martes, 26 de julio de 2011

Las modalidades del impacto de la Crisis Energética actual. El Caso Argentino, por J. M. Puttini

Por Juan Miguel Puttini [Desde Ushuaia]

A medida que la Crisis Energética se va desarrollando a escala mundial se va tornando cada vez más claro que las modalidades de su impacto en las diferentes regiones y países comienzan a divergir.
Por lo que puede apreciarse hasta este momento, estas divergencias obedecen principalmente a los siguientes fundamentos:

a) El grado de desarrollo de la capacidad masiva de consumo alcanzada. En aquellos países, principalmente en los centros imperiales, en los que la capacidad de consumo de masas se encuentra altamente desarrollada y donde la parte del salario dedicada a insumos energéticos es proporcionalmente más reducida, se manifiesta una tendencia a la reducción paulatina del nivel de vida que, sin ser despreciable, hasta el momento es sobrellevada con cierta pasividad. Por el contrario, en aquellos países donde la mayor parte del salario es dedicada a insumos energéticos o a alimentos básicos no procesados industrialmente (cuyo componente energético es muy elevado) la holgura es mucho menor y el impacto sufrido es más directo y rápido. Quizá uno de los detonantes de las insurrecciones en el norte de África pueda encontrarse en este fundamento.
b) El poder adquisitivo general en relación a los costos energéticos. Similar al fundamento anterior, pero con el matiz de que a un mayor nivel de ingresos en dólares la capacidad de pago por insumos energéticos más caros se mantiene durante más tiempo, desplazando del mercado a aquellos humanos que, viviendo a nivel de subsistencia, no tienen más alternativa que abandonar las pretensiones de adquirir tales insumos y, por tanto, quedan fuera de competencia.
c) La proporción del sector industrial en el conjunto de la economía. Debido a la alta intensidad del consumo energético de la industria en relación a los sectores de comercio, finanzas o servicios, aquellos países, otra vez los centros imperiales, que han visto una reducción prolongada de la participación relativa de la industria en su economía poseen una mayor capacidad para resolver temporalmente el impacto del alza de los precios de la energía. Por el contrario, las economías industriales emergentes (China, Brasil, India, etc.) han recibido la capacidad industrial que abandonaba a los centros imperiales por lo que la intensidad energética del conjunto de su economía es mayor, y mayor es por consecuencia el impacto del aumento de costos. Adicionalmente el grado de eficiencia energética de la industria de las economías industriales emergentes es menor a la de las industrias de punta de los centros imperiales, agravando aún más el problema.
d) La capacidad de exportación de insumos energéticos. Aquellos países que pueden exportar insumos energéticos se encuentran en una posición privilegiada (Rusia, Medio Oriente, Australia). El aumento de precios los beneficia y los continuará beneficiando durante un tiempo más prolongado. Pero debido al mismo aumento incesante de la renta energética, y a la prosperidad que derrama hasta cierto punto sobre el conjunto de los habitantes, estos países están presenciando un crecimiento de la demanda interna de insumos energéticos, lo que conspira en ciertos casos con el mantenimiento de los niveles exportados.
e) La capacidad de exportación de insumos alimenticios. El reducido grupo de países que están en condiciones de exportar excedentes alimenticios pueden hasta cierto punto trasladar el aumento de los costos (el sector agrícola es muy intensivo en el uso de energía) hacia un aumento de precios. Esto posibilita el mantenimiento de los niveles de producción y al mismo tiempo un aumento en la recaudación impositiva sobre exportaciones.
f) Los recursos financieros del Estado. En aquellos países en que por una u otra de las razones anteriores aumentan los ingresos por exportaciones, el Estado es capaz de tomar una parte de esos ingresos y relocalizarlos, vía subsidios, en los sectores de la economía que son más vulnerables al aumento de los costos energéticos, ya sea la industria o la población más general.

En lo que sigue intentaremos aplicar los fundamentos anteriores para el análisis de la modalidad en que la crisis energética actual se ha manifestado en la Argentina.
Muy lejos de parecerse a un centro imperial, de todas maneras el país posee un sector importante de la población con una capacidad de consumo que, comparada con la mayor parte de los países que no pertenecen al centro imperial, es relativamente más holgada. Estos sectores de ingresos medios dedican una parte importante de los mismos a adquirir insumos industrialmente procesados (alimentos, muebles, autos, vivienda, etc.) en los que la parte que corresponde a los costos energéticos es más reducida. Debido a ello un aumento significativo en esta parte de los costos impacta muy moderadamente en los precios finales que la población debe pagar. Por otra parte el consumo de insumos energéticos directos (por ejemplo gas, nafta y gasoil) representan una parte menor del conjunto de gastos de los hogares. Para poner un ejemplo: un aumento del 20% en el costo del combustible para el auto representa, para un hogar que dedica $200 por mes a este rubro, un incremento real de $40. Como el rubro combustibles representa alrededor del 5% de los gastos totales de un hogar de nivel medio, el impacto real sobre los ingresos resulta ser de apenas el 1%.
Como Argentina no pertenece a los países de industrialización reciente el grado de participación del sector en la economía es moderado y el nivel de eficiencia energética mayor. En general los países que han vivido un boom industrial reciente no han desarrollado medidas para el mejoramiento de la eficiencia energética de sus industrias, principalmente porque las altas tasas de plusvalor y de ganancia no los obligaban a ello. Los países con una industria madura han tenido el tiempo y la presión para realizar esas mejoras.
Queda por ver ahora el sector exportador. Desde comienzos de los años ‘90 la Argentina comenzó a exportar petróleo y gas en forma intensa. Esta política tuvo un doble efecto: ingreso de divisas y agotamiento rápido de las reservas. Hoy la producción se encuentra en franco declive en ambos hidrocarburos.

