lunes, 17 de diciembre de 2012

Realidades, mentiras y hechos, por Joseph Massad

Israel basa buena parte de su apoyo internacional en mentiras que presenta como “hechos”
Realidades, mentiras y hechos

Al-Jazeera

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

En 1991, comenzaron negociaciones oficiales y extraoficiales entre la Organización por la Liberación de Palestina (OLP) (y los palestinos asociados con ella) y el gobierno israelí. Entonces, Israel había ocupado Cisjordania (incluido Jerusalén Este) y la Franja de Gaza durante los 24 años anteriores. Actualmente, 20 años después, Israel y el presidente Obama insisten en que la única manera de llegar a la paz, y presumiblemente terminar la ocupación, es continuar con negociaciones. No está claro si lo que afirman Obama e Israel es que Israel necesita 24 años de negociaciones para terminar con sus 24 años de ocupación de tierra palestina, para que cuando termine la ocupación, haya durado 48 años.
Es, por cierto, la interpretación optimista de las posiciones de Israel y EE.UU.; la realidad de las negociaciones y de lo que apuntan a lograr es, sin embargo, mucho más insidiosa.
Las negociaciones se han basado en objetivos específicos para terminar con ciertos aspectos de la relación israelí con los palestinos, es decir algunas de las partes introducidas desde la guerra de 1967 y la ocupación, el comienzo de asentamiento colonial exclusivamente judío en esos territorios. Pero lo que siempre permanece al margen de las negociaciones es el núcleo mismo de la relación palestina-israelí que dicen a los palestinos que no pueden ser parte de ninguna negociación.
Esos temas cruciales excluidos incluyen lo que sucedió desde 1947-1948, incluida la expulsión de 760.000 palestinos, la destrucción de sus ciudades y pueblos, la confiscación y destrucción de su propiedad, la introducción de leyes discriminatorias que legalizan el privilegio racial, colonial y religioso judío, que niegan a los ciudadanos palestinos de Israel la igualdad de derechos y niegan el derecho al retorno de los refugiados.
Sin embargo, este núcleo, que los israelíes resumen como el derecho a existir de Israel, y el de que lo reconozcan como un Estado “judío”, es lo que invocan siempre los propios israelíes como fundamental para el comienzo y el fin exitoso de las negociaciones y que los palestinos, insisten los israelíes, se niegan a discutir.
Pero los temas centrales de la cuestión de la relación entre palestinos e israelíes siempre se han basado en las reivindicaciones históricas, geográficas y políticas del pueblo palestino y del movimiento sionista.
Mientras los palestinos siempre han basado sus afirmaciones en hechos verificables y verdades que han sido acordadas y reconocidas por la comunidad internacional, Israel siempre ha basado las suyas en hechos concretos en el terreno que ha creado por la fuerza y que la comunidad internacional solo ha reconocido retroactivamente como “legítimos”.
¿Cómo se puede entonces discriminar entre esas nociones en competencia de verdades y realidades por una parte, y hechos concretos en el terreno, por el otro?
Las verdades esenciales de EE.UU. y los planes israelíes fueron mejor articuladas el pasado mes en los discursos de Obama y del primer ministro israelí Netanyahu ante las Naciones Unidas (ONU) en respuesta a la solicitud de la OLP de reconocimiento de Palestina como Estado miembro de la ONU. En esa ocasión tanto Netanyahu como Obama invocaron lo que llamaron “verdades” y “hechos” para insistir en los hechos concretos de Israel en el terreno.
Como mostraré, su estrategia se ha estructurado para convertir los hechos concretos israelíes sobre el terreno de antónimos de verdades y hechos a sinónimos de esos términos.