia, es una característica inherente a los nacionalismos en cualquiera de sus formas. Así se demostró en el convulsionado contexto mundial de entreguerras, y luego, en el de post Segunda Guerra Mundial. En esos tiempos de crisis política, económica e ideológica del capitalismo liberal, y de ascenso -en algunos países- de regímenes políticos profundamente nacionalistas con una fuerte intervención estatal en todos los aspectos que hacen a la vida en sociedad; se potenció el uso de la historia como herramienta de adoctrinamiento y formación de las masas. Como sugiere Antonio Duplá (2002), nos encontramos ante una concepción militante y agresiva de la historia y de su enseñanza.
Durante el mencionado proceso histórico, las clases intelectuales y políticas de diferentes Estados Nacionales de ese mundo occidental sumido en una época de profundos cambios, entendieron la necesidad de revisar desde originales perspectivas la historia de sus propios orígenes en busca de nuevas fuentes de legitimación. Así fue que siguiendo una tendencia que había comenzado durante la Revolución Francesa y el dominio napoleónico, entronizaron a la Historia de la Antigüedad clásica como la encargada de proporcionar exempla, practicando, como afirma Luciano Canfora (1991), un verdadero “culto de la antigüedad”.
En este contexto hay que situar las íntimas relaciones entre el clasicismo y el nacionalismo fascista, ya que en este tipo de regímenes políticos, la Antigüedad clásica funcionó como una de sus matrices culturales. A este respecto, son elocuentes las palabras de Adolf Hitler en Mein Kampf propugnando por una educación básica predominantemente clásica:

(…) no debemos apartarnos, en la enseñanza de la Historia, del estudio de la Antigüedad. La Historia de Roma, correctamente entendida en sus grandes líneas, es y seguirá siendo la mejor enseñanza, no sólo para el momento presente, sino también para cualquier época. Y también el ideal cultural helénico debe ser conservado en su modélica belleza (…) (citado en Duplá, 2002)

II
Al ser una de las variables principales de la politización cultural fascista, la tradición clásica, fue entendida por muchos estudiosos como un arma al servicio de la reacción, como profundamente conservadora y elitista. Esta concepción, se vinculaba estrechamente a un hecho antagónico de un alto significado ideológico: la ordenación académica posterior a la Revolución Bolchevique que suprimió la enseñanza de la Historia Antigua grecorromana en los programas de las Escuelas Superiores soviéticas por considerarla contraria a los valores y principios revolucionarios (Canfora, 1991).
Entre estos dos caminos contrapuestos, en lo que entendemos como una especie de “tercera posición historiográfica”, se halla el tema de estudio del presente escrito: la interpretación y el uso que se efectuó del clasicismo durante el proceso de socialización político-cultural llevado a cabo por los primeros gobiernos peronistas en Argentina. De este modo, distanciándose de la eliminación que llevaron adelante los bolcheviques y del conservadurismo reaccionario que le imprimieron los fascistas, el peronismo intentó brindarle un carácter popular y progresista a la Historia Antigua europea.

III
Más pronto que tarde, el peronismo comprendió que la permanencia en el mediano y largo plazo de las ideas centrales de su proyecto político nacional, necesitaba de una ardua tarea de “subversión cognitiva” (Somoza Rodríguez, 1997), es decir, la reeducación de la sociedad argentina en un nuevo imaginario. Para tal fin, Perón concibió la llamada Doctrina Justicialista. La doctrina1 perpetrada por Perón, tendrá en cuenta como un contenido importante de socialización política a la Historia de la Antigüedad Clásica.
Desde la principal institución difusora de la Doctrina Justicialista, la Escuela Superior Peronista, se introdujo una novedosa interpretación auténticamente peronista de la Antigüedad Clásica, que aportará experiencia histórica a las nuevas necesidades políticas.
Para rastrear esta cuestión, en el presente trabajo utilizaremos los principales seminarios dictados por el General Perón y su esposa, Eva Perón, en la Escuela Superior Peronista.
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IV
Por diversas razones, en nuestro contexto académico los especialistas en el área del mundo antiguo nos vemos muchas veces obligados a realizar “seguidismo” de las producciones historiográficas efectuadas en el exterior, principalmente en Europa. Allí observamos que desde hace varios años vienen ganando terreno interesantes investigaciones referidas al uso que hicieron de la tradición clasicista diferentes regímenes políticos modernos2. Por lo tanto, aquí es donde reside el origen de la principal motivación que nos empujó a llevar a cabo este estudio: que la mencionada temática no quede injustamente confinada a ser explorada solo para el caso de algunos países europeos, rescatando el influjo que la trama cultural del mundo antiguo ha ejercido también en la tradición política local.