Producción de Petróleo para consumo propio (claro) y exportaciones (oscuro).
En millones de toneladas[i]



Producción para consumo propio (azul claro) y para  exportaciones (oscuro) 
Importaciones en rojo. El total de producción es la suma de ambos rubros azules.
En millones de toneladas de petróleo equivalente[ii]



Desde 2007 el país necesita importar gas natural y otros hidrocarburos para cubrir los requerimientos internos. De conjunto el sector energético pasará, a partir de este mismo año, a ser deficitario en términos de comercio exterior. De esta manera se cierra una de las ventanas que a la vez permitía el autoabastecimiento energético a bajos precios (regulados) y colaboraba significativamente en la balanza comercial.
Más en detalle, hasta el año 2007 Argentina exportaba hidrocarburos en todos los rubros y prácticamente no importaba nada. A partir del 2007 las importaciones de gasoil superan a las exportaciones como consecuencia de los mayores requerimientos para el agro y para compensar la insuficiencia de gas natural. Esta insuficiencia era el resultado de la caída de la producción interna, el aumento sostenido de la demanda y el límite de las importaciones de gas de Bolivia debido a la falta de infraestructura de transporte (los gasoductos tienen una capacidad de transporte limitada). Este último problema es a su vez revelador de un factor que no suele tenerse en cuenta en las discusiones energéticas, a saber: dentro de los costos de la energía se deben calcular tanto los costos de transformación (la refinación del petróleo por ejemplo, ya que el petróleo crudo no puede ser consumido) y la infraestructura de transporte. Si pensamos a la infraestructura como Condición General de la Producción, o capital global común compartido entre todos los capitalistas, es claro que una forma de mantener la apariencia de rentabilidad energética es usar esa infraestructura hasta el límite sin reinversiones o acumulación ampliada (menos aún, sin reponer el capital fijo que se ha depreciado por la transferencia de valor al producto). Por tanto parte de la ganancia obtenida es ficticia o, lo que es lo mismo, es capital fijo utilizado y no repuesto. Hoy existen muchos países en el mundo, entre ellos Argentina, que han llegado al límite en esta transformación ficticia de capital fijo en ganancia.
Durante el mismo año 2007 esta situación se vio agravada por los bajísimos niveles, en términos históricos, de los embalses en las represas de la cuenca del Comahue. Esto hizo caer a pique la generación hidroeléctrica y aumentó la presión para el consumo (importado) de combustibles fósiles para generación. No obstante lo temporario de esta circunstancia, el problema de fondo de insuficiencia de recursos propios continuó haciendo meya en la estructura energética: durante el año 2008 aumentaron las importaciones de gasoil.
La crisis mundial capitalista del 2008-2009 provocó una fuerte caída de la producción industrial y la demanda general interna, tanto de gas como de generación eléctrica. Como consecuencia cayó un poco la demanda de hidrocarburos importados. Para el 2010, con los inicios de cierta recuperación económica, se retomó la tendencia alcista en las importaciones. En lo que va del año esa tendencia explotó.
Exportaciones e Importaciones de hidrocarburos, y saldo global[iii]



Los insumos energéticos pueden verse básicamente desde dos puntos de vista. Desde el aspecto de su capacidad de combustión todos los hidrocarburos son equivalentes. Desde el punto de vista de sus usos posibles no lo son: algunos son mejores para generar calor, otros para alimentar motores de combustión interna. Así, cualitativamente, la sustitución entre hidrocarburos es limitada. El sector de la economía más versátil para sustituir combustibles es el de la generación eléctrica térmica; puede usar carbón, fueloil, gasoil, gas natural, petróleo crudo si es necesario. Debido a ello es que las importaciones energéticas van a reflejar generalmente los requerimientos de la demanda eléctrica. A esta altura la Argentina es deficitaria en casi todos los productos energéticos elaborados. Solo es superavitaria en petróleo crudo y otros combustibles menores (en el gráfico figuran como otros), y se encuentra en balance técnico en naftas, exportando del tipo común (que en el país prácticamente ya no se usa) e importando las de alto octanaje (súper y ultra).
Como decíamos antes, de esta manera se cierra una de las ventanas que colaboraban en el superávit del comercio exterior. Pero aún, el sector comienza a dragar el resultado total.

Saldos de los rubros de energía y de no energía, y saldo global (en millones de U$D)[iv]



En lo que sigue a continuación intentaremos aportar elementos para comprender la multitud de causas subyacentes que van tejiendo el panorama de crisis energética en Argentina.
Antes es preciso aclara algunos conceptos que querrán utilizados a continuación. Todos ellos han sido escalados a la misma unidad de medida: Millones de BTU. Un BTU, o British Thermal Unit, es la cantidad de energía necesaria para elevar un grado Fahrenheit a una libra de agua. En segundo lugar, los gráficos aportan información sobre los factores que colaboran en una mayor oferta o menor demanda (positivos para el balance), así como en una menor oferta o mayor demanda (que perjudican el balance). En tercer lugar los gráficos no intentan mostrar valores absolutos sino variaciones con respecto al año base 2007, como una manera de percibir las tendencias que están operando. En cuarto lugar los datos solamente se refieren al sub-universo del consumo de gas en todas sus formas sumado a las necesidades de generación eléctrica en todas sus formas. Por tanto no incluye otros usos energéticos, fundamentalmente transporte automotor en cualquiera de sus formas: privado, de pasajeros y de bienes, trenes, barcos, aviones, etc.
Lo primero que salta a la vista es la capacidad de generar oferta energética propia en el país. Como puede apreciarse la caída en la producción de gas natural (para cualquiera de sus usos) no puede ni de lejos ser compensada por los incrementos en la producción propia de fueloil y el aumento de la generación hidroeléctrica. Con respecto a este último rubro cabe aclarar que es muy poco probable que aumente la capacidad hidroeléctrica en el futuro por la razón que anteriormente elucidamos (que requeriría una inversión importante en infraestructura que iría a trasmano de la tendencia a descapitalizar que ya se percibe en el transporte de gas) y porque los sitios donde sería posible instalar represas ya han sido casi por completo ocupados.
Modificaciones en la oferta propia de energía en comparación al año 2007 en billones de BTU[v]



Durante la crisis internacional que se desató a mediados del 2008 cayó la producción industrial en Argentina y como consecuencia la demanda prácticamente se estancó en casi todos los rubros. Uno de los sectores que colaboró en que la demanda no presionara demasiado fue la retracción en la producción de metales (acero y aluminio principalmente) que es muy intensiva en el uso de energía eléctrica. Pero en contrapartida el resto de la demanda (fundamentalmente de hogares) más que compensó aquella disminución.
Modificaciones en la demanda de generación eléctrica en comparación al año 2007 en millones de BTU[vi]



En cuanto al uso de gas para otros fines que no son la generación eléctrica la caída en el uso industrial de los años 2008 a 2010 se debió tanto a la crisis económica mundial como a políticas gubernamentales de restricción de suministro a las industrias durante los inviernos de esos años, para garantizar la demanda de los hogares.
Modificaciones en la demanda de gas no eléctrico en comparación al año 2007 en millones de BTU[vii]



