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jueves, 5 de marzo de 2015

Luchas del pueblo: A cuarenta años de la huelga de Villa Constitución (1)

Publicamos dos fragmentos que reflexionan sobre la experiencia obrera en Villa Constitución. Son fragmentos de un texto en preparación, sobre la historia obrera en los ´70.
Por Lelio Valdez

Al contrario del discurso oficial, que acusa a una izquierda extremista de forzar y generar hechos provocadores y radicales, sostenemos que muchos jóvenes militantes fueron constructores y colaboradores, inmersos en una tradición de largo alcance, que fue superior a ellos. El substrato formativo fue aquel clima de rebelión obrera e indisciplina fabril, un proceso mayor, o más subterráneo si se quiere, de organización por lugar de trabajo. En él estuvieron inmersos y en general subordinados.
Por otra parte, ha sido bastante común, en el intento de rescatar personajes y hechos, una lectura distorsionada desde la propia izquierda contemporánea, al presentar la historia de algunas luchas obreras como el resultado exitoso de un plan político previo, o el despliegue del liderazgo de algún agrupamiento – en general predecesor. En nuestra opinión, es más correcto partir de la idea contraria. Por eso insistimos en que hay que pensar en una historia política diversa de la tradicional, que es la de los gobiernos, las instituciones, de las organizaciones o de los hombres prominentes en fenómenos político-sociales relevantes.
Es preciso entrar en el terreno de lo anti-hegemónico, de lo anti-institucional, de una historia política que verse sobre lo no escrito y lo no registrado. Una historia de los hombres comunes que, como decíamos, hace necesario un esfuerzo para ver aquello que está  implícitamente negado y escondido.
En la historia hay hechos, la mayor de las veces, complicados. La nuestra será sobre la experiencia de rebeldía y de resistencia de los trabajadores argentinos, que organizados y auto-convocados desde sus lugares de trabajo, crearon nuevos espacios políticos por fuera de los marcos institucionales. No se trata de locura ni desorden. Pensar a contramano quizá sea el único recurso para ver y entender cuáles fueron los actos reales de los trabajadores y del pueblo, que debieron ser perseguidos, derrotados y eliminados con toda la fuerza del Estado.
Si logramos evitar impresionarnos con la brutalidad de la respuesta represiva y centrar nuestro foco en el entendimiento de por qué luchó, qué pensó y sobre todo, qué hizo aquella generación en los setenta, entonces, tal vez, podamos asimilar algo de lo que nos ha quedado olvidado y se nos quiere ocultar. Y si al hacerlo no vemos sólo sueños juveniles sino hechos reales, será posible pensar en las dificultades verdaderas para un proyecto emancipador de las clases trabajadoras y populares.

Para leer este texto
“Los obreros no escriben”, nos ha dicho alguien. Esto quizá se deba a que los obreros que la vivieron no tuvimos/tuvieron la capacidad de registrarla, por las más variadas razones. O tal vez sea que cuando lo hacemos, lo que es importante, la experiencia vital, cuando contada con el lenguaje popular y figuras del sentido común, parece no tener calidad respetable o académica.
Sabemos de las dificultades. Por eso queremos mencionar algunos intentos que merecen reconocimiento y respeto. Entre ellos, las obras del recientemente fallecido Gregorio Flores: Lecciones de batalla (2008) y otros títulos suyos, o el esfuerzo por registrar pedazos de historia obrera como el de Leónidas Ceruti, junto a sus compañeros petroquímicos de PASA-San Lorenzo, algunas de las memorias de trabajadores de Villa Constitución (aparte de las historias conmemorativas del Sindicato) como las de Ángel Porcu (de la Comisión Interna de Acíndar), Pepe Kalauz (del Comité de Lucha de la huelga de Villa Constitución), las memorias de De Santis (de Propulsora), de Juan Carlos Morelli de Astilleros Astarsa, o los registros que, a través de entrevistas y videos, varios compañeros nos han dejado como recuerdos y lecciones en diversos archivos de historia oral.
De cualquier manera, nos parece poco lo que se ha publicado al respecto de una historia basada en protagonistas del pueblo, apoyada en este tipo de fuentes, de registros y de miradas. O sea, lo poco que se ha escrito sobre la historia obrera o de sectores obreros, menos aún cuando ella circuló por fuera de lo institucional y de la legalidad, de suerte que una reflexión desde los protagonistas, una verdadera historia popular, obtuviera un lugar respetable. Mucho de nuestra reflexión ha comenzado al constatar que a la voz de aquellos hombres no se ha tenido en cuenta y se les ha sobrepuesto la de viejos militantes, hoy devenidos “setentistas de gobierno”.
Por eso pensamos que es correcto metodológicamente, y sobre todo, justo, como recurso de memoria, invitar al lector a acceder directamente a las voces de algunos de aquellos obreros protagonistas.
Y para que la propuesta de pensar a contramano también sea ética, es imprescindible escuchar lo que nos cuentan los sobrevivientes de aquellos hechos intensos, hoy hombres maduros, sobre aquel sindicalismo, o mejor, sobre la tradición de cuestionamiento y rebelión que queremos rescatar del ocultamiento. El lector podrá sacar conclusiones sobre la base de testimonios de primera mano, y comparar con la disquisición que proponemos aquí, permitiéndonos asumir que este ensayo sea un ejercicio de interpretación, un trabajo de pensamiento y de reflexión, de cara a construir un proyecto montado sobre las luchas obreras y populares reales.
De modo que consideramos que esas voces también forman parte de este texto y que sin ellas perdería mucho de su sentido explicativo, que sería un trabajo incompleto. Leerlas y escucharlas es necesario. Prácticamente, incluiremos como ejemplos, y para reforzar comentarios, notas de pié de página con una dirección de internet, que dan acceso a videos de corta duración, con testimonios, o entrevistas y artículos testimoniales, que nos parecen insustituibles.
Escuchemos sus voces. Encontraremos que hay muchas otras en la memoria popular cuando traspasemos la neblina del olvido.
(…)

