lunes, 7 de mayo de 2012

Cambios en China, por Marcelo Justo


DESAFIOS ECONOMICOS Y RECLAMOS DE MEJORAS SOCIALES
 
El gobierno chino elegirá al sucesor del presidente Hu Jintao, y en ese proceso se define también el rumbo de la economía del gigante asiático. Existen tensiones entre un ala política liberal y otra heterodoxa.

Desde Londres

Con 30 años de reforma pro-capitalista sobre sus espaldas, China está en una encrucijada a pocos meses de la elección del sucesor del presidente Hu Jintao. El gobierno ha bajado la tasa de crecimiento de este año a un 7,5 por ciento, el modelo exportador basado en la mano de obra barata está agotado y es imposible ignorar la deuda social con una nueva generación que no acepta el sacrificio a futuro con la docilidad de sus padres. En este marco, el ala liberal del PC Chino ha avanzado en dos frentes. Un reciente documento de más de 400 páginas publicado por el Banco Mundial y por el influyente Development Research Centre, think tank chino que reporta directamente al Consejo del Estado, es la hoja de ruta. El eje de la propuesta es que China tiene que completar su transformación en una “economía de mercado” plena para evitar la típica trampa de países en desarrollo, como Brasil y Argentina, que no logran dar el salto hacia el status de nación desarrollada y de altos ingresos como lo lograron Corea del Sur o Japón. La contraparte de esta estrategia económica ha sido la eliminación política de su principal escollo, el hoy ex secretario general de la megametrópolis de Chongqing, Bo Xilai.


Ese documento propone seis pasos fundamentales. La clave es el primero: China necesita una profunda reforma de las empresas del Estado que “abarcan el 50 por ciento de su economía”. La importancia del sector estatal en el “milagro chino” es incuestionable. El sector bancario está enteramente dominado por el Estado. La política de “grandes campeones” empresariales que China copió en los ’90 de otros países asiáticos –Japón, Corea del Sur, Taiwán– ha producido multinacionales gigantes, como China Mobile o China National Petroleum Corporation. Según el semanario británico The Economist, las 129 compañías estatales más importantes de China ganaron unos 150 mil millones de dólares en 2010, 50 por ciento más que el año previo. En el terreno de la infraestructura, la China State Construction Engineering Corporation tiene más de 5000 proyectos a su cargo en más de cien países con ganancias que superaron los 20 mil millones de dólares en 2009. La Sinohydro controla más de la mitad del mercado para la construcción de estaciones hidroeléctricas.
Klaus Rohland, director del Banco Mundial en China, sugiere que para que el país concrete el salto al mundo desarrollado debería reducir significativamente este número de compañías estatales mediante “la privatización y la venta”. “Creemos que esta presencia no se justifica con el concepto de sectores estratégicos que necesitan permanecer en manos del Estado. Lo mínimo que se necesita es que esas compañías se abran a la competencia”, señaló Rohland a China Daily.
Esta estrategia está en los antípodas de la que promovía el ex secretario general de Chonqing. Bo Xilai buscaba fortificar el rol del Estado y forjar una alianza con el capital extranjero para, por medio del crecimiento económico y la inversión, generar los fondos necesarios para garantizar vivienda, salud y educación para todos, una utopía en la China de hoy. En el “modelo Chonqing”, el Estado se hacía presente no sólo para canalizar los dividendos del crecimiento hacia el bienestar social, sino en el mismo sistema financiero y productivo.
La receta privatizadora del Banco Mundial ha generado polémica en China y también en Occidente. Las otras propuestas del documento son mucho menos controvertidas. Ni los liberales ni la nueva izquierda china objetan la necesidad de mejorar la salud y la educación, modernizar el sistema fiscal, acelerar la innovación tecnológica o la adopción de una política económica más verde. Son principios generales, incluso con algunos comentarios “progresistas” para demostrar la voluntad del Banco Mundial de combatir la pobreza, apuntando que China se ha convertido en el país más desigual de Asia.
La desigualdad es una asignatura de la transformación pro-capitalista china. Por eso el gobierno central no publica el coeficiente Gini desde 2000 debido a presuntos problemas en la metodología de recolección de datos. Ese coeficiente que mide la desigualdad se ha ensanchado desde el comienzo de las reformas de Deng Xiao Ping en los ’80 hasta la fecha. Una clara señal de los modelos en pugna era la promesa de Bo Xilai de publicar el coeficiente Gini de Chonqing para demostrar que su modelo era capaz de lidiar con la desigualdad y podía servir para el resto de China.
¿Su defenestración significa el triunfo del ala liberal con el apoyo del Banco Mundial? La caída de Bo Xilai es un oscuro episodio en el que parecen combinarse las trampas políticas de sus camaradas con errores propios derivados del autoritarismo populista. Más allá de su figura, lo cierto es que en la dirigencia china hay mucha preocupación por la creciente desigualdad y su impacto político-social.
El virtual sucesor de Hu Jintao, el actual vicepresidente Xi Jinping, fue identificado en su momento como uno de los cerebros del modelo Chonqing, “comunista irredento”, según el matutino conservador británico Daily Telegraph. Ji Xinping le bajó el pulgar a Bo Xilai criticando su liderazgo, pero probablemente su política mantendrá un equilibrio entre ambas facciones. La lógica de este equilibrio proviene de los traumas de la revolución cultural y la reforma procapitalista de Deng Xiao Ping, incluida la masacre de Tiananmen. Hoy China reivindica a un filósofo que hasta hace unas décadas había sido sindicado como el culpable del atraso nacional y su humillación histórica ante Occidente. Confucio y su concepto de armonía social se han convertido en la guía de las nuevas autoridades.

Tomado del suplemento Cash del diario página/12, día domingo 6 de mayo de 2012