El gas para uso residencial mostró una disminución durante los años 2008 y 2009 pero retomó su tendencia alcista a partir del 2010. Esta circunstancia se debió principalmente a la cantidad de días fríos durante los años de referencia. Cuantos más días fríos ha tenido un año, mayor el consumo de gas residencial.
Como puede observarse el año 2007 fue el tercero en cantidad de días fríos invernales desde que se tiene registro. A la inversa el año 2008 fue el segundo menos frío y el 2009 y el 2010 estuvieron muy cerca de los mínimos históricos.[viii]



Por tanto ha caído la oferta propia y ha aumentado la demanda. Por supuesto que la única forma de cubrir la demanda es incrementando las importaciones. Frente a las limitaciones de capacidad de transporte de Gas Natural Gaseoso proveniente de Bolivia la primera reacción fue aumentar las importaciones de Gasoil y Gas Natural Licuado (que es transportado por barco y regasificado en otro barco que amarra en puerto). Como ya veremos esto incrementa los costos exponencialmente. Como si esto fuera poco a partir del presente año incluso el Fueloil ha pasado a colaborar en las importaciones energéticas netas (o la diferencia entre las importaciones y las exportaciones, porque ambas situaciones pueden darse a la vez).
El mundo se encuentra muy presionado por el mismo problema que se presenta en Argentina. Esto ha conducido a un aumento en la demanda de gasoil para generación eléctrica en todas partes pero también a un desarrollo en la infraestructura para la exportación de Gas Natural Licuado, lo cual disminuye su costo. Es por ello que a partir del presente año las importaciones de este insumo superan ampliamente a las de Gasoil.
Modificaciones en la importación de hidrocarburos en comparación al año 2007 en millones de BTU[ix]



Un último elemento a tomar en cuenta es que la generación térmica no es plenamente utilizable. Una parte (aproximadamente el 60%) de la energía contenida en los hidrocarburos quemados para mover las turbinas se pierde como calor y no se transforma en electricidad. Esto sucede con todos los motores, incluso con los de combustión interna de los automotores. A esto hay que sumarle las pérdidas de red, a lo largo del tendido de transporte eléctrico. Asimismo las usinas deben consumir parte de lo que generan para su propio funcionamiento.
La primera forma de pérdida no sucede en la generación hidroeléctrica, pues no hay transformación alguna. Pero a medida que la generación de tipo térmica aumenta su participación en el total, debe aumentar la pérdida por transformación.
Efectivamente esta situación se ve reflejada en todos los años posteriores al 2007. La disminución relativa (al año 2008) que se presencia en el 2009 y 2010 se debió al aumento en la oferta hidroeléctrica durante los mismos años como consecuencia de la mayor generación de la represa de Yaciretá (por el aumento de la cota –elevación- de la represa) y por la menor necesidad de generación térmica debido a la crisis.



Pérdidas de Transformación y otras pérdidas en comparación al año 2007 en millones de BTU[x]



Ahora sí es posible mostrar el resultado global de todos los factores anteriormente estudiados. De conjunto se observa que la menor oferta interna y el aumento de la demanda solo pudo ser suplido por el incremento en las importaciones de hidrocarburos.

Resultado Global en comparación al año 2007 en millones de BTU (el balance global suma cero)[xi]



Ahora bien, los hidrocarburos importados son más caros, mucho más caros que los producidos internamente. Los precios internos pueden ser regulados hasta cierto punto (a riesgo de desestimular la inversión en capacidad productiva) pero los precios internacionales no.
Una forma de apreciar esta diferencia es observar la desigual evolución del precio spot de la energía eléctrica (que incluye los costos reales) y el precio subsidiado que es el que se le cobra mayoritariamente a la población. Como se observa en los gráficos siguientes, la demanda eléctrica suministrada a precio spot ha permanecido constante mientras que la demanda a precio subsidiado no ha dejado de crecer, alcanzando en la actualidad a más del 80% del total suministrado. Pero por el lado de los precios la situación es aún más dramática. En términos reales (corregido por inflación) el precio spot que es representativo de los costos reales ha estado creciendo de una forma vertiginosa, mientras que el precio subsidiado, prácticamente congelado en términos corrientes, no para de descender.

Demandas y Precios del mercado Spot y del mercado subsidiado[xii]




Para hacernos una idea aproximada de los déficits en que las generadoras eléctricas incurrirían a no ser por aportes externos a la factura que abonan los consumidores observemos el siguiente gráfico.



Valor que las Generadoras Eléctricas cobran a precio Spot y a precio subsidiado, y monto de los subsidios implícitos si la demanda subsidiada se facturara a precio Spot, en millones de pesos reales, corregidos por inflación.[xiii]



Como alguien tiene que pagar, y como el estado capitalista se propone, en la medida de lo posible, contribuir a la reproducción de la acumulación capitalista en condiciones relativamente estables y pacíficas, la compensación por los sobrecostos de producción eléctrica por el uso de hidrocarburos importados y caros se cubre con aportes estatales.
Aquí yace el segundo recurso que ha colaborado hasta el momento (el otro era el superávit en la balanza comercial de insumos energéticos, ya perdido) en la atenuación del impacto de la crisis energética. El Estado, cumpliendo con su rol de estabilizador de las condiciones de reproducción capitalista,  ha estado cubriendo las diferencias entre precios controlados y costos en crecimiento vertiginoso mediante una política permanente de subsidios, tanto a la generación eléctrica como a las empresas de transporte de pasajeros (vía precio subsidiado del gasoil).
Una de las formas de apreciar el impacto de esa política de subsidios es observándola en conjunto con la evolución de los recursos fiscales nacionales.
En el gráfico siguiente se han agrupado los ingresos y gastos del Estado nacional de la siguiente manera: Por una parte las transferencias que el Estado nacional deriva a las provincias, ya sean corrientes o de capital, incluyendo la coparticipación federal de impuestos; por otra parte los subsidios a la energía y al transporte; luego se presentan por separado los ingresos derivados de los derechos por la exportación de bienes, casi por completo debidos a las exportaciones de productos del agro; todo el resto de los ingresos y gastos se incluyen bajo el concepto de Resultado Financiero base. El resultado financiero global se presenta por separado con referencias en el eje derecho.
El propósito del gráfico es el comparar dos sectores extraordinarios como lo son la política energética del Estado nacional y los ingresos debidos al boom de la soja. Los otros dos rubros responden más bien a movimientos económicos internos, principalmente en lo relativo a sus precios. Todos los valores están corregidos por inflación y se presentan en términos de medias móviles de cuatro trimestres para apreciar mejor las tendencias.