Capítulo 2
Organización por empresa y Coordinadoras

En este capítulo queremos traer para la consideración y el conocimiento, ejemplos de organización obrera “combativa”, “clasista” o “anti-burocrática”, como se les llamaba entonces, que fueron referenciales en aquellos años. Los traemos para nuestra reflexión, porque nos parece útil contrastar los elementos o momentos en que la lucha obrera se encuadró dentro del sindicalismo oficial y aquellos en que las acciones colectivas corrieron tangencialmente a las prácticas permitidas por la institucionalidad, o aún opuestas a ellas.
(….)

Acindar, Marathon y Metcon – Villa Constitución
El caso de Acindar y las luchas que en la historia popular se nombran como “el Villazo” o simplemente “Villa”, puede servir para esclarecer la necesaria distinción entre autonomía en la organización para enfrentar a la disciplina laboral, y la normativa organizacional e institucional, que es pensada (aunque a veces no consiga funcionar así) para sustituir a la acción directa del trabajador subordinado.
En Villa Constitución, una ciudad “del interior”, donde podría esperarse que las tendencias sociales de las grandes urbes argentinas se verificasen más “despacio” o que llegaran “atrasadas”, también estuvo presente, con su vital y colorida particularidad, la fuerte tradición de rebelión obrera a la que nos hemos referido.
Atrás de la apariencia de una lucha a partir del sindicato (o sea, de la seccional Villa Constitución de la UOM), en que los trabajadores intentaron usar la legalidad sindical a favor de sus decisiones autónomas, más allá de que con aquel objetivo, probaron “copar” a la estructura sindical oficial y organizar su servicio mutualista de atención médica para la familia metalúrgica local, nos parece que allí se tensó e incubó un conflicto relevante por la defensa de la organización por lugar de trabajo y por empresa.
La original experiencia fue truncada por la represión patronal-estatal, y quizá el hecho de que al frente de la tradicional institución sindical, la seccional local de la UOM, se encuentren hoy miembros históricos del grupo de trabajadores originarios de la legendaria Lista Marrón de hace más de cuarenta años, puede inducir a leer aquellos hechos, superficialmente, a partir de la historia del sindicato, o de una propagandística “heroica Villa”. Aquel justo acto de reivindicación del pasado, no invalida nuestra opinión, que insiste en convocar al lector a ver la historia obrera a partir de los actos cotidianos e insubordinados de millares de hombres y mujeres comunes.
Afirmamos que la fuerza esencial que sostuvo al Villazo y a la gran huelga del ’75 se apoyó en los espacios asamblearios que se vivieron desde las secciones en las empresas. Que luego, cuando el poder descartó la legalidad del sindicato y lo dejó inoperante, suponiendo que sin él no podría haber lucha obrera, ella supo asentarse en nuevas formas democráticas, autónomas y clandestinas de consulta y de organización por barrios, escribiendo con dolor y con poesía, una de las más bellas páginas de la historia popular argentina.
En Acindar, a fines de 1969, una huelga de 20 días intentó evitar el despido de la Comisión Interna respaldada por los trabajadores de Planta. La empresa logró quebrar la solidaridad, al ofrecer altas indemnizaciones a los delegados que, finalmente, aceptaron sus despidos. Frente a esta derrota, otro grupo de obreros de relevo, se propuso un trabajo paciente para ocupar los espacios legales como delegados de sección y Comisión Interna.
“Cuando ganamos la Comisión Interna (CI) de Acindar –influidos con la traición por parte de la ex CI integrada por Sacristani y la posterior inoperancia de la CI pro-intervención y burocrática que pesaba sobre el conjunto de los trabajadores y en nosotros mismos-, hicimos una especie de pacto verbal comprometiéndonos a trabajar unidos en defensa de los derechos e intereses de todos los trabajadores, de no perseguir intereses personales y de no pedir favores a la empresa que luego nos condicionaran. Por ejemplo, ninguno de nosotros intermediaría ante la empresa para que diera trabajo a algún familiar, amigo o vecino.”
