viernes, 11 de septiembre de 2020

"La extrema derecha europea en tiempos del COVID-19", por MsC. Angel Rodríguez Soler

 

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La crisis del coronavirus ha servido a la extrema derecha europea y los euroescépticos para relanzar su discurso contra el espacio de libre circulación Schengen, utilizando la propagación de la pandemia para culpabilizar a los emigrantes. Asimismo la emergencia sanitaria ha desencadenado lo que algunos especialistas consideran “histeria social”, lo cual ha generado una oportunidad para estas fuerzas políticas de erosionar el discurso de los gobiernos tradicionales y promover la desconfianza en las instituciones.

Por otro lado, la industria cultural promueve campañas comunicacionales que propician el avance de tendencias nacionalistas radicales, tales como el fundamentalismo, el neofascismo, el antisemitismo, a partir de la construcción de relatos mediante el desmontaje de la historia, o el regreso a ella, las cuales propician conflictos políticos y sociales a nivel nacional y global, persisten en medio de la crisis sanitaria provocada por el coronavirus2.

Cuarentena, una población ansiosa y con miedos y una economía que entra en recesión: El escenario que se presenta a priori, para cualquier político de extrema derecha constituye un caldo de cultivo propicio para que la ciudadanía se sienta atraída por los mensajes más autoritarios, xenófobos, racistas y sexista, a favor de la defensa de los Estados Nacionales contra los mecanismos de integración regional, en este caso Unión Europea (UE).

sábado, 9 de mayo de 2020

Radiografía de una epidemia. Reflexiones entre precarización y camisolines. Voluntariado y voluntarismo: cuando la urgencia se nos presenta como moralmente impostergable, por Guido Crespi*


 “Hay que hacer la ignominia más ignominiosa, publicándola” (K. Marx)

Rosario – Santa Fe 27 de Abril del año 2020 


Los que siguen son dos textos que han sido escritos al calor de lo que nos está sucediendo a muchos trabajadores de la salud no sólo desde el comienzo de la epidemia de Covid-19, sino desde antes, siendo esta una situación que profundiza y agudiza cierto malestar. Abierto a críticas, disidencias y consonancias, el deseo de quien escribe es que sea un documento de utilidad para toda aquella persona interesada en profundizar una discusión honesta, seria y respetuosa sobre las condiciones en las que se está abordando esta epidemia. 
   A comienzos de marzo del 2020, el brote de la nueva cepa de Coronavirus (Covid-19) que comenzó afectando a China en los últimos días de 2019 en la región de Wuhan y que acabó por extenderse a casi todo el mundo, comenzó a dar sus primeros pasos en nuestro país. El caso 0 se detectó el 3 de marzo, y ya para ese momento las alarmas mediáticas estaban encendidas hace unos días pues el virus parecía extenderse de manera letal sobre Italia, donde aún no había llegado a su pico. A pesar de una “subestimación” por parte del ministro de salud de la Nación, quien declaraba estar más preocupado por el dengue, el gobierno nacional tomó en poco tiempo la determinación de abordar la -para en esos días ya declarada- pandemia y la semana del 20 marzo comenzó el período de aislamiento social y preventivo que hasta hoy, 27 de abril, sigue rigiendo y seguirá al menos hasta el 10 de mayo. 
   Muchas han sido las discusiones alrededor de este tópico, que hegemonizó absolutamente todas las agendas nacionales e incluso las internacionales. La principal, quizás, ha sido y viene siendo aquella en relación a la capacidad de los sistemas de salud de dar respuesta a esta epidemia. Cuántas camas se disponen, cuántos trabajadores de la salud, cuántos equipos de protección personal, cuántos testeos, en qué dependencias se van a centralizar, intervención de las clínicas que no cumplan los protocolos, etc. Dentro del ámbito de la salud, esta situación puso de manifiesto la opresión a la cual ya cotidianamente nos vemos sometidos gran parte de quienes desempeñamos una tarea en dicho ámbito. Regímenes de monotributo (incluso dentro del estado), ley de supervivencia del más apto, bolsas de trabajo virtuales donde miles de colegas médicos rapiñan la mejor (peor) oferta salarial, aportes a una caja profesional sin estructura solidaria, condiciones de ambiente de trabajo altamente inestables y variables, ofertas de trabajo donde priman la atención de urgencias y emergencias - dejando así de lado cualquier oportunidad real de construir salud en estrategias de promoción y prevención, etc- profundizando la alienación en el trabajo médico (la guardia es lo más parecido a una línea de montaje o un barco oriental de manufactura: pacientes como objetos y horas y horas sin descanso “al servicio de la comunidad”). 
   Claro, todas estas situaciones estaban silenciadas, o las luchas por su mejoramiento no tenían el poder para ganar las primeras planas. Quizás ahora la conciencia de la ignominia, al decir de algún filósofo prusiano, ha sido puesta de manifiesto por la situación de epidemia. Con niveles de saturación informativa alarmantes e incapacidad llamativa de los distintos estamentos estatales para poder dar respuestas al personal de salud en torno a esta epidemia (sólo enfatizo sobre la responsabilidad estatal, pues disiento con las lógicas de „responsabilidad social empresarial‟ que se le pide en consonancia a los CEOS y dueños de sanatorios o empresas de salud; su lógica es otra y es como pedirle peras al olmo), los trabajadores de la salud nos encontramos en la primera línea de contención estratégica de la enfermedad con las mismas condiciones de precariedad a las que ya estábamos sometidos. Y aún hay más.