Resultado Financiero Real del Estado nacional[xiv]



Se puede apreciar que la recuperación financiera que comienza a partir del tercer trimestre del 2010 se trunca a comienzos del presente año. En parte se debe a que los ingresos nacionales no han alcanzado su nivel pre-crisis, pero un factor que llama la atención es que la diferencia entre los derechos de exportación y los subsidios energéticos que hasta mediados del año 2008 se mantenía constante comienza a descender rápidamente a partir de entonces y hoy prácticamente ha desaparecido, como puede apreciarse en el siguiente gráfico.
En efecto, si cancelamos los dos sectores ordinarios, por una parte, y los dos extraordinarios por la otra, observamos que los derechos de exportación que hasta muy recientemente alcanzaban para solventar una amplia política de subsidios del Estado nacional han estado perdiendo su poder.[xv]



Va desapareciendo así la segunda ventana de recursos que permitía atenuar los efectos de la crisis energética.
La evolución futura dependerá de diversos factores. Es esperable que la caída de stocks de alimentos a nivel mundial envíe los precios de las materias primas alimenticias a niveles récord otra vez, lo cual aumentaría de nuevo los ingresos por derechos de exportaciones. Es posible también que el segundo impacto de la crisis internacional que se avecina (y que será tan o más virulento que el primer episodio) haga descender temporariamente los precios internacionales de los insumos energéticos y al mismo tiempo restrinja la demanda interna por la recesión, haciendo caer las importaciones. No obstante la tendencia general a esta altura es irreversible y volverá a manifestarse cada vez que haya una recuperación.
Y ya no habrá más ventanas.


[i]  BP Statistical Review of World Energy 2010.
[ii]  Ídem.
[iii]  Elaboración propia en base a información provista por Aduana Argentina e Indec.
[iv]  Ídem.
[v]  Elaboración propia en base a información provista por Aduana Argentina, Ente Nacional Regulador del Gas-ENARGAS, Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico-CAMMESA e Indec.
[vi]  Ídem.
[vii]  Ídem.
[viii]  Informe Anual Año 2010, CAMMESA.
[ix]  Elaboración propia en base a información provista por Aduana Argentina, Ente Nacional Regulador del Gas-ENARGAS, Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico-CAMMESA e Indec.
[x]  Ídem.
[xi]  Ídem.
[xii]  Informe Anual Año 2010, CAMMESA.
[xiii]  Ídem.
[xiv]  Oficina Nacional de Presupuesto, Secretaría de Hacienda, Ministerio de Economía de la Nación, y Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública-ASAP.
[xv]  Ídem.

miércoles, 20 de julio de 2011

"Quien domine el coltán dominará el mundo"

Entrevista a Vázquez Figueroa, novelista y periodista

-El coltán es el petróleo del siglo XXI. ¿Por qué medio mundo pelea por él en ese laboratorio infernal del Congo y en el otro medio asistimos impasibles a la catástrofe?

-Porque es un mineral mágico, el 80 por ciento del cual se encuentra allí, compuesto de columbita y tantalio, con una conductividad hasta 80 veces más que el cobre. Quien domine el coltán dominará el mundo, nuestras vidas y las comunicaciones: es básico, esencial, para móviles, ordenadores, videoconsolas, televisores, GPS de aviones, armas teledirigidas, satélites artificiales...

-Los niños, como en todo devenir de la Historia, son las víctimas de la lucha por el coltán, seres terriblemente explotados, de entre siete y diez años, y a los que se les «paga» con 25 céntimos de euro al día. ¿Estamos ante la esclavitud del siglo XXI?

-Cada kilo de coltán que se extrae les cuesta la vida a dos niños, a dos seres inocentes. Son datos terroríficos. El coltán lo extraen niños porque se encuentra en yacimientos a muy baja profundidad, y con sus pequeños cuerpos son los que caben mejor por los recovecos.

-Muchos de estos niños mueren víctimas de horribles desprendimientos de tierra.

-Y se quedan allí enterrados. Lo que no han querido las empresas que fabrican esos aparatos es que eso se supiera. Yo he vivido dos décadas en África y algo había oído. Hay fotos de esa barbaridad: niños semiesclavos respirando polvo mientras llueve a mares o se los lleva la riada. Eso es un infierno. Han llegado cientos de miles de refugiados y aquello es un desastre. Hace un año una empresa retrasó la salida de su videojuego porque no tenía suficiente coltán.

-¿Qué podemos hacer ante tan miserable explotación de menores?

-Yo me pregunto: ¿cómo en el siglo XXI toda nuestra tecnología depende de que haya un niño allí dando martillazos a una piedra y a un pedazo de tierra que se le viene encima? ¡Esto es de locos!

-¿Quién ha derribado el tabú?

-Se hablaba de guerra entre tutsis y hutus, pero los medios sí hablan ahora de la lucha por el coltán del Congo. Naciones Unidas siempre la ha reconocido.

-¿Esa crisis humana es ya carne?

-Todos recordamos a tutsis y hutus matándose a machetazos, no olvidamos las iglesias quemadas con toda la gente dentro, ni a los niños perseguidos, con los brazos y narices cercenados. 700.000 desplazados y ya casi cinco millones de muertos... ¡por el maldito coltán y porque tengamos una vida más cómoda!

-¿Qué futuro ve a la guerra del coltán?

-La experiencia no sirve para nada. ¿Quién iba a profetizar el desastre de la crisis que estamos padeciendo? Si alguien lo dice hace unos años se le habría tachado de loco, soñador, alucinado.

-¿Por qué no paramos la guerra?

-Porque las grandes empresas y Gobiernos no quieren que se pare. Si se paraliza no se hace negocio con el coltán, lo sería para el Congo. Quien controle el coltán controlará nuestra vida.

-¿Y por qué le llaman guerra étnica cuando es una despiadada lucha por el coltán?

-Hace años que está esa guerra, que ya va para los cinco millones de muertos, según Naciones Unidas. Antes se mantenía como una especie de secreto. A las empresas no les interesaba que se dijera eso, ni a los fabricantes de todos los ordenadores y teléfonos móviles, porque el problema ahí son los niños que trabajan como semiesclavos, y mueren de fatiga y enterrados por esa tierra. Se meten en las minas, y si se les cae encima, allí los dejan muertos. Terrible.