… “Más allá de que todos teníamos un objetivo común, la diversidad de actividades que por momento cada uno llevaba a cabo por separado, y las iniciativas que los propios trabajadores ejecutaban, hacían que en algunos momentos los hechos sobrepasaran la capacidad organizativa de la CI (lo cual de última fue positivo). El protagonismo y espíritu de lucha que prevalecía, en especial dentro de las fábricas, muchas veces superaba a la CI. Por ejemplo, los propios obreros se organizaban en piquetes y desarrollaban actividades de autodefensa que luego, la CI debía coordinar y/o reorientar con lo ya emprendido.”…(…)
“La realidad era que ninguno de los 5 miembros de la CI teníamos militancia política. El único que se definía políticamente como Radical era el negro Zoulo quien fue el primero en ser separado de la CI por el cuerpo de delegados…” (…) “Por lo que la primera CI terminó su ciclo con 4 miembros.
Piccinini, para mí, el líder natural, a quien siempre le tuve plena confianza y respeto, se definía independiente.” (…) D’Erico, tampoco tenía militancia política y se definía independiente;” (…) “Delmasse, tampoco tenía definición política y se definía independiente” (…) “Porcu, o sea yo, tampoco tenía definición política, más allá de que en algún momento de mi niñez y parte de mi juventud tuve algo de simpatía por el peronismo, particularmente hacia Evita.”[1]
En la tarea de ocupar la legalidad sindical, los activistas se combinaron y a su vez se fortalecieron con trabajos similares en las otras dos grandes industrias de la ciudad: Marathon y Metcon. Luego de unos años de acumulación de fuerza, las Comisiones Internas coordinadas, o sea, un grupo representativo de las organizaciones por empresa y sección, se postuló candidato a la Comisión Directiva de la seccional local de la Unión Obrera Metalúrgica, en la Lista Marrón.
En 1974, la intervención a la UOM local (que respondía a la conducción nacional de Lorenzo Miguel), desconoció a los principales integrantes de la Lista como afiliados metalúrgicos. En complicidad, las empresas aprovecharon la medida para desconocerlos como representantes en las Comisiones Internas o como delegados de sección. Con esta maniobra leguleya para impedir la elección, se les retiraba el atributo básico que sostiene la legalidad de un candidato: el ser miembro porque afiliado al sindicato.
La situación puso a prueba la organización construida en las secciones y empresas. Para enfrentar aquella gran maniobra, los trabajadores decidieron ocupar las plantas fabriles durante aproximadamente una semana, y obtuvieron el apoyo masivo y muy activo de la población de la zona. A estos acontecimientos se los conoce como “el Villazo”. Como resultado del conflicto, las patronales reconocieron a los representantes obreros electos en las empresas, y la UOM nacional se comprometió a convocar, en un plazo de noventa días, a la normalización de la Comisión Directiva de la Seccional. La elección ocurrió finalmente en noviembre de 1974, y en ella la Lista Marrón ganó por amplio margen.
Luego de pocos meses, el 20 de marzo de 1975, los dirigentes de la Seccional UOM -Villa Constitución, todos de la Lista Marrón, fueron detenidos por orden del Poder Ejecutivo, bajo la acusación, de la que nunca se presentaron pruebas, de un supuesto “complot”. Como reacción, los trabajadores decidieron ocupar las plantas exigiendo la libertad de los compañeros. La masiva participación y organización fabril permitió la inmediata formación de un Comité de Huelga sustituto, con compañeros representantes de las tres grandes fábricas, que organizó la ocupación de los establecimientos. La huelga con ocupación se mantuvo como táctica hasta el día 26 de marzo, bajo fuertes amenazas de represión.