La Antigüedad Clásica como maestra de vida en la Escuela Superior Peronista
I
La Escuela Superior Peronista fue inaugurada a principios de 1951 en la ciudad de Buenos Aires con una clase magistral del General Perón, quien al igual que su esposa, Eva Duarte, dictaron varias en los meses siguientes.
La institución se propuso el logro de cuatro objetivos esenciales para la consolidación del peronismo: Desarrollar y actualizar la doctrina; inculcarla y unificarla en la masa, formar los cuadros justicialistas y trabajar para la formación de los conductores del Movimiento.
La institución tuvo un órgano de difusión oficial: la revista Mundo Peronista. La revista estaba dirigida de manera directa al “pueblo peronista”, es decir, que como primera medida pretendía reafirmar el “peronismo de los peronistas”; Sin embargo, también se preocupó por articular diversas estrategias indirectas de difusión doctrinaria y propaganda que pudieran llegar a toda la sociedad argentina.
La Escuela Superior Peronista fue inaugurada en una coyuntura que buscaba la reducción de los imaginarios múltiples que el momento fundacional del peronismo había permitido y aceptado en la búsqueda de apoyos múltiples y heterogéneos. Por eso, la misma, para 1951 se erige en el espacio de construcción de los mensajes legitimados de lo que es y debe ser el peronismo (Berrotarán, 2008).

II
Los cursos que dictaron el General Perón y Eva Perón en la Escuela Superior Peronista, fueron publicados por partes en los distintos números de la revista Mundo Peronista; y posteriormente, una vez creada la editorial homónima, fueron transformados en libros por la misma.
Repasando solamente el índice de estos libros, sin entrar en detalle sobre los contenidos, se puede notar que las referencias a la Historia de la antigüedad grecorromana son muchas e importantes en el transcurso de los mismos, lo que nos brinda indicios de que era un tipo de contenido significativo en ese ámbito formativo político-partidario.
Pero para observar cual fue el uso que se intentó darle y que características tuvieron las mencionadas referencias a la Historia Antigua, adentrémonos en los contenidos de las clases dictadas por los dos líderes del peronismo en la Escuela Superior Peronista. Basaremos el análisis en tres de los cursos, ya que son los que condesan casi toda la información que nos interesa para el caso: el de Filosofía Peronista y Conducción Política dictados por Juan Domingo Perón, y el de Historia del Peronismo dictado por Eva Perón.
En principio, de los cursos podemos decir que crean un imaginario, intentan una reapropiación del pasado y en tanto discurso permiten presentar la empresa del presente como una superación a todo lo anterior, como una especie de teleología peronista que tiene su estadio inicial en el mundo antiguo. Esto se puede ver en la reconstrucción audaz que se realiza de la temporalidad que lleva implícita un esquema de invalidación del pasado y que subraya todo lo que fue necesario abolir –y superar-: la injusticia, la opresión, la explotación, etc. (Berrotarán, 2008) para llegar a un momento final de felicidad en la vida del pueblo: el Justicialismo. Esto lo podemos ver claramente en el siguiente fragmento del curso de Historia del Peronismo de Eva Perón:

El Peronismo se precia de haber realizado (…) lo mejor de los sueños de los hombres grandes y aun por qué no decirlo con toda franqueza y sinceridad, el haberlos superado (…) No me interesa tampoco que ustedes sepan mucho (…) sobre las luchas entre plebeyos y patricios, o entre espartanos e ilotas; pero si me interesa que sepan que ningún movimiento de masas o de pueblos es comparable con el que realizó nuestro pueblo el 17 de Octubre de 1945. Para eso hemos estudiado la historia universal (…) (Duarte de Perón, 2012).