-¿Hay algún rescoldo para la esperanza?

-Hay que buscar alternativas inmediatamente. El único mineral que podría hacerle la competencia al coltán es el paladium, pero es igual de caro o más, muy escaso, y las minas están en Rusia y en África. Hay una cosa que nos enseña la historia: cuando se depende de un solo producto viene la ruina.


Tomado de Rebelion.org

martes, 19 de julio de 2011

El móvil de una masacre millonaria. O, millones de dólares, millones de muertes.

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Un grupo de investigadores americanos ha presentado un informe del estado de la Industria Móvil en el mundo, que demuestra el inmenso poder económico que representa el mercado de la telefonía móvil.
Los expertos de la consultora Chetan Sharma han calculado el valor del negocio de los dispositivos móviles, y han determinado que alcanza la estratosférica cifra de 1,3 trillones de dólares, lo que supone el 2% del PIB mundial.
El número de abonados a servicios de telefonía móviles alcanzará el número de 6.000 millones a finales de 2011, lo que muestra un aumento vertiginoso, ya que en tan sólo 15 meses se han ganado 1.000 millones de nuevos usuarios.
Si dividimos el mercado de móviles en función del dispositivo, los smartphones ya suponen el 26% del total, y en EE.UU. ese porcentaje ya ronda el 38%.
En cuanto a las marcas, en el apartado de smartphones continua el dominio de Nokia, que controla el 24%, aunque los autores del informe señalan su tendencia a la baja en el mercado.
Le siguen Apple, que ya suma un 18% a nivel mundial, RIM, que obtiene un 14%, y Samsung, que presenta un 12%.

Tomado de: TheInquirer.es
Las previsiones económicas para la App Store de Apple, la sitúan como la opción más rentable frente a las tiendas de Apps rivales en plataformas como Android o Blackberry. Android Market está creciendo mucho, básicamente porque en cuanto al dinero que mueve (425 millones de dólares anuales), todavía es muy pequeña y por lo tanto tiene mucho espacio para crecer en ese sentido (se espera que cuadruplique su cuota), pero a pesar de eso, la App Store de iOS podría llegar a los 2.900 millones de dólares de facturación en este año 2011, gracias a un crecimiento global de todas las Stores de más del 77% en el mismo período de tiempo. Esto pone la App Store de Apple en primer lugar en cuanto a rendimiento económico, con un 75% del total facturado. Son datos de un estudio llevado a cabo por la consultora IHS iSuppli.

Son datos sorprendentes para un negocio que hace cuatro años no existía en el mercado de la telefonía móvil, y que hoy es uno de los más boyantes. Para el año 2014, se espera que todas las App Stores muevan el doble de dinero que en 2011.

martes, 12 de julio de 2011

Japón y la singularidad de su transición al capitalismo, por Ramiro de Altube

Resúmen de Kohachiro Takahashi & reflexiones propias en torno a la formación social precapitalista en Japón.

La revolución meijí dentro de la historia agraria del Japón. La revolución Meiji constituye el punto de arranque de la formación de la moderna sociedad capitalista dentro de la historia japonesa, consiguió la unión nacional del país, acabando con el régimen señorial y las ordenes feudales. La historia de la revolución Meiji plantea dos tipos de problemas: unos de carácter general, que hacen referencia a la generalidad histórica de la transición del feudalismo al capitalismo y por otro parte, problemas de carácter particular, referentes a la estructura histórica específicamente japonesa que convierte la revolución Meiji en un arquetipo de revolución burguesa. La revolución Meiji se llevo a cabo desde arriba; se han atribuido a menudo sus causas a fuerzas externas, a presiones de las potencias extranjeras, pero por si solas y cualquiera que fuesen su carácter estas fuerzas extranjeras no habrían conseguido modernizar una sociedad, si la evolución económica interna no hubiese tendido al mismo resultado. Hay que considerar el problema agrario como la piedra angular de la revolución Meiji.

I
La organización feudal de la propiedad territorial, constituye la base de la estructura económica y social del régimen señorial y shogunal[1] de los Tokugawa tiene su prototipo en el Taikö kenchi. El kenchi (agrimensura de la tierra) iniciado en 1582 por Taikö Hideyoshi, fue proseguido en todo el país y mantenido en sus líneas maestras por el bakufu de los Tokugawa. El kenchi constituye un procedimiento para medir la extensión y producción de la tierra, a fin de establecer la proporción del censo señorial en especie. Una vez realizada esta agrimensura, las tierras de todo el país quedaron bajo el control de los grandes señores. Tras la muerte de  Hideyoshi, el bakufu de los Tokugawa, convertido el mismo en el más importante de los grandes señores, encarna el poder supremo que los gobierna. El kenchi no es sino un intento de reacción feudal de recontracción señorial tras la crisis definales de la Edad Media provocada por las frecuentes guerras, las devastaciones rurales y caracterizada por las grandes revueltas campesinas que quebrantaron el orden social feudal.Quien llevo a vado la unificación feudal en todo el país fue Taikö Hideyoshi, mediante la puesta en platica del kenchi y del katara gari (desarme de campesinos, consumándose la separación entre soldados y campesinos). Su sucesor, el bakufu de los Tokugawa, velo por la continuidad de dicho sistema.
   La crisis del sistema feudal japonés nos parece esencialmente distinta a la crisis de las fortunas señoriales de Europa Occidental, cuyo origen se basa en el censo monetario. Si bien es cierto que, en los documentos de la época, hallamos la prueba de la existencia de una renta monetaria junto a la renta en especie, dicha renta monetaria no afectaba directamente a los labradores, como sucedía en Europa. Mientras la crisis europea giraba en torno a la renta monetaria, la crisis japonesa se refería más bien a la transformación de las prestaciones personales en censo en especie. Durante el proceso kenchi, se desmorono el antiguo régimen señorial implantado en la época kamakura y quedaron barridos los derechos que varios señores poseían sobre una tierra. Vemos aparecer ahora un nuevo tipo de señor. Que ejerce un dominio directo y exclusivo sobre  su  propia  tierra  y  los  campesinos  de  su  territorio.  Este  proceso  supone  la transformación de la renta en trabajo en renta en especie, se ha disuelto el antiguo régimen señorial caracterizado por la explotación directa mediante prestaciones. El kenchi supuso por lo tanto, una época decisiva dentro de la historia agraria japonesa. A partir de esta época, los señores pierden su condición de importantes agricultores para convertirse en meros y simples rentistas, parásitos del censo en especie. Por su parte, los campesinos ya no se ven sujetos a prestaciones personales y consiguen sus terrazgos por cuenta propia, con medios de producción propios convirtiéndose en campesinos que pagan a su señor un censo anual en especie. Los  censos  señoriales  en  especie  quedan  definidos  como  una  forma  normal  y predominantemente de renta feudal del suelo. Esta modalidad de renta del suelo constituye la base material del sistema señorial. Entre el shogun Tokugawa y los grandes señores se establecieron relaciones feudales de señor a vasallo. Entre el shogun Tokugawa y los grandes señores (daimio) se establecieron relaciones feudales de señor a vasallo; el gran señor recibió del shogun un feudo (koku-taka), de acuerdo con la agrimensura, y su soberanía así como los derechos señoriales en sus dominios (han) fueron enteramente reconocidos por el shogun. El gran señor dividió, a su vez, sus dominios en pequeños feudos (chigyo-chi) en beneficio de sus vasallos armados.
   Pero lo que hay que aclarar aquí es que los samurai como aparato militar (séquito) de los señores eran asalariados y no estaban ligados por lazos de tipo feudal vasallático piramidal. Este elemento junto con la propia figura del emperador como símbolo cultural moral y la del shogun como figura surgida específicamente del ámbito militar restringido que cumplía, distinguen esta sociedad rural de base terrateniente de lo que denominamos régimen feudal o señorial, término que sólo debe mantenerse en todo caso de forma ilustrativa en tanto refiere directamente a la dominación a través de la extracción de la renta de la tierra (que con el kenchi pasa de ser en trabajo a renta en especie). Todos estos elementos nos acercan a la singularidad de la formación social japonesa precapitalista. Lo vasallático incluso en tanto refiere a la centralidad que tenía uno de los grandes terratenientes que adquiría la figura de shogun, pierde también el contenido conceptual que tiene en la Europa feudal. En Japón existe por tanto durante los shogunados cierta centralidad política ligada a lo militar y al mismo tiempo a la derrota del emperador, tal centralidad es diferente de la preponderancia que podía tener durante el medioevo alguno de los señores feudales europeos sobre los demás. En ello quizás la cuestión de los límites geográficos tenga su influencia.