Rápidamente los trabajadores fueron adaptando la organización ante las dificultades de resistir a la represión estatal y parapolicial, que de hecho habían sitiado Villa Constitución, hasta el punto de dificultar el abastecimiento de la ciudad. La táctica que se decidió fue la de mantener la huelga en los barrios, y reordenar los sistemas de consulta y solidaridad desde allí, manteniendo la edición del Boletín de Huelga. Allí se resistió duramente a la desinformación, los asesinatos, los ataques a viviendas, los saqueos de stocks de remedios o la escasez de comida. Después de sesenta días de heroica pueblada la resistencia llegó al fin. Buscando preservar los lazos de solidaridad, se decidió la vuelta ordenada. El conflicto fue derrotado por la represión estatal y para-policial, que hizo allí un ensayo general de lo que fue el terror de estado institucionalizado en marzo de 1976.
Cuando miramos más allá de lo aparente, suelen aparecer cosas interesantes. El móvil de la lucha obrera fue la determinación de controlar de manera democrática el sindicato oficial, con sus estatutos, y organizar un servicio mutual de salud. Pero para el poder patronal se habían tornado inaceptables el grado de autonomía y el estado deliberativo en las secciones, que habían hecho cotidiana la resistencia a la disciplina del trabajo. Cuando emergen verdaderas prácticas de democracia plebeya, las instituciones de la República “democrática” no las pueden admitir, las consideran disfuncionales, y por eso, subversivas del orden republicano. Entonces, esas mismas instituciones del poder disparan sus municiones racionales y legales casi siempre sobre objetivos secundarios, porque no pueden entender los procesos profundos. Los subversivos son fantasmagorías…
La Presidente decretó la prisión de la directiva de un sindicato por estar complotados contra la seguridad nacional, mientras tramitaba un proceso judicial sin acusados, y sin complot. El poder sindical desconoció los propios estatutos para intervenir una Seccional y lanzar un ataque físico a los “bolches”, que terminó siendo un ataque a la población de Villa.
Decíamos que el grado de participación deliberativa por secciones y empresas, que fue el canal para la autonomía y la resistencia a la disciplina del trabajo, no pudo ser admitido por el poder patronal, ni el político ni el poder sindical. De tal forma que la propia organización “sindicato”, de hecho no estuvo disponible para los obreros de Villa. Una solución para la democracia popular tuvo, necesariamente, que trascender la organización legal y sus formas prescritas, para preparar los enfrentamientos y durante ellos. Este es un punto central de nuestra reflexión, porque, entre otras cosas, supone la revisión crítica de la táctica de “recuperación” de los sindicatos legales, que fue levantada en aquellos años y que aún perdura en el programa de la izquierda argentina en sus diversas expresiones.
La Huelga de Villa Constitución, la solidaridad obrera nacional, y el grado de participación popular en la misma, son una referencia de la historia popular, y merecen ser apropiados por todos los trabajadores. Sobre ellos, recomendamos la consulta a estos videos y a las entrevistas a algunos de los protagonistas:

1) Entrevista a Piccinini (2007) (8:30 min). Disponible el 27/12/2011, en:
2) Entrevista a Pepe Kalauz (2009). Disponible el 10/01/2012 en:
3) Charla con Pepe Kalauz, ex miembro del Comité de Lucha de la huelga de Villa Constitución de marzo de 1975. Realizada por Mario Hernández, de la Revista Herramienta- Buenos Aires, 1998. Disponible el 27/12/2011, en:
4) Testimonio de Mary Dal Dosso (2009). Disponible el 21/01/2015 en:




[1] PORCU, Angel. Cómo influyó en mi conciencia el Villazo”.  Santa Fe, Edición conjunta Dip. Nac. Alberto Piccinini, UOM-Villa Constitución y ATE, 2005. Pág. 91-92.

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