Con el mismo entendimiento teleológico que su esposa, en el curso de Filosofía Peronista, Perón afirma: “He luchado por cumplir lo que desde hace dos mil años ya está anunciado y practicado [las enseñanzas de justicia social de Cristo], y que el mundo había olvidado” (Perón, 2005).
Otra característica que presentan estos cursos, es la intención de filiar a la Doctrina Justicialista y a la figura de Juan Domingo Perón, con la Historia universal y sus grandes personajes, haciendo eje fundamentalmente en el período de la antigüedad clásica. Desde allí elaboran una genealogía “heroica” que le brinda legitimidad a la “revolución peronista”. Por ejemplo, en el curso de filosofía peronista son visitadas las ideas de distintos filósofos -los sofistas, Sócrates, Platón y Aristóteles- y grandes políticos reformadores del mundo clásico -como Los Gracos, Licurgo o el mismísimo Jesucristo-; todos vistos bajo el prisma del peronismo. Indudablemente, tal como menciona Alberto Ciria (1983), la vaguedad de sus citas es elocuente, aunque genera una épica para quienes se sienten herederos de una tradición gloriosa.
Entendemos que esta característica, responde principalmente a dos cuestiones: Por un lado, en sintonía con la coyuntura geopolítica del momento, la búsqueda de una tradición internacional. Aunque por esos años se sigue reconociendo al peronismo como un fenómeno eminentemente autóctono, empieza a deslizarse en algunos sectores del gobierno la intención de mundializar el modelo de organización justicialista, de exportarlo, como una opción -ni liberal, ni comunista- exitosa para la resolución de los problemas del concierto internacional. Por otro lado, referenciarse en la “lejana” Historia grecorromana, era para el peronismo efectivo y poco riesgoso para sus objetivos, ya que evitaba un desgastante debate historiográfico sobre el pasado nacional entre liberales y revisionistas en el que no tenía intenciones de inmiscuirse. La salomónica solución fue negar la relevancia de toda la historia del país comprendida entre la declaración de la independencia y el surgimiento del peronismo (Plotkin, 2013), e ir en busca de ejemplos legitimadores de la Doctrina Justicialista a otros momentos de la historia universal3.
Pero observemos algunos fragmentos de los seminarios trabajados en los que aparece de manera diáfana la mencionada pretensión filiatoria. Por ejemplo, es ya celebre la referencia que realiza Perón en su Manual de Conducción Política ligando a su movimiento -y a su persona- con el mítico legislador espartano Licurgo:

Licurgo, que en el arte de la política fue, sin duda, el más grande hombre de la antigüedad, y podemos considerar que él fue el primer justicialista del mundo (…) él quitó, por primera vez en la historia, la tierra a los terratenientes, entregándola al pueblo, dividiéndola en parcelas. Así practicó nuestro justicialismo de novecientos a ochocientos años antes de Jesucristo (Perón, 1952).

O con la prédica del cristianismo primitivo, al decir que ésta fue “eminentemente popular y justiciera; de ahí que al Justicialismo no pueda reconocérselo sino como un cristianismo adaptado a las condiciones históricas de nuestros tiempos” (Perón, 2005)4.
También los contenidos de las clases de Juan y Eva Perón en la Escuela Superior Peronista, reivindicarán la naturaleza antioligárquica y antiimperialista que el ideario peronista contiene desde sus inicios. Se buscará en la Historia Antigua ejemplos que sustenten y legitimen esa característica. Parte de esas inquietudes van a surgir de un presente convulso, en el que el gobierno se encuentra entablando disputas con sectores de poder de la oposición que cataloga de “oligarcas” y los vincula a intereses foráneos; pero también, son momentos en que aparecen pugnas y traiciones al interior del propio movimiento peronista, que serán ocasionadas, según la óptica de Eva Perón, por justicialistas corrompidos por el espíritu oligarca. A este último respecto, parece referir el siguiente pasaje del Manual de Conducción Política que tiene a la figura de Alejandro Magno como protagonista:

(…) pensaba yo que es, hasta cierto punto, tentadora la oligarquía (…) Alejandro el Grande, que sin duda fue un rey descamisado, que al salir de Macedonia regaló todos sus bienes conservando para él sólo la esperanza, también cayó en manos del sentido y del sentimiento oligárquico. Cuando se apoderó de Persia y entró en el palacio de Darío, y vio su trono de oro, se dio vuelta y dijo a los generales que lo acompañaban: "Esto sí que se llama ser rey". Claro que él siempre había sido un rey descamisado (…) Alejandro, después de estar entre los persas, se asimiló a ellos y cayó en manos de la oligarquía otra vez. Le pasó lo (…) que no tiene que suceder a nosotros. Los conductores han caído mucho en eso (Perón, 2005).