II
Ya a mediados del siglo XVII y debido a la elevada tasa del censo, la situación economica de los campesinos se había agravado hasta tal punto que se vieron obligados a vender sus tierras, hecho corroborado por las múltiples prohibiciones de venta dictadas a los campesinos. Para obtener dinero prestado los campesinos recurrieron a hipotecar sus tierras.
   Desde fines del siglo XVII a principios del XVIII el sistema feudal de los Tokugawa experimento un notable cambio en su organización interna. En esta época, se inicio en las grandes ciudades la concentración de una enorme cantidad de arroz, que empezó a circular por todo el país. A raíz de esta transformación del arroz en mercancía y en moneda las grandes ciudades gozaron de una gran prosperidad al tiempo que se desarrollaban las ciudades fortalezas de los grandes señores. La expansión del comercio y del capital mercantil se puso de manifiesto tanto en la prosperidad de estas ciudades y en la concentración de los capitales usurarios que iban desgastando el mecanismo del erario señorial y de la economía rural, como en la evolución de la agricultura comercial y la especialización regional de los cultivos, así como el desarrollo de la industria rural y domestica y el control de dicha industria rural por los mercaderes empresarios. A todo este proceso habría que conceptualizarlo y darle una entidad dentro del proceso más prolongado de crisis de la formación social precapitalista en Japón.
   Todos estos factores llegarían finalmente a suscitar una crisis general en la organización señorial y feudal del shogunado de los Tokugawa. Integrados ahora en una economía de intercambio o economía monetaria, los censos señoriales se incrementaron y el campesino se fue empobreciendo cada vez más. También empezaron a ignorarse las restricciones legales acerca de la parcelación de la tierra. Se produjo una concentración territorial cada vez más apreciable, al tiempo que se hacían mas gravosas las  hipotecas  del  suelo.  Podemos  observar  la  disolución  del  campesinado establecido en base al kenchi y asistir a la aparición, en el seno del sistema feudal y señorial, de las nuevas relaciones entre los campesinos propietarios no agricultores y los campesinos arrendatarios dependientes (Kosaku). Dentro del grupo de los campesinos propietarios no agricultores y parasitarios hay que distinguir la formación de dos tipos:

1) como la mayoría de los campesinos con deudas se veían en la incapacidad desaldarlas, sus tierras hipotecadas pasaban a menudo a ser propiedad efectiva de prestamistas, usureros y mercaderes labradores o hidalgos rurales. El campesino que ha perdido sus tierras sigue cultivando el mismo suelo que trabajaban antes, con la diferencia que ahora ya no es un campesino propiamente dicho sino un pequeño-campesino arrendatario dependiente y en calidad de tal, debe compartir su cosecha como renta del suelo en especie con su nuevo propietario, además del censo señorial.

2) Con  objeto  de  aumentar  sus  ingresos  mediante  la  formación  de  nuevos arrendamientos, los señores fomentaron la tendencia a la rotulación. Pero dadas las condiciones naturales y técnicas de la agricultura japonesa hizo falta, para este aprovechamiento de las nuevas tierras, una considerable participación de capital de los mercaderes labradores y una abundante oferta de mano de obra campesina.

