miércoles, 6 de febrero de 2019

RESEÑAS


“Villazo: la gran gesta obrera en Villa Constitución” (Ediciones IPS, 2018) de Octavio Crivaro se propone como un ensayo que busca recuperar las lecciones estratégicas de uno de los capítulos más radicalizados y avanzados de la clase trabajadora argentina, que incluyó además una destacada participación de las mujeres, las familias y el conjunto de la “comunidad obrera” del pueblo de Villa Constitución en los ‘70.


Crivaro se dedica a reconstruir los principales hitos de la historia de los dos Villazos. Primero el triunfo de los metalúrgicos de Villa Constitución en marzo de 1974 contra la burocracia de la UOM que actuó en común junto a las patronales de Acindar, Marathon y Metcon, y por supuesto que con el respaldo del recién electo gobierno de Perón, culmina en un enorme proceso de movilización obrera y popular que se erigió en un ejemplo de lucha en tiempos del Pacto Social y de una explícita voluntad gubernamental de garantizar el poder de la burocracia sindical a través de una nueva Ley de Asociaciones Profesionales. Con tomas de fábrica, movilizaciones y asambleas la clase obrera villense y de la región se ponía en marcha el primer Villazo.


Un año después, tras la muerte de Perón, durante la presidencia de Isabel Martínez de Perón, en un contexto donde las bandas paraestatales de la Triple AAA comenzó a ser moneda corriente, el gobierno, la burocracia sindical y la patronal inician uno de los mayores operativos represivos y de escarmiento contra la vanguardia obrera y el sindicalismo antiburocrático y clasista. La militarización de Villa Constitución, más de 4.000 agentes policiales, una caravana enorme de Falcón, “funcionarios” (léase matones) del Ministerio de Bienestar Social copan la ciudad que vio nacer la “rebelión metalúrgica” (y popular). La resistencia no se hace esperar y se expande por toda la ciudad para defender la recuperada UOM Villa. La huelga se da en dos etapas, primero con la ocupación de la fábrica y luego el conflicto se extiende hacia los territorios. Como sabemos este despliegue represivo fue la antesala para el tipo de represión que se verá a partir del golpe de 1976.


En este marco, la historia de los Villazos ocupó y ocupa un rol menor en la memoria colectiva sobre nuestra historia reciente en relación a otros sucesos que marcaron huellas más profundas, y también una producción historiográfica más robusta. En relación a esto Crivaro se encarga de señalar, y también toma prestado algunos conceptos como el de “comunidad obrera” utilizado por las investigaciones de Videla y Prospitti para pensar en algunas dinámicas que hacen a la región de Villa, los aportes de una serie de autores y autoras, como los de Santella y Andujar, que fueron pioneros en rescatar del olvido esta rica experiencia.


Pero también discute con algunos de los presupuestos de estas investigaciones e invita fundamentalmente a reflexionar en un terreno donde la producción especializada menos ha incursionado que es el de las lecciones y las perspectivas que deja este proceso. Es decir, es un libro que retoma las tradiciones de la historia militante en la medida que, como dice el autor, “discutir y sumergirse en los recodos y experiencias de la lucha obrera y popular conocida como el Villazo (o los dos Villazos) tiene una enorme significación histórica y, por ende, una gran actualidad” (Crivaro, 2018: pp. 97)


La pregunta que en gran parte viene respondida a lo largo de las páginas del estudio, es el por qué los Villazos ocuparon un rol marginal en relación a otros “azos”. Hablar del Villazo necesariamente es hablar del rol pérfido del peronismo, del propio Perón y luego de Isabelita, para aplastar el proceso de los obreros metalúrgicos, y por extensión al carácter de “comunidad obrera” de Villa Constitución del conjunto de los sectores populares, de una gesta que adquirió ribetes de un abierto enfrentamiento de clases: por un lado la poderosa Acindar, el gobierno nacional y provincial, las bandas paraestatales, las fuerzas de seguridad, el Ejército, y como no, la burocracia sindical. Del otro lado: los trabajadores metalúrgicos dirigidos por la clasista y combativa UOM Villa Constitución, las mujeres, los hijos y las hijas de los trabajadores que jugaron un rol central, el conjunto del pueblo villense, el movimiento estudiantil rosarino y un amplio abánico de organizaciones de izquierda que se volcaron al conflicto.


Crivaro se encarga de ir señalando cada uno de los momentos en donde el proceso va ganando en radicalidad, donde los choques se hacen mucho más nítidos hasta llegar al gran operativo represivo que como sabemos fue un ensayo general de lo que vendría después en 1976. El trabajo da cuenta de la predisposición al combate de amplias franjas de trabajadores que estaban dispuestos a enfrentar un gobierno al que consideraban como “propio”. Aquí el autor se involucra en una discusión contra aquellas visiones que hacen “reduccionismo discursivo de que “todos eran peronistas” pero que obturan una lectura más dinámica del proceso que permita captar “la gran experiencia práctica y política que minaba las bases de tales identidades o definiciones ideológicas” (Crivaro, 2018: pp. 98)


Otro de los grandes ejes que atraviesa este trabajo es el de los debates estratégicos. Allí Crivaro ofrece una lectura crítica de las principales estrategias de los actores y organizaciones políticas protagonistas de los hechos, debate importante en la medida de que “el resultado del Villazo escribió, en parte, los contornos de los tiempos que acontecen desde el crítico 1974 al abiertamente convulsivo 1975”(Crivaro, 2018: pp. 85).

Es uno de los aportes más ricos que Crivaro realiza a esta relectura de los hechos. Se analizan las discusiones en torno al significado del plenario realizado en Riveras del Paraná que nucleó a lo más graneado de la vanguardia obrera que enfrentaba al Pacto Social y la burocracia sindical, pero que, sostiene, careció de una perspectiva para darle continuidad en una coyuntura marcada por el Navarrazo y por el accionar creciente del matonaje de la derecha peronista y sindical. Existe un capítulo dedicado al debate en torno a los límites del sindicalismo como estrategia y las implicancias de la separación entre lo político y lo sindical, a pesar de que muchos de los dirigentes involucrados militaban orgánicamente o tenían lazos con organizaciones de la izquierda. El libro se dedica también a analizar críticamente las estrategias de las organizaciones involucradas en los principales hechos, ya sean en su vertiente peronista con el caso de Montoneros y la Juventud Trabajadora Peronista, que no estaba dispuesta a romper lanzas con la burocracia sindical peronista, o el PRT que no colocó a esta experiencia bisagra en el centro de su estrategia política. También se dedica a analizar las estrategias del Partido Socialista de los Trabajadores que tuvo un rol destacado en todo el proceso, interviniendo orgánicamente en el Comité de Lucha y organizando la solidaridad con Villa, pero que llegó con pocas fuerzas a los momentos culmines de los hechos.


Por último, el libro cuenta con un apéndice que rescata el testimonio de tres protagonistas de la época. Tres testimonios militantes representativos de algunos de los actores involucrados, el de Chiche Hernández que participó como uno de los tantos hijos de los trabajadores metalúrgicos, el de Titín Moreira, militante del PST en aquel entonces de Rosario, y el de Pacho Juárez que formó parte del Comité de Lucha cuando la represión descabezó la dirección en el segundo Villazo. Allí se ofrece una lectura en primera persona que complementa algunas de las conclusiones a la que arriba el autor.


El libro viene así a ser un aporte que vuelve a un tema central de la historia de la clase trabajadora de la región. Pero también es un aporte para pensar qué lecciones políticas y estratégicas de la historia de la clase en tiempos que se avizoran de mayores ataques y crisis, y seguramente también de lucha de clases.  




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