En idéntico sentido que su esposo, y también parándose en la antigüedad clásica, Eva Perón afirma en Historia del Peronismo:

Vamos a demostrar el espíritu oligarca en la historia (…) creo firmemente que la causa de todos los males de la historia de los pueblos es, precisamente, el predominio del espíritu oligarca sobre el predominio del espíritu del pueblo. ¿Cuál es el espíritu oligarca? Para mí, es el afán de privilegio, es la soberbia, es el orgullo, es la vanidad y es la ambición; es decir, lo que hizo sufrir en Egipto a millares y millares de esclavos que vivían y morían construyendo las pirámides; es el orgullo, la soberbia y la vanidad de unos cuantos privilegiados que hacían sufrir en Grecia y en Roma a los ilotas y a los esclavos; es el espíritu de oligarca de unos pocos espartanos y aristócratas y de unos pocos patricios que gobernaban a Esparta, a Atenas y a Roma (Duarte de Perón, 2012).

Por otro lado, para realizar su crítica al imperialismo desde una perspectiva histórica, en el seminario de Filosofía Peronista encontramos la utilización por parte de Perón de relatos sobre el Imperio Romano. Por ejemplo, allí señala el General:

(…) con la extensión del Imperio Romano y la ampliación del número de esclavos, la democracia va perdiendo fuerza5. En la época de César, es sustituida por el absolutismo del emperador…Los pueblos conquistados gimen bajo el capricho de los gobernadores, procónsules y de su sequito de aves de rapiña (Perón, 2005).

La Tercera Posición, herramienta de equilibrio para el Peronismo y uno de los conceptos sobre el cual gira toda su concepción ideológica, no podía estar ausente en los cursos de la Escuela Superior Peronista. A nivel social, para la Doctrina Justicialista, la posición intermedia, el equilibrio, estaría dado por una comunión de clases como producto de una sociedad donde haya menos ricos para que haya menos pobres. Para avalar históricamente esta idea de armonía social, en sus clases de Filosofía Peronista, Perón recurre al ejemplo de uno de los filósofos más conspicuos de la Grecia antigua: Aristóteles, que según sus palabras fue “el filósofo de la democracia”. Dice el líder del Justicialismo:

[Para Aristóteles] En su Estado ideal, la clase media, juega el rol principal como mantenedora del orden social; por lo tanto, y para evitar una revolución que acarrearía la anarquía y el caos social, proponía tomar medidas, que condujeran al aumento del número de hombres que llevaban una vida acomodada, reduciendo las posibilidades de una profunda miseria frente a una riqueza desmesurada (Perón, 2005).

En la cita precedente, se puede vislumbrar perfectamente el carácter reformista del peronismo, su idea de una justicia social arbitrada por el Estado que brinde orden y evite un anatema para su concepción de la sociedad: los desbordes de las masas. Para lograrlo, una de las ideas fundamentales, introducida en la Constitución de 1949, fue la de la función social de la propiedad, que llevada al mundo rural significaba cumplir con la frase de Perón de que “la tierra debe ser de quien la trabaja; no un bien de renta, sino un bien de trabajo”. El sustrato histórico profundo que encontramos para legitimar esta política justicialista, es la apelación en el seminario de Filosofía Peronista al ejemplo de dos de los más destacados líderes populares reformistas de la antigüedad clásica: los hermanos Tiberio y Cayo Graco. Durante el desarrollo del relato de los pormenores de la actuación política de los Gracos, Perón va a agregar algunas frases muy sugestivas jugando con la relación pasado-presente. Por ejemplo, señala el General:

[Nuestro concepto fundamental de que] la tierra debe der de quien la trabaja (…) responde a las más caras aspiraciones de los labradores, aspiraciones por las cuales lucharon hasta la muerte dos ardientes defensores de la causa popular, Tiberio y Cayo Graco. Hermanos de sangre y de ideal, tuvieron un papel decisivo en la lucha entre patricios y plebeyos, es decir, entre aristócratas y hombres de pueblo (…) luchadores por la dignidad del hombre (…) El mayor de los Gracos, Tiberio, poseía el sentimiento de compasión hacia el oprimido, el débil y el pobre, en un grado jamás visto entre los romanos. Había observado y sentido la miseria en que vivía el pueblo, causada por los latifundios y pensó en una reforma agraria que acabase con ese estado de cosas (Perón, 2005).

Perón se sentía especialmente atraído e identificado con la historia de los Gracos, y el siguiente fragmento final de su narración parece confirmarlo: “los Gracos (…) fueron brutalmente asesinados [acusados de] demagogos. Recordemos que en nuestro país la oligarquía explotadora me calificó muchas veces de demagogo” (Perón, 2005)6.
Platón y Sócrates, a la par del mencionado Aristóteles entre los grandes de la filosofía del mundo clásico, también serán analizados en las clases de la Escuela Superior Peronista. Especialmente llamativo es el tratamiento que se le dispensa a la figura de Platón, ya que a pesar de que se le reconoce la introducción de la idea de justicia como virtud fundamental del hombre en sociedad, se trasmite una imagen mayormente negativa de este filósofo por intermedio de la cual se introducen nociones importantes dentro del sistema de ideas del peronismo. A través de la crítica a Platón, se refutará el intelectualismo elitista, la idea de una sociedad rígidamente dividida en clases sociales y la diferenciación entre trabajo intelectual y manual. Pero citemos al propio Perón:

Platón parte de una distinción rígida en clases sociales, mientras nosotros afirmamos la existencia de una sola clase de hombres: la de los que trabajan.
Por otra parte, para Platón los trabajadores no pueden llegar al gobierno; todo lo contrario sucede con el Peronismo que, como movimiento auténticamente popular, lleva a los más importantes cargos a hombres y mujeres humildes…
[Para Platón] conocer y ser virtuoso es una misma cosa, por consiguiente, el que no tiene conocimiento no tiene virtud.
Vemos el alcance antipopular de esta concepción ética, recordando que para Platón, el conocimiento estaba exclusivamente en manos de los sabios, que constituían la clase dirigente. De modo que como los trabajadores no tenían ninguna posibilidad de cultivarse eran ignorantes y (…) no eran virtuosos.
(…) esta concepción intelectualista es contraria a la experiencia, pues vemos diariamente hombres sabios que son amorales y, por el contrario, hombres ignorantes (…) dueños de una elevada moral (Perón, 2005).

Desde el lugar que las realiza Perón, las discrepancias con las ideas de Platón son originales y van a contramano de una tradición muy extendida que valoraba positivamente el ideario de este último, especialmente para reprobar a través del mismo a la democracia como sistema político y al pueblo como sujeto social de importancia. En este sentido, todo lo que Perón le critica a la filosofía platónica, es justamente lo que resaltaron como rasgo positivo el liberalismo conservador y el fascismo. Estas diferencias, nos permiten reforzar una idea que planteamos al principio del presente escrito: la de la tercera posición historiográfica del Peronismo, que desde un lugar propio se mantiene equidistante de los análisis y usos historiográficos del fascismo, el liberalismo, -y también del comunismo-.
Aunque se puede notar una impronta personalista con interés en los exempla de los grandes personajes para poder entronizar a la figura de Perón, rasgo similar a las interpretaciones de la historia más conservadoras; en lo referido a la Historia Antigua, observamos que la tercera posición historiográfica peronista se diferencia de éstas en otros varios aspectos importantes: la importancia del pueblo como sujeto social con reivindicaciones propias que coparticipa –junto al líder- en los grandes procesos históricos, jamás invisibiliza a los sectores subalternos, fundamentalmente a los trabajadores explotados (campesinos, esclavos, etc.), lo que le brinda un carácter progresista y democrático; y como marcamos en citas anteriores, denuncia a las oligarquías y los males del imperialismo.
Para cerrar el análisis, vale la pena destacar una última cuestión referida a los usos de la Historia perpetrados por el Peronismo. No hace falta una mirada muy aguda, ni ser un especialista versado en los estudios del mundo clásico; para darse cuenta de la falta rigor histórico y apoyatura documental de las clases brindadas en la Escuela Superior Peronista. A pesar de las muchas críticas sesudas de algunos estudiosos sobre el tema, como si hubieran descubierto un plan velado e intricando de transmisión doctrinaria; esto tiene una explicación simple, reconocida directamente y a viva voz por Perón y su esposa: al peronismo no le interesó la Historia en sí misma, ni mucho menos sus debates; sino la construcción de poder a través de la lucha política. En este sentido, encontramos fragmentos del curso de Historia del Peronismo de una claridad meridiana, donde es objetivada sin rodeos la función básica que tiene la Historia para el Peronismo. Allí se afirma por ejemplo:

Los críticos de la historia dicen que no se puede escribir la historia ni hablar de ella, si se lo hace con fanatismo, y que nadie puede ser historiador si se deja dominar por la pasión fervorosa de una causa determinada. Por eso yo me excluyo de antemano. Yo no quiero, en realidad, hacer historia, aunque la materia se llame así. Yo no podría renegar jamás de mi fanatismo apasionado por la causa de Perón. Yo solamente quiero hacer lo que dije aquí el día que inauguramos esta Escuela: que aprendamos, si es posible, a querer aún más al general Perón. Eso es lo que voy a hacer y lo confieso honradamente pensando en Perón, en su doctrina y en el movimiento (…) No he leído la historia para explicarla, ni para dar clases o divertirme, sino para aprender en ella a querer y a sentir todavía más esta breve pero extraordinaria historia de Perón y de su pueblo (Duarte de Perón, 2012).

Reflexiones finales
A partir del descubrimiento de una importante cantidad de alusiones en tres de los cursos más importantes que Juan y Eva Perón dictaran en la Escuela Superior Peronista, principal órgano de transmisión doctrinaria; mostramos que la Historia Antigua tuvo protagonismo como campo socialmente significativo para el proyecto socio-cultural Justicialista. Al igual que otros movimientos de tinte nacionalista, a través de evocaciones al mundo clásico, el peronismo encontró, lo que los latinos antiguos llamaban exempla, es decir, ejemplos a imitar. Pero no solo eso, también allí descubrió una vía de conexión con la tradición cultural occidental en busca de la mundialización de su proyecto político, y un efectivo modo de evitar involucrarse con la Historia Argentina, demasiado inmersa en disputas políticas e historiográficas para un Perón que en esa coyuntura buscaba justamente lo contrario: un unanimismo simbólico que le permitiera reducir y ordenar los imaginarios múltiples de la sociedad argentina.
En segundo lugar, se encuentra el significativo dato de que la Historia Antigua que descubrimos reflejada en las fuentes examinadas, es una Historia Antigua peronizada; es decir, que lejos de ser copia de alguna tradición ya instalada, tiene un carácter absolutamente original desde su perspectiva y su sesgo genuinamente Justicialista. A partir de este proceso, resultó sencilla la operación filiatoria de ir al pasado grecorromano en búsqueda de antecedentes de las principales ideas de la Doctrina Justicialista, entre ellas: justicia social, tercera posición, antiimperialismo, naturaleza antioligárquica, etc.
Pero el artilugio no estaba completo, se necesitaba una teleología, un punto de llegada donde la historia se congele en un destino final de felicidad para los pueblos: esa meta era la sociedad Justicialista, “(…) arma de lucha contra la injusticia de que han sido víctimas los hombres y los pueblos, a través de milenios” (Perón, 2005).

Referencias bibliográficas

BERROTARÁN, Patricia M., (2008), “Funcionarios y Gobiernos en la Nueva Argentina”, Primer Congreso de Estudios sobre el Peronismo: La Primera Década. Mar del Plata., (disponible en: http://redesperonismo.com.ar/archivos/CD1/EPP/berrotaran.pdf).

CAMUSSO, Marcelo P. E. y SANTIAGO, María Eugenia., (2008), “De la esfera militar al plano político: La Escuela Superior Peronista”, Primer Congreso de Estudios sobre el Peronismo: La Primera Década. Mar del Plata., (disponible en: http://redesperonismo.com.ar/archivos/CD1/PP/camusso.pdf).