Así en el propio seno del régimen feudal y señorial, la clase rural se diferencio en jinushi y kosaku. Pero la aparición de esta nueva categoría jinushi no supuso la formación de un nuevo modo de producción. Esta nueva modalidad de propiedad territorial no representó en términos generales una amenaza para la existencia del régimen señorial. Bajo la influencia del crecimiento de la economía monetaria, se iban diferenciando la comunidad aldeana y el campesinado. El capital mercantil no genero un modo de producción capitalista, sino que creo una nueva servidumbre.
   Lejos de ser derogada, esta propiedad jinushiana de carácter feudal, se vio consagrada por la Revolución Meiji, convirtiéndose en uno de los elementos constitutivos de la sociedad capitalista nipona. Pese a esta tendencia a la diferenciación dentro del campesinado, se fue incrementando poco a poco la producción de mercancías agrícolas por parte de los propios campesinos, a la vez que se iba desarrollando la industria domestica y rural como ocupación adicional.
   Las recientes investigaciones históricas demuestran que la disgregación del campesinado japonés se inició a fines del siglo XVII, al convertirse cada vez mas en productor de mercancías, aun conservando todavía su condición de hacendado parasitario, los campesinos ricos fueron ampliando poco a poco sus explotaciones, ya fuera en producción agrícola o en producción industrial y contratando a su servicio a sus vecinos, los campesinos mas pobres; así fue perfilándose cada vez con mayor precisión su carácter capitalista. Un carácter capitalista en la producción rural japonesa que, en varios aspectos, sólo llega a una subsunción formal de las prácticas y relaciones precapitalistas en un conjunto mercantil, sin modificar sustancialmente las relaciones de apropiación del excedente en la forma de renta ni el carácter de la propiedad de la tierra o, mucho menos la forma de organización del trabajo y la producción rural.
   El desarrollo mercantil tuvo una incidencia más clara en la industria que en la agricultura. La industria domestica y rural se había extendido, desde tiempo atrás, entre los campesinos. A partir de la primera mitad del siglo XIX dicha industria rural, en especial textil se desarrollaba al margen del control de la organización gremial de las ciudades; es entonces cuando empiezan a aparecer campesinos que se dedican únicamente a la industria. Al mismo tiempo, empiezan a quebrantar el sistema monopolista del capital comercial de las ciudades la aparición de un nuevo tipo de vendedores ambulantes, encargados de la distribución de las mercancías fabricadas en el campo, que compite con el tipo clásico de mercader privilegiado de las ciudades. Estas industrias rurales se organizaron en sistema putting-out bajo el control de empresarios comerciantes con poder para comprar al por mayor la materia prima, distribuyéndolas en forma de anticipo y dando trabajo a domicilio a campesinos-hiladores o a campesinos-tejedores. Pero hacia 1830-40 comienzan aparecen fabricantes independientes y patrones industriales cuyas empresas se basan en la división del trabajo asalariado. Así queda explicada, la oposición cada vez mas creciente del campesinado, en especial de la pequeña burguesía rural y de los pequeños y medianos fabricantes, frente al sistema monopolista arbitrario de los grandes negociantes y financieros aliados a los poderes señoriales y a los grandes propietarios junishianos. Ahí puede apreciarse la evolución característica de la situación economica propia de una revolución burguesa de tipo occidental. Hallamos ya todas las categorías sociales que ocuparan la escena durante la Revolución Meiji. La necesaria apertura del país provocada por la expansión de América y Occidente hacia el extremo oriente aceleró el proceso político hacia la unidad nacional de carácter burgués. Con respecto a esta transición específica y más allá del surgimiento de los nuevos sujetos sociales típicos del capitalismo (sobre todo en el campo) valen también todos los matices destacados antes sobre la conceptualización y el análisis del precapitalismo de la isla. A esto luego habrá que agregar la especificidad del desarrollo capitalista desde el Estado con la restauración Meiji.

III
La Revolución Meiji que se inicia a partir de 1866 constituye un proceso político, económico y social que conduce a la modernización de todo el aparato del Estado, originando la disolución del régimen feudal. Como en todos los países en trance de formación de la sociedad moderna, se produjo durante esta revolución-restauración una especie de emancipación del campesinado. A diferencia de la revolución burguesa occidental de tipo clásico que destruyo la estructura del Estado absoluto y permitió la instauración de la sociedad democrática moderna, en el Japón, como consecuencia del predominio de la propiedad territorial jinushiana y de los grandes capitalistas privilegiados de carácter monopolista y fiscal, la restauración y la apertura del país bajo la presión de circunstancias externas se vieron orientadas hacia la formación de un estado absoluto y oligárquico. La revolución-restauración Meiji introdujo las relaciones esenciales de la propiedad feudal en la nueva sociedad capitalista nipona. Fue la reforma del impuesto territorial o sea la “reforma agraria”, lo que desencadenó el movimiento fundamental de la Revolución Meiji.
   La defensa de la independencia del país frente a la presión de las potencias extranjeras imponía la necesidad de una transformación rápida y artificial del régimen feudal en un estado moderno. Pero para llevar a cabo esta tarea se precisaban recursos económicos, con objeto de dominar a los daimios[2] residentes, reprimir las revueltas provinciales y las agitaciones campesinas, indemnizar a los propietarios señoriales y feudales, proteger y fomentar la industria e instalar las manufacturas estatales, así como modernizar y equipar el aparato del Estado. Como en aquella época todavía era escaso el desarrollo del capital industrial, el nuevo gobierno se vio obligado a buscar sus recursos financieros en la tierra y en los impuestos territoriales. Pero con el fin de adaptarlos a las nuevas necesidades del Estado, dichos tributos, que se recaudaban siempre en especie, tuvieron que ser transformados en impuestos en dinero. Estas consideraciones financieras del gobierno de la Restauración constituyeron el punto de arranque de la Revolución Meiji.
   Al revés de la Revolución francesa, durante la que fueron finalmente derogados sin indemnización los derechos feudales, en el caso de Japón, quedaron suprimidos con indemnización. Pero en resumidas cuentas, dichas cargas recayeron en los campesinos sujetos a los nuevos impuestos territoriales. Así pues la abolición del régimen señorial se llevo a cabo mediante un compromiso. Concretado entre 1869 y 1871 por medio de la transmisión del Tenno del dominio de los daimios sobre sus territorios y con la creación de nuevas jurisdicciones administrativas y también mediante la derogación de los estatutos feudales sobre el orden social, quedo desbaratada la organización de los poderes señoriales basados en la propiedad feudal apareciendo así la forma moderna de estado nacional y unificado.
   También los campesinos se emanciparon del régimen señorial y de la servidumbre, siendo declarados libres. Sin embargo, no todos los campesinos se hallaban en idénticas condiciones económicas en el momento de la Revolución. Gracias a la “reforma agraria”, los jinushi llegaron a ser verdaderos propietarios de sus tierras y contribuyentes del Estado por el impuesto territorial en dinero. Pero lejos de  verse emancipados los agricultores directos (kosaku) además de perder los derechos de que disfrutaban bajo el régimen señorial, siguieron siendo kosaku y por ello, continuaron pagando a los jinushi la renta anual en especie. De ahí que el gobierno llevara a cabo una política de protección para con los jinushi, en vista de la obligación que estos tenían de pagar el impuesto territorial al Estado. Con la reforma agraria los campesinos quedaron excluidos de los antiguos derechos de uso sobre la tierra. La reforma del impuesto territorial aludía también a la distinción entre tierras del estado, en especial bosques y tierras privadas. Esta distinción generó la confiscación de una gran cantidad de tierras comunales. Algo que conocemos generalmente como reformas de índole liberal no casualmente para mediados y fines del siglo XIX.

IV
Gracias a la “reforma agraria” de la Revolución Meiji, los campesinos se liberaron de los vínculos feudales de dependencia, pasando de arrendatarios feudales a la situación de campesinos propietarios libres, en sentido jurídico. Pero continuaron siendo contribuyentes de los nuevos impuestos territoriales. Podemos afirmar que, desde el puno de vista económico su propiedad territorial siguió estando bajo tutela feudal. Pocos campesinos propietarios pueden vivir como productores independientes en sus propias tierras, por lo que la mayoría de ellos desempeñan un trabajo domestico adicional. Los nuevos impuestos territoriales no fueron el resultado del desarrollo interno de la economía rural. Encuanto a los campesinos, se vieron sujetos al impuesto territorial en dinero, sin que las condiciones económicas y sociales les hubiesen convertido en productores de mercancías. De ahí que el cambio brutal de renta en especie por impuesto territorial en dinero no supusiera, para el campesino, la posibilidad de su emancipación e independencia, sino más bien la de su constante empobrecimiento.
   Por último, con el desarrollo del capitalismo, desaparecieron la industria rural domestica o el trabajo rural complementario. Al legalizar las relaciones económicas entre jinushi y kosaku formadas bajo el antiguo régimen señorial, o sea, al consagrar los kokutaka en manos de los jinushi como derecho de la moderna propiedad territorial, las reformas agrarias de la revolución Meiji reorganizaron el sistema jinushiano y lo reforzaron. En una palabra los kosaku quedaron relegados a los jinushi y obligados a pagarles una renta en especie. Esta categoría de renta en especie predominaba pues en toda la agricultura japonesa e impedía la implantación del capitalismo en la agricultura nipona. Impedía por tanto la subsunción real de la producción agraria en el capital. En la agricultura japonesa, fundada en las rentas anuales en especie, no tuvo lugar la concentración de explotaciones agrícolas.
   El doble principio de impuesto territorial en dinero y la renta en especie refleja el antagonismo entre la pequeña explotación agrícola y la propiedad territorial jinushiana. La transformación de los productos agrícolas en mercancía y dinero se efectúa exclusivamente a través de los jinushi. En esta agricultura, en la que predomina la renta en especie, la transformación de los productos agrícolas en mercancía se realiza siempre a favor de los propietarios jinushianos. Con la reforma agraria de la revolución Meiji la compra-venta de la tierra paso a ser libre. Las tierras se convirtieron en mercancía, se desarrollo el comercio de tierras, quedando muchas de ellas concentradas en manos de los jinushi. No obstante, este hecho no supone la transformación capitalista de la agricultura nipona. En la medida en que predomina un tipo de renta del suelo, que por lo general, no permite la formación de beneficios, el dinero invertido en la tierra no hace más que elevar el precio de la tierra e incrementar la tasa de las rentas en especie. Contra la instauración de este sistema jinushiano y la propia reforma agraria, estallaron en todo el país, a principios de la era Meiji, revueltas campesinas y violentos disturbios agrarios. Sin embargo, la constante oposición de los campesinos fue reprimida por el fortalecimiento y aumento sistemático de las fuerzas militares y policíacas del nuevo Estado de transición al capitalismo.

Ramiro Sebastián de Altube,
Julio de 2011.-


[1] En la historia de Japón, el término shōgun (lit. «Comandante del ejército») era un rango militar y título histórico en Japón concedido directamente por el Emperador. Como título, es la abreviación de Seii Taishōgun («Gran General Apaciguador de los Bárbaros»), nombramiento que hasta 1192 había sido temporal y era utilizado para referirse al general que comandaba al ejército enviado a combatir a los emishi, quienes habitaban en el norte del país.
   Durante el siglo XII y hasta 18684 el shōgun se constituyó como el gobernante de facto de todo el país, aunque teóricamente el Emperador era el legítimo gobernante y éste depositaba la autoridad en el shōgun para gobernar en su nombre.5 Durante este tiempo, el Emperador se vio obligado a delegar completamente cualquier atribución o autoridad civil, militar, diplomática y judicial a quien tuviera dicho título.
   Durante los primeros contactos con occidente e incluso en algunos países asiáticos como China, el shōgun era considerado como «rey de Japón», ignorando que existían dos estructuras de autoridad.
   Al gobierno del shōgun se le conoce en español como shogunato y en japonés como bakufu. Durante la historia de Japón existieron tres shogunatos y el primero fue el establecido en 1192 por Minamoto no Yoritomo, conocido como «shogunato Kamakura». Dicho gobierno solo fue controlado por tres miembros del clan Minamoto, pues el poder fue usurpado por el clan Hōjō, quienes bajo el título de regentes nombraban shogunes títeres niños y jóvenes que desechaban al cumplir los veinte. El segundo shogunato es conocido como «Ashikaga» y fue fundado en 1338 por Ashikaga Takauji. Durante este shogunato quince miembros del clan Ashikaga mantuvieron el puesto hasta que un prominente militar del período Azuchi-Momoyama llamado Oda Nobunaga derrocó al shōgun en 1573. El último fue el «shogunato Tokugawa», instituido oficialmente por Ieyasu Tokugawa en 1603 y culminó en 1868 después de la renuncia al cargo de Tokugawa Yoshinobu, cuando el Emperador Meiji retomó su papel protagonista en la política del país y la figura del shōgun fue abolida.
[2] El daimyō era el soberano feudal más poderoso desde el siglo X al siglo XIX dentro de la historia de Japón. El término "daimyō" significa literalmente "gran nombre". Desde el shugo del Período Ashikaga hasta el del Período Sengoku hasta el daimyō del Período Tokugawa, el rango ha tenido una larga y variada historia. El término "daimyō" es utilizado también en ocasiones para referirse a figuras de liderado de los clanes, también llamados "señores". Este era usualmente, aunque no de forma exclusiva, el líder militar que un shōgun o regente seleccionaba. El daimyō utilizaba usualmente colores púrpuras, que variaban de oscuros a claros dependiendo de qué tan alto fuera el nivel donde se encontrara. Los púrpuras oscuros y claros precedían a los verdes oscuros y claros, negros y rojos claros, y finalmente el negro. Los daimyō de más alto rango eran considerados nobles.