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* Trabajador de la salud. Médico egresado Facultad de Ciencias Médicas-UNR. Docente invitado en la materia electiva “Salud Pública: aspectos históricos y epistemológicos. Perspectivas y debates actuales”. Colaborador docente en la cátedra de Medicina y Sociedad. guidocrespi@outlook.com


Paro de médicos residentes | Se movilizaron desde e... | Página12
(foto: Pagina 12/Télam)

martes, 7 de abril de 2020

Coyuntura de África N° 1, por Ramiro de Altube

Año 1. Número 1
Primer trimestre de 2020
Ramiro de Altube
ISSN: 2683-9857 
Lic. Creative Commons

https://coyunturadeafrica.blogspot.com/


“Sólo cuando el orden establecido se acepta como medida de todas las cosas, 
se convierte en verdad su mera reproducción en la conciencia”. 
(Theodor Adorno, Prismas)

“Un recurso natural no puede ser sino una bendición divina. Es su uso lo que puede ser una maldición. 
El gas, el petróleo, los fosfatos, el zircón, el oro. Tanta riqueza que tenemos y no nos beneficiamos. 
Esa maldición se puede transformar en crisis. Muchos países en el mundo han sido desestabilizados por multinacionales porque una nueva dinámica política ha querido poner ésto en cuestión. Eso es lo peligroso”. 
(Ousmane Sonko, opositor y líder panafricanista senegalés, 2 de febrero de 2020).

En la última semana de septiembre de 2019, en la ciudad de Nueva York, durante una cumbre de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), un grupo de expertos/as de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Banco Mundial (BM), presentaron un informe donde advertían que "el espectro de una urgencia sanitaria global se vislumbra en el horizonte" y que “hay que prepararse para lo peor”. 
El documento incluye un balance de las actitudes y políticas tomadas por los principales “líderes” del mundo luego de las últimas epidemias y problemas sanitarios de alcance global, entre los cuales consideran la última epidemia de ébola en el África subsahariana. La conclusión de lxs investigadores es que, más allá de los miedos y preocupaciones iniciales, luego del paso del pico agudo de las enfermedades, se relajan las medidas de prevención y los programas sanitarios se abandonan, aún cuando en términos financieros resultarían a la postre menos costosos que las medidas que se deben tomar una vez desatada la epidemia. 
Esta actitud tiene raíces en la confianza que los núcleos occidentales tienen en sí mismos y en la civilización que habitan. La historia del capitalismo occidental tiene muestras de sobra de las relaciones estrechas entre confianza y crisis estrepitosa. En este caso el informe decía: "Europa y Norteamérica se sienten muy a salvo, pero hay que explicar a la gente que, en un mundo interdependiente, cualquier brote puede afectar, como mínimo, a los países vecinos. Todavía no somos conscientes de lo conectado que está este planeta a través del transporte aéreo. En cuestión de horas puedes haber llevado cualquier enfermedad de un lado del globo a otro”. Por todo ello los expertos proponían: “Si queremos empezar a prepararnos ya, hay que instalar laboratorios en zonas en riesgo, preparar personal cualificado como epidemiólogos e informar a la población para que ellos mismos sean los primeros que den la voz de alarma.” (El País, 5-10-2019).
Lamentablemente, como sabemos, la dinámica de funcionamiento del capitalismo impide que razones de índole humanitaria o ecológica primen sobre las relaciones de poder y rentabilidad que están en la base y son el principal objetivo del funcionamiento del conjunto. En ese maquinaria estamos incorporados y la difusión de la pandemia del coronavirus (Covid 19) es una muestra contundente y tremenda de ello. Pero este drama sanitario mundial - que se suma a otros ya existentes que vive la humanidad desde hace tiempo - no puede ser considerado ninguna sorpresa. Forma parte de una crisis profunda y estructural iniciada en 2008, que no ha encontrado solución hasta hoy y que muestra su forma más aguda en la difusión vertiginosa de este nuevo virus por todo el globo terráqueo. 
Esta etapa aguda de la crisis capitalista iniciada y contínua desde 2008, encuentra en la coyuntura de África su expresión en diferentes procesos históricos que iremos presentando de modo secuencial y alternativo. Tales procesos incluyen hechos, sucesos, situaciones y acontecimientos que están influenciados por determinaciones de distinta índole: a) del corto plazo de la etapa post-caída del muro de Berlín, b) del mediano plazo del período “independentista” (desarrollado desde la segunda postguerra) y c) del largo plazo, que incluye la colonización europea (desde el último cuarto del siglo XIX), el extenso período de la trata negrera (desde fines del siglo XV) y toda la historia  previa de los “reinos africanos tradicionales”. 
Por supuesto, estos procesos históricos presentes en la coyuntura africana están en plena transformación a partir del aislamiento y las políticas de emergencia que están tomando todos los paises implicados. La analogía hasta ahora pertinente es la de la crisis de 1930 y sus derivas espeluznantes.