CANFORA, Luciano., (1991), Ideologías de los estudios clásicos, Madrid: Akal.

CIRIA, Alberto., (1983), Política y cultura: la argentina peronista 1946-1955, Buenos Aires: Ediciones de la Flor.

DUARTE DE PERÓN, María Eva., (2012), Historia del peronismo, Buenos Aires: Fabro.

DUPLÁ, Antonio., (1999), “Clasicismo y Fascismo. Líneas de interpretación”, Contemporaneidad de los clásicos en el umbral del tercer milenio: actas del congreso internacional de los clásicos. La tradición grecolatina ante el siglo XXI (La Habana, 1 a 5 de diciembre de 1998), España: Universidad de Murcia, pp. 351-359.

DUPLÁ, Antonio., (2002), “Apuntes sobre clasicismo y modernidad”, Anejos de VELEIA. Serie Minor nº 17, Bilbao: Servicio Editorial de la Universidad del País Vasco, pp. 347-354.

Mundo Peronista –Nº1 y Nº 8-, (1951).

PERÓN, Juan Domingo., (2005), Manual de conducción política, Buenos Aires: CS.

PERÓN, Juan Domingo., (2005), Filosofía peronista, Buenos Aires: CS.

PLOTKIN, Mariano Ben., (2013), Mañana es San Perón: propaganda, rituales políticos y educación en el régimen peronista (1946-1955), Sáenz Peña: Editorial de la Universidad Nacional de Tres de Febrero.

SOMOZA RODRÍGUEZ, José Miguel., (1997), “Interpretaciones sobre el proyecto educativo del primer peronismo. De “agencia de adoctrinamiento” a “instancia procesadora de demandas”, Anuario de Historia de la Educación de la Sociedad Argentina de Historia de la Educación, San Juan: Universidad Nacional de San Juan, pp. 163-184.

1 La idea de “Doctrina” no significaba para Perón un sinónimo de ideología –tal como la entiende Mannheim-, sino que estaba asociada con el concepto militar de la palabra, como conocimiento general para la acción (guía para la acción) que se inculca a hombres que deben actuar sobre una realidad determinada, cuyos contenidos deben extraerse de la historia y la experiencia (Camusso y Santiago, 2008). En palabras de Perón: “La doctrina es el sentido y sentimiento colectivo que ha de inculcarse en el pueblo mediante la cual se llega a la unidad de acción en las realizaciones y soluciones” (citado por Plotkin, 2013: 54).
2 Una referencia obligada sobre el tema son los importantes trabajos surgidos en España a partir de los años 80´ que analizan, fundamentalmente, el uso de la historia antigua por parte del régimen franquista. Han iniciado una verdadera tradición especialistas como Francisco Pina Polo, Antonio Duplá, Francisco Marco Simón y Fernando Wulff.
3 Un dato que para algunos autores grafica que en los hechos el peronismo adhería a la versión liberal tradicional del pasado nacional; es que los ferrocarriles nacionalizados recibieron los nombres de Urquiza, Roca, Mitre y Belgrano, todos personajes del panteón historiográfico liberal.
4 Vale la pena destacar la significación especial que tienen las alusiones al cristianismo primitivo, ya que responden también a las intenciones del gobierno de elaborar una religión política que le dispute el poder simbólico a la Iglesia. Por otro lado, comparar el martirio de Cristo con el de Eva Perón, fue una eficaz estrategia de apoteosis de ésta última a los ojos del pueblo.
5 Aquí hay una grave inexactitud histórica. La gran mayoría de los especialistas sostienen que la República Romana no fue un régimen democrático, sino una República aristocrática con fuertes tendencias oligárquicas.
6 No es un dato menor que estos señalamientos sobre grandes personajes históricos asesinados, se haga poco tiempo después del fallido intento de golpe de Estado y asesinato del presidente Perón en septiembre de 1951. 

Juan Pablo Castagno
Universidad Nacional de Rosario
Facultad de Humanidades y Artes
Escuela de Historia                                                                                                         juampicastagno82@hotmail.